Frgramento del epílogo "Mi pequeño mundo porno". Editorial El Cuervo, Bolivia, 2011.

Según una página web cristiana, cerca de ciento cincuenta mil habitantes (contando sólo los de mi país natal) se están masturbando en este preciso momento, lo que genera una baja de la productividad de 3.200 millones de pesos al mes. Sin embargo, eso no nos convierte en la ovejita negra del mundo, alrededor del globo millones y millones de personas le hacen perder dinero a sus gobiernos por deleitarse en esta práctica tan personal que data del principio de los tiempos; para ejercerla, claro, nunca fue condición sine qua non la pornografía, pero hay que decir que ésta supo poner su granito de arena.

En el principio no había sexo. Sólo unas cuantas células solitarias y deprimidas (o tal vez no), que pululaban por la tierra sin rumbo y que comían helado de frutilla al agua los domingos por la tarde. En esas épocas los organismos se reproducían clonándose a sí mismos, como si la diversión nada tuviera que ver con la perpetuación de la especie. Después, a medida que avanzó el tiempo, las células que practicaban la reproducción sexual (llamémoslas “células pícaras”) se dieron cuenta de que se adaptaban mucho mejor a los cambios ecológicos, ya que la unión de ambas aprovechaba la fusión del material genético. Así fue como aparecieron Adán y Eva.

Adán y Eva, como señalan las escrituras, fueron colocados en el Jardín del Edén, conocido también como “El Paraíso”. Para probar su fidelidad vino todo ese rollo con la manzana, y para hacer una larga historia corta, Dios, enfurecido, declaró: "parirás a tus hijos con sufrimiento", y los desterró de aquel jardín para siempre. La valerosa Eva (mujer esbelta de taparrabo a la moda) parió en aquel tiempo a Caín, Abel, Set y a unos cuantos vástagos más de los que no tenemos idea. Pero lo que sí sabemos es que Adán murió a los 930 años de edad, razón por la cual la pareja tuvo tiempo de procrear por lo menos un ejército completo de hijos. Ejército del que, si querés, provenimos vos y yo.

Vi mi primera película pornográfica (si queda fuera de categoría Cuerpos ardientes de Lawrense Kasdan, con William Hurt y Kathleen Turner) cuando tenía cerca de catorce años, edad obsoleta a la vista de los iniciados por la Internet. Era una película finlandesa que tenía como escenario una granja llena de animales en donde repetían una y otra vez la palabra “letekakerr”, que hasta el día de hoy no tengo idea de lo que quiere decir. Después, en un flashforward de privacidad, llegamos a mis veinte, momento en el cual me contratan de UOL, la punto com más poderosa del momento, para trabajar en su sección Uolsex escribiendo una reseña de libro erótico, un cuento del mismo género, y una reseña de película pornográfica por semana. Así comienza mi carrera profesional en el rubro.

Todos los lunes, a las diez de la mañana, con mate, cigarrillos y el volumen en mínimo para que los vecinos no me imaginen en medio de una orgía matutina o piensen que gusto de gritar en inglés durante el acto, me sentaba con mi anotador y me pasaba horas poniendo pausa, rebobinando, pero sobre todo pensando cómo podía traducir aquellas imágenes a texto. Admito que llegué a escribir todo tipo de disparates, pero nada se comparaba con el momento en el que en alguna reunión de amigos me preguntaban de qué trabajaba. En el área de los libros, mientras tanto, pude elegir a Bataille, Cocteau, Musset, Sade, Almodóvar, Vargas Llosa, y a muchísimos autores “eróticos” contemporáneos, junto con los clásicos manuales antiguos. Debo confesar que entre los relatos y las reseñas navegué el universo del porno asalariado por varios años.

No está de más decir que, a estas alturas, hay tantas definiciones como personas para la diferenciación de la categoría erótica de la pornográfica, y, cansada de esta pregunta, estaría dispuesta a responder casi cualquier cosa, así que acá cito algunas (las que uso más seguido): “Todo lo que uno lee con una mano es pornográfico”, “La pornografía recorta, el erotismo nos deja ver el encuadre completo” o, si prefieren: “El porno es una revista de chismes, el erotismo una para adultos”.

Pasa el tiempo y, de un día para otro, las punto com decaen y después de rechazar una oferta como “la mirada femenina de Uolsex” termino fuera del circuito. Deprimida por el desempleo, o tal vez sólo experimentando la abstinencia de mi rutina porno, recibo el llamado de una amiga que estaba trabajando para una sex line. Había que escribir los textos, grabarlos en estudio y entregarlos a un par de abogados muy dudosos que manejaban una línea telefónica de, cito, “alto voltaje”. Mi amiga había inventado unas líneas muy ingeniosas que decían algo así como: “Lola te enseña todo lo que hay que hacer para dar y recibir placer por demás… En el arte de la boca…” imagínense el resto. Yo, por mi parte, escribí de todo un poco, llegué a grabar un par de CDs completos, los entregué, cobré, y al poco tiempo el teléfono de los abogados se desconectó para siempre.

Otro flashforward de privacidad y aparezco de nuevo en vereda.

Después de escribir a pedido de una gran editorial un sumario de título Siempre me engancho con hombres casados, que al final fue cajoneado en pleno 2001, una editora muy inteligente, de nombre Marta Merkin, me instó a que escribiera lo que me viniera en gana. De allí nacieron dos cosas: por un lado, mi primera novela, Lulúpe María T, y por el otro la primera columna de Séxodo titulada “El estigma de Noé”, en donde le daba la lata al susodicho por su rígida voluntad en el tema de los pares.
Séxodo fue tomada primero por Luciano “Lucho” Piazza y su página académica de la UBA, Flatusvocis; de ahí pasó a Ragnatella Magazine, una publicación italiana; de ahí a la literaria El Interpretador, de Juan Diego Incardona; a Agasex en España; a la revista argentina Gabo; a la de diseño Suite y a donde ella quiso. Mientras tanto, mi casilla de correo se engrosaba con mails de lectores llenos de preguntas, buenos augurios y, sobre todo, ganas de meterse en el universo que presentaban las columnas: las “extrañas” conductas de los seres sexuales alrededor del mundo, una infinidad de constelaciones que todavía no terminé de explorar.

Entre ellos destaco, por ejemplo, una noche en el afamado Golden haciendo entrevistas a los strippers tras bambalinas para una página de sexo, que resultó ser un completo fraude y cuyo dueño se escapó sin pagarme un centavo. Eso sí, la noche me abrió la puerta a un mundo de tangas traídas de Miami por ancianas millonarias, anillos de pene, el término “preparación previa”, y a un montón de disfraces infantiles que ya jamás podré ver con inocencia. Recuerdo también con cariño una noche de lucha en el lodo, en la que una bailarina del rubro me llevó a un lugar secreto, dirigido por un ex barra brava, y en el que vi cosas que no había imaginado ni en sueños. El dueño en persona me ofreció hacer realidad cualquiera de mis fantasías (la lista es realmente irreproducible, y no lo incluía a él sino a una extensa variedad de prácticas novedosas y estereotipos), pero por suerte pude oler que era una prueba y contesté con un escueto “ya lo hice absolutamente todo, ¿me podrías convidar un vaso de coca cola?”. Y por último (y esta es sólo una selección casi azarosa) la primera noche en la que entré en un boliche gay. Tendría unos dieciséis años, estaba de la mano de una amiga y ninguna de las dos tenía ni idea de qué se trataba aquel lugar. Cuando quisimos entrar, asumieron que éramos pareja y nos dieron libre acceso luego de articular un escueto “el precio de la entrada incluye show”. Muy contentas por haber localizado una discoteca con entretenimiento extra en plenos años noventa, nos sentamos a esperar. La luz se apagó y entre la penumbra una voz notablemente afectada articuló “Felipe y Simón, una historia de amor”. Lo que siguió fue un espectáculo de dudosa categoría que cerró con Simón saltando sobre cada una de las mesas y ofreciendo su “superpoder” a la boca de cualquiera que estuviera interesado.

Con el tiempo pude comprender que ese local no era más que un escenario común en nuestra maravillosa ciudad de Buenos Aires, y hasta podría asegurar que era de lo más soft core que había. El recinto cerró, pero siempre tendrá un lugar especial en mis recuerdos por haber sido el que me hizo llegar a la conclusión de que si para la comunidad gay había este tipo de lugares, para el resto debía de haber, en algún sitio de la capital o sus alrededores, algún precioso antro similar… y por suerte tuve razón. Para cada uno hay un pequeño mundo porno a la vuelta de la esquina, solo hay que salir de la cama y encontrarlo.

La Figurita Fácil

Se puede corroborar que en todo grupo de amigos hay alguna chica y chico que puede considerarse la figurita fácil. Por figurita fácil no me refiero a que estén al alcance de cualquier mano, sino a aquella persona que no importa cuántos kilos gane, pelos pierda, años envejezca, cortes ridículos se haga, músculos de más desarrolle, mal se vista, arruinada por la noche anterior esté o incluso fuera de lugar se vea, siempre podés contar con que a tus amigos les va a atraer de forma instantánea... y se la van a querer llevar a la cama.

Esto, que parece tan trivial, simplifica cumpleaños, casamientos, bautismos, viajes a las quintas, despedidas, fiestas de fin de año laborales, y toda clase de eventos a los que algunos allegados tengan cierta resistencia. Cuando una a viva voz dispara el: “Te aseguro que mi amiga/o X te va a encantar, no te podés perder este acontecimiento por nada en el mundo”.

Admito ahora que yo misma lo he constatado empíricamente durante ya casi diez años, y siempre tuvo éxito. Vale aclarar de nuevo que con esto no quiero decir que mi amiga o mi amigo se vaya siempre a la cama con los cortejantes, sino que los individuos sucumben una y otra vez ante el poder irrefutable del atractivo de mis camaradas.

Entonces, un buen día, lo abrí a discusión. Preguntándole a la gente cercana si contaban en sus grupos con estos seres imprescindibles. Sin embargo, para mi enorme sorpresa, jamás se les había ocurrido pensarlo de esa manera.

La reacción inicial fue en todos la misma, la de poner una condición por la cual “eso es imposible”. Límites del estilo: “si está muy pero muy gorda/o no se si le doy” o “si ya perdió parte del pelo y se peina para el costado no creo que pueda obviarlo”, o el típico “en el momento en que se le caiga todo pierde mi voto”, etc., etc. Mientras tanto, yo repetía una y otra vez, “tienen que pensar en alguien que ni el tiempo, ni el clima, ni el cambio afecte su sex appeal”... porque esa es la base de toda esta cuestión: hay gente que es sexy a pesar de todo. Existe, camina entre nosotros y no podemos evitarla, ni desterrarla (como propusieron algunos que ya se sabían fuera de la categoría).

Después, sistemáticamente, se desató la segunda fase; una fundada en los celos y la duda. Algo así como “¿soy yo una de esas personas?”, “porque si no soy yo, es obvio que no existen”.... A todos los que estén atravesando este breve período les aseguro que cada uno sabe si pertenece o no a ese grupo selectísimo, tanto como si se lo propone, puede identificar a los especímenes sobre los que estamos hablando. Vienen en todos los colores, tamaños, texturas, edades, extractos sociales, y no hace falta que cumplan con ninguna de las estereotipadas premisas de la lista de “gente atractiva”. A veces son sexy-ugly, otras funny-ugly, otras sexy-sexy, en fin, o sos o no sos, vos lo sabés y tus amigos lo saben, final de la cuestión.

Tiempo después de proponer el debate recibí algunas respuestas. Conclusiones que habían salido a la luz luego de pláticas tal vez demasiado acaloradas. Ahora puedo afirmar que en cada uno de estos grupos hay por lo menos una mujer y un hombre que han logrado el extraordinario estatus de “deseado por todos”... ¿O van a decir que no les gustaría recibir esa estatuilla?

Propongo, entonces, que cuenten cuáles son las figuritas fáciles de sus grupos, los siempre presentables, siempre atinados, siempre anhelados... Bah, los que siempre hacen que (en el fondo) nadie quiera perderse sus cumpleaños...

SOY PORNO

Una completa y veraz relación del horrendo fuego que se desencadenó en los pantalones del Papa, es probablemente el título más excéntrico de la literatura pornográfica de todos los tiempos. Escrita en 1713, esta obra no es la única que ostenta un nombre memorable. En los siglos XVII y XVIII se pusieron de moda los encabezamientos compuestos, entre ellos: De cómo descubrió recientemente el jardinero de un caballero una virginidad embrollada (digna construcción de Les Luthiers); La dulce adolescente: verdadera historia de la tremenda paliza a una hija y sus deliciosas aunque terribles consecuencias; y la obra oriental El océano de las iniquidades de monjes y monjas, uno que al cruzarlo enfría los pies de manera atonal (aunque todavía se debate si es exacto o no). Junto con estos libros hubo otros con nomenclaturas tal vez no tan notables, pero no por eso menos marketineras, como por ejemplo: La pequeña cueva de Merlín, Los secretos de la monja negra, Callejeo de medianoche, El turco libidinoso, Los placeres de un bastón y otros tantos que hoy podrían adornar los anaqueles de los ya fallecidos Blockbuster o simplemente los portales virtuales de descarga de películas pornográficas que no anunciaré aquí para no recibir cheques desde el extranjero (¿o debería?).

Sin embargo, la pornografía no nació con la literatura. Originalmente la palabra significaba “escribir sobre las prostitutas”, pero hoy lo “pornográfico” se utiliza para describir todo aquello que produce excitación sexual. Éste término es tan amplio e inabarcable, que hace que casi cualquier cosa pueda pertenecer al grupo, por ende pareciera más interesante rastrear sus orígenes y luego, caprichosamente, elegir una fecha para catalogar al mundo de porno y punto.

En la antigua Roma, aunque la pornografía estaba muy difundida, se circunscribía más que nada a las clases privilegiadas. En muchas casas las paredes estaban adornadas con frisos sensuales que exponían escenas orgiásticas; pero eran pocos los romanos que podían costear verdaderos frescos para decorar por completo sus moradas con retratos que hoy tu mamá te cubriría con pintura al primer vistazo. Para imaginarlos, hay que tener en cuenta que al lado de ellos, el famoso poster ochentoso de la tenista de espaldas (el que no lo recuerde o lo conozca, que por favor lo googlée de inmediato), es como una foto familiar en un álbum que descansa sobre la mesa del living para que ojeen los invitados. Los frescos manifestaban todo tipo de actividades sexuales explicitas y múltiples, con algunas posturas que aún se están intentando copiar en el “Instituto Alemán de mejoramiento del Kama Sutra, lugar que lamentablemente hasta hoy no he podido visitar (tal vez por eso debería nombrar los portales explícitos y esperar esos cheques en euros). “En los burdeles de Pompeya, las imágenes estaban pintadas en el exterior, a modo de reclamo y anuncio de lo que se ofrecía dentro; en las calles, a su vez, unos falos dibujados indicaban dónde encontrar la siguiente casa de mala nota”.

La semi democratización pornográfica vino recién en el siglo XVI con la invención de la imprenta en Europa. Sin embargo tuvo que esperar dos siglos más para poder alcanzar al hombre común, ya que en un principio era casi imposible crear imágenes detalladas utilizando planchas de madera. Según “Una breve historia de la pornografía”, en el siglo XVI la obra más famosa del género era los Sonetos lujuriosos de Pietro Aretino, ilustrados por Giulio Romano, que celebraban 16 posturas sexuales. Cuenta la historia que los dibujos fueron encargados por el mismísimo Papa León X, y que el libro tuvo tanto éxito que luego de peripecias de todo orden llegó a Francia adonde se agregaron 20 posturas más. Finalmente, en 1674 desembarcó en Oxford, lugar en el que los estudiantes de All Souls iniciaron su impresión en serie.

De allí en adelante la mayor parte del material del rubro pasó a ser literatura erótica, hasta la aparición de las ilustraciones coloreadas y de las revistas. Una de las más famosas fue la inglesa The Pearl, publicación de lecturas picarescas y voluptuosas. Una entrega mensual que entretuvo a lectores desde 1879 hasta 1886. Sin embargo, la verdadera democratización pornográfica tuvo que esperar a la aparición de la fotografía, que desató el estallido de las postales obscenas: baratas de conseguir, fáciles de esconder, y difíciles de olvidar. (¿En que película de época no encontramos a un adolescente con una caja de éstas tarjetas bajo su cama?)

Y entonces apareció el “mutoscopio”, conocido simpáticamente como “la “máquina de lo que vio el mayordomo”. Este aparato comprendía un tambor con 850 fotos que giraban alrededor de una bujía. Entre los títulos más divulgados estaban Cómo se desnuda la chica, La muchacha que trepa el manzano y Bridget desnuda sirve la ensalada. Unos años después, con el desarrollo de las películas, muchos clásicos del mutoscopio se convirtieron en los primeros filmes pornográficos.

Después de la Primera Guerra Mundial aparecieron libritos de pésima calidad que imitaban las publicaciones que tenían los franceses. A lo largo de la Segunda Guerra Mundial, las pin-up se exhibieron desnudas en las revistas conocidas como de “tetas y culos” y de allí en adelante, con la aparición de Playboy y su inolvidable número de Marilyn Monroe en 1953, todo ya es historia más o menos conocida... hasta tal vez el año 2010 en dónde apareció la primera revista pornográfica para ciegos. La publicación Tactile Minds cuesta 170 euros y fue inventada por una canadiense de nombre Lisa Murphy. Entre las 17 imágenes esculpidas, se encuentra la de una mujer con los pechos perfectos y la de un hombre denominado robot del amor. (Playboy tiene una edición en braille, pero las fotos no están en relieve por lo cual los no videntes nunca habían tenido la posibilidad de disfrutar del paquete entero).

Tal vez la verdadera democracia visual porno nos haya alcanzado recién hace un año, ¿pero quién la circunscribió sólo a lo visual? Desde los teléfonos 0800 hasta el espacio virtual, pasando por todo lo que te “produzca excitación sexual” la verdad es que hace tiempo y a lo lejos que habitamos un mundo porno... fuera de que te guste o no.

El Dealbreaker

Para los fanáticos de la serie 30 Rock el concepto de dealbreaker no es del todo desconocido. Ya sea en un sketch, libro, o un reality show, Tina Fey en su papel de Lemon aplica dealbreaker a todas las cosas que ameriten descartar a tu pareja o pretendiente. Sin embargo, a diferencia del uso que le da Liz Lemon, la propuesta de esta columna es que puede haber un único dealbreaker, y este será exclusivamente aplicable al compañero para el acto sexual.

En mi investigación, que abarcó 35 personas de entre 18 y 47 años, no hubo ni una respuesta igual a la otra. Se ve que cuando te dan una solitaria posibilidad para decirle que NO al sexo, uno se pone verdaderamente quisquilloso y muy pero muy individualista.

Algunas de las afirmaciones más contundentes fueron:
1- “Pelos en las tetas, pero de esos que parecen alambre”.
2- “No tener afinidad con su olor corporal, eso directamente me hace salir de la cama, no importa que tenga que salir eyectada de mi propia casa”.
3- “Que sea bizco. No tolero no darme cuenta si me mira la teta derecha o la izquierda”.
4- “Que le falte un miembro, y ni hablar de si es ESE miembro. Esto me pasó una vez, es por eso que lo traigo a colación.”
5- “Las estrías groseras, pero no las líneas, sino esos surcos en donde podés poner un cucharón de helado”.
6- “El pelaje en el lugar que usualmente se utiliza para sodomizar, y lo digo así para que no me tildes de grosero”.
7- “Que use la frase: ¡te voy a romper en cuatro! En pleno acto sexual, ¿Que c..... quiere decir eso? ¿Alguna vez te rompieron en cuatro?”.
8- “Que pese más que yo”.
9- “Que la tenga lo suficientemente chica para decirle mini salchichita de Viena, o lo suficientemente grande para decirle prefiero un burro...”
10- “Que se la haya perfumado”
11- “Que se limpie la baba de los besos en mi pelo”
12- “Que haya estado con menos de 30 personas o con más de 35” (¿?).
13- “Que tenga aliento a lobby de hospital”.
14- “Que le guste afeitarme antes de que arranquemos”.
15- “Que quiera rebautizar mi pene, cuando debería estar claro para todos, que los hombres los nombramos solitos”.
16- “Que me pida que le pase mi teléfono de antemano”.
17- “Que trate de ocultar que está indispuesta con la famosa frase: son las últimas gotitas te lo juro.”
...Y 17 dealbreakers más.

En la Argentina de los 80 se afirmaba que no había razón, suficientemente importante, para no tener sexo. Y las frases que más circulaban por la noche local (dichas a la vez por hombres y mujeres) eran “mejor coger que no coger” o “un polvo no se le niega a nadie”... Tal vez no eran las oraciones más inspiradas del mundo pero esa filosofía fiestera hacía de la suaré porteña una sin restricciones de peso, pelos, olores, y algunas que me guardé como pupos salidos para afuera; uñas largas de los pies; pitos demasiado al este o al oeste, con forma de gancho o con huevos muy grandes, tetas triangulares, que toquen la propia panza o con pezón de hamburguesa; etc, etc.

Hoy, las frases que circulan son “mejor un buen polvo que sólo sacarse la leche”, “Prefiero esperar, que hacerlo por falta de uso”, “Hay que hacerse rogar para que te tomen en serio” (¿esta ya parece de la década de los 50, no?) y mi preferida: “Si me acuesto sin ganas, me levanto corriendo”. Pero ojo, no es lo mismo ser indiscriminados con respecto a nuestro acompañante sexual que tener un límite físico, verbal o mental que convierta la potencialidad del encuentro en un dealbreaker... y de esto se trata esta columna.

Alguno argumentará que para saber cuál es su límite antes tiene que experimentarlo, y claro, no siempre se sabe de antemano que odiás que “el corpiño y la bombacha no combinen” o que “pretenda que repita todo el tiempo así me gusta, así me gusta”. Supongo que esa fue una de las razones por las que se acuñó la frase “hay que probar todo al menos una vez”.

Para mí, lo más interesante del cuestionario fue encontrarme con que ninguno de los 35 entrevistados nombró alguna enfermedad de transmisión sexual como su razón para decir que no; se ve que las campañas de prevención tuvieron su efecto. Pero, más allá de ese tema, y volviendo a las respuestas personales: ¿Cuál es tu dealbreaker?
Y, por pura curiosidad, y sólo para los fanáticos y fanáticas de la serie que introdujo el tema ¿sos una Jenna o una Lemon?

BLACKOUT

Anoche, en la despedida de una amiga que no se va a vivir afuera, la charla giró alrededor de un tema espinoso. ¿En el caso de sufrir un verdadero blackout de alcohol u otra substancia y mantener algún tipo de relación sexual con terceros (estando uno en una pareja estable), se considera o no infidelidad?...

A la mañana siguiente de mi fiesta de cumpleaños número 18, allá a lo lejos y hace tiempo, me desperté con llamados de diversos amigos y amigas felicitándome porque finalmente había “estado” con el chico que me gustaba. “Cómo gritaban” me decían todos, “se ve que la pasaron bárbaro”. Yo no sólo no recordaba detalles de aquél evento sino que no recordaba la mitad de la fiesta, que por cierto para esas épocas había sido bastante alocada. Gente de a tres o cuatro en la bañadera pequeña de mi cuarto, gente tiñéndose el pelo de colores con tintura permanente, gente en la pileta con botellas de todos colores, con ropa, sin ropa, en los cuartos, en los baños y haciendo todo tipo de piruetas. En conclusión, me levanté a la mañana con un pilón de ropa de hombre y mujer, y la mitad de mi guardarropas en falta: la muchedumbre de amigos y conocidos había dejado su atuendo de guerra y se había vestido con “ropa libre de pecado”.

Miré los estantes vacios en donde alguna vez habían descansado mis jeans y remeras, y sonreí, pero no pasó lo mismo cuando miré mi colección de CDs: faltaba más de uno… y no creo que nadie se haya ido a su casa vestido con un CD limpio. En fin, todo esto es para describir la magnitud de la debacle fiestera, pero, volviendo al tema en cuestión, después de los maravillosos relatos sobre mi noche fogosa en el baño (a puerta cerrada) me quedé con la única opción, la última opción de una dama, la de llamar por teléfono al chico en cuestión para preguntarle sin rodeos: ¿lo hicimos?

La respuesta de mi amigo fue que no, que por cierto algo había sucedido pero que él jamás se aprovecharía de mí en aquél estado (“lamentable”, agregaría yo). En ese período no me encontraba involucrada en ninguna relación amorosa así que el tema de la infidelidad no surgió, sin embargo anoche, charlando con solteros y parejas, cada uno tenía su versión, no sólo acerca de si se sentiría traicionado o no, sino de lo que realmente había acontecido en aquella fiesta adolescente de la que ninguno de ellos fue parte. Como resultado de apuestas (imposibles de confirmar, aviso) la mayoría concluyó que aquella noche tuve sexo, y que mi amigo, borracho, pero no en estado de blackout, había sentido vergüenza de confesarlo. Fuera de si esto fue así o no, rápidamente el debate se encendió en torno a las parejas. ¿Puede uno ser responsable de sus actos cuando no recuerda nada, cuando no hubo intención y ni siquiera registro de placer o disgusto?

En las películas estadounidenses nos cansamos del mismo guión acerca de la chica que despierta un día de un coma (causado por algún accidente ridículo) amnésica y convertida en una página en blanco. Pronto nos enteramos de que ella solía ser horrible con su familia, una engreída, maltratadora, infiel, etc. Sin embargo ahora, llevada de nuevo a su casa (en algunas versiones choza, en otras mansión), se convierte en un ser humano entrañable, se enamora de su marido y deja atrás aquella vida de Cruella de Vil.

Es verdad también, que en algunas versiones de ese mismo film, la pérdida de memoria resulta ser falsa y con eso se desmorona la posibilidad de evaluar este tema del blackout de manera verdaderamente científica (malditas esas versiones para TV). Pero, hagamos eso a un lado en nuestro debate, y demos por sentado, al menos por hoy, que la gente no miente. (Ruego logren la abstracción seguidores de Dr. House).

Entonces, uno/a vuelve a su hogar luego de una noche de ingesta bruta y se levanta a la mañana siguiente sintiéndose sólo nauseabundo/a y adolorido/a para luego leer en un mensaje de texto, twitter, mail o Facebook que fulanita o fulanito le agradece por la noche de placer. Ahí aparece la figura del blackout (definido en general como “apagón eléctrico”), con imágenes fugaces y borrosas de cosas absurdas, y largas lagunas negras que la acompañan.

Primero, como aquella mañana cuando tenía 18, aparece la risa, la posibilidad de que todo sea una broma de los amigos o del fulano. Después el chequeo físico: ¿siento algo que indique que mantuve relaciones sexuales? En tercer lugar la desesperación: ¿por qué razón mentirían mis amigos o el susodicho?; y por último la aceptación de que la cosa sucedió (o no, como en mi caso en donde le sigo creyendo a la persona que estaba puertas adentro conmigo). Ahora, si estás en pareja, ¿es o no es infidelidad?

Tomando como analogía los casos criminales en donde se juzga el grado de homicidio teniendo en cuenta de si hubo o no intención (“propósito o voluntad de hacer algo”), algunos podrían inclinarse a decir que hubo un quebrantamiento no deliberado del pacto de pareja y entonces… ¿Prisión? ¿Libertad condicional? ¿Absolución? Que cada uno decida y me avise. Voy a agregar los resultados de esta encuesta una vez que se expida el jurado. Ahora, a deliberar.

GAY FOR A DAY


Ni monja, ni fraile, ni estudiante de internado, ni miembro de la marina, ni romano, ni griego, el 7 de noviembre del año pasado fui gay, y además me abrí la camisa, me saqué el corpiño y me pinte: “Familia para todos”… y al menos acá, en Buenos Aires, casi funcionó… 

Admito que esta parece una columna de una chica a punto de cumplir sus veinte, y no la de alguien que hace más de una década que se la pasa “noche ambulando”. Sin embargo, es verdad que cada nuevo año en el día de la Marcha tengo compromisos ineludibles: mi mejor amiga finalmente decide separarse y viene a instalarse en casa sin ningún ánimo de fiesta, me agarra una neumonitis que después dura seis meses enteros, hago un intento con tintura de color azul y se me cae todo el pelo (TODO EL PELO), muere un pariente lejano (que está en otro país, pero se hace la ceremonia on line ¿?), me llaman amenazándome de muerte (no es joda) y otros reveses verdaderamente inevitables.

Una semana antes de la marcha del 2009, me desperté esperando una fatalidad, pero no, no pasó nada. Las palomas ensuciaron la vereda, el teléfono no sonó ni una sola vez, la nota que tenía que entregar el lunes estaba terminada, mi pelo intacto, y mi salud perfecta, verdaderamente perfecta, casi como burlándose de todos los que vivían en el hemisferio Norte y estaban, no olvidemos, atravesando el pánico de la gripe A.

Llamé a mis tres amigas que están en pareja con mujeres y las exhorté a la edición número dieciocho de la Marcha del Orgullo Gay Lésbico Trans Bisexual… pero recibí tres respuestas desalentadoras: 

-“Si fuera el gay pride de Australia, pero el de acá es un bajón…” (Aunque aclaro, ella nunca fue a ninguna de las dos).
-“Ya tenemos entradas para ver This is it (sí, era esa época en la que todos decían “HAY que verla en el cine”), empieza a las 20:20 en el Village Cinema; y no, no se pueden cambiar, las sacamos por internet”.
-“Está lleno de cámaras”.

Entonces partí sola. Cuando estaba a tres cuadras de Plaza de Mayo me deleité con cantitos pegadizos “hay maricones en estos balcones; en estas ventanas, hay lesbianas”, mientras esperaba encontrarme con mi amigo, ese que todos los años se acuerda de avisarme con una semana de anticipación, pero justo este… se olvidó por completo. Los celulares, endemoniados por los sonidos de las carrozas, transmitían un popurrí de música y hacían que encontrarse fuera una verdadera odisea, pero sorteando obstáculos, hombres engalanados en purpurina, disfraces extraordinarios, mujeres y nuevas mujeres sin remera, y chupones desenfadados que le darían envidia a cualquiera (incluyéndome, por supuesto), llegué hasta una de las fuentes de la Plaza, nuestro punto de reunión y locación extraordinaria. Desde allí partían las veinte carrozas, mezcla de colectivos políticos y discotecas sobre ruedas que marcharon bajo la bandera del arco iris hasta el Congreso. 

En cada cuadra disminuía el paso al llegar a la esquina, y espiaba las calles que cortaban la Avenida, viendo fotograma a fotograma una especie de película alternativa a la que estábamos protagonizando: y sí, había gente que lograba pasarla incluso mejor en aquellos callejones oscuros, pero eso lo dejo a la imaginación…no creo que deba arruinárselos para la próxima.
Esta marcha se realizó durante la Semana del Orgullo 2009, que coincidió con el tratamiento legislativo del proyecto para modificar el Código Civil en pos de que se permitieran los casamientos entre dos personas, sin condicionamientos de sexo. Los fiesteros manifestantes, además, pidieron por el derecho a la identidad de género, y la derogación de los códigos de faltas provinciales que criminalizan a la homosexualidad (término utilizado por primera vez por el investigador húngaro Bonkert en 1869). Y así continuó el bailongo…

Durante once cuadras, nos sacudimos entre todo de tipo camiones con DJ´s o músicos en vivo que nos hicieron saltar y mover la cadera, mientras la avenida estallaba de gente. Estaba por ejemplo la “Policía de Córdoba” con trajes diminutos que marchaba adelante del desfile “en cumplimiento de la ley”; las “Fantastic Cake”, que contrataron el trencito de la alegría (admito que lo detesto, pero en el contexto parecía una locomotora inglesa llevando sangre nueva a un poblado arruinado); la escuela de percusión Tumba Lata, que arrastraba a la mayoría de los participantes con su percusión y sus poderosos vientos que sonaban desde arriba del vehículo en movimiento; la agrupación de Los Osos, siempre enormes, hermosos, peludos y orgullosos; las tres gigantescas Risitos de Oro; la geisha corpulenta; el ángel en auto; la hippie sin remera y empapada de body painting; los Sados con sus masoquistas; La Novia; las madres con sus cochecitos cargados de bebés; y hasta el mismísimo Waldo (o Wally) con su remera blanca y roja y su gorro característico. Una vez que encontré a Waldo consideré que, al menos para mí, la marcha había terminado… 

De cualquier manera, impulsada por las ansias de llegar al famoso beso colectivo, me quedé en la plaza escuchando música, discursos, y abucheos políticos, pero sobre todo deleitándome con los abrazos y las manos entrelazadas que cubrían al congreso de un hermoso color local, y que al menos, por algunas horas, le dio a la ciudad de Buenos Aires un verdadero aire de paz y amor.
Hoy, 4 de noviembre del 2010, se puede afirmar lo siguiente: La ley 26.618 del Código Civil dice que el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o diferente sexo. Razón por la cual los casamientos entre hombre/hombre, y mujer/mujer ya son un hecho. La ley de identidad de género es una por la que aún se está peleando (siguen apareciendo titulares tales como “ Reclamo de una trans porque la obligan a cambiar de fisionomía… Para el DNI venite de nene”); y la derogación de los códigos de faltas provinciales, que criminalizan a la homosexualidad, todavía no ha podido ser completada. Este año, la decimonovena marcha del orgullo LGBT convoca para la Ley de Identidad de Género y para celebrar la Ley de la Igualdad.

Por mi parte soñé con el evento toda la semana, que pasó relativamente tranquila: no me agarré la conjuntivitis infecciosa que anda dando vueltas, no se cayó la pared del baño pese a la voluntad de obra de los vecinos, mi libro nuevo llegó sano y salvo a imprenta, y mi higiene personal no se vio afectada por la falta de agua corriente (no entro en detalles). Pero eso sí: hoy, a la una del mediodía, sonó mi celular (con música de cuna) avisándome que era hora de vestirme, tomarme otro café, agarrar el auto y partir para la Clínica Anchorena, mi hermana (por elección), con la que hice todo el curso de pre parto, está a punto de tener a su primer bebé… 

Es desde mi netbook, en el piso más pulcro y lleno de Lysoform que vi en mi vida, que escribo estas últimas líneas, preguntándome si hoy, en algún momento, tendré la suerte de festejar al recién nacido persiguiendo alguna carroza, o si verdaderamente el destino quiso que sólo fuera gay por un día…

© Tatiana Goransky

¿EN EL PRINCIPIO ESTABA EL VIBRO?

En el antiguo Egipto se creía que el dios Osiris había creado todas las cosas vivientes a través de un acto masturbatorio, razón por la cual la masturbación en público no sólo era muy bien vista, sino que también formaba parte de diversas ceremonias religiosas, que incluían, ni más ni menos, la coronación del mismísimo faraón.

Porla, Paja, pajote, gayola, gallarda, machacársela, cascársela, manola, manuela, manual, macoqui, manotazo, parpichuela, puñeta, golpe de puño, malabarismo, macaca, palmera, paloma, cubana, autocontrol de la estaca, hacer llorar al calvo, tirar del pescuezo del pavo, sacar brillo al cohete, pelar la zanahoria, encerar al delfín, enjabonar la cuerda, jugar al billar de bolsillo, sacar a jugar a la víbora, frotársela, clitorear, orear la orquídea, tomarse cinco, saludar al rey, saludar a la reina, pedir tiempo de descuento, sacudir la tararira, agitar al mono, meneársela.

“El origen del vocablo masturbación es incierto. La voz podría derivar de una palabra compuesta por raíces griegas y latinas: µe?ea mezea, que significa “pene” y turba, "alteración", "perturbación", "excitación". Con lo que masturbación significaría "excitar el pene". Aunque también podría descender exclusivamente del latín: manus turbare (excitar con la mano) o manus stuprare (violar con la mano)”, o al menos algo parecido dice en más de una enciclopedia on line. Lo cierto es que desde el principio de los tiempos esta práctica, ya sea pública o privada, cuenta con la mayor cantidad de fieles del planeta.

En la antigua Grecia se la conocía como thrypis (frotamiento), mientras que los romanos la llamaban masturatus y aseguraban que había sido el invento de Hermes, mensajero de los dioses. En la India tuvo desde un comienzo una vinculación altamente religiosa, cuando Shiva fue masturbada por una deidad llamada Agni. La historia cuenta que de aquél semen nació Kartikeh, dios de la guerra… cosa, como mínimo, curiosa, que hasta el día de hoy es motivo de estudio por parte de un grupo de fanáticos que se autodenominan “Grupo por la investigación entre la relación de guerra y paja” o una traducción similar del slang británico. La cofradía tiene base en la ciudad de Londres, aunque el lugar de sus reuniones es secreto y los resultados de su investigación no han aparecido, aún, para evaluación pública.

Aunque muchas culturas propiciaron el placer solitario, es verdad que una igual cantidad tomaron la historia bíblica de Onán como prueba irrefutable de que Dios estaba en completo desacuerdo. En el Génesis Onán recibe el mandato de preñar a la mujer de su hermano pero, no sintiéndose a gusto con la idea, se las arregla para eyacular afuera de la mujer y así “derramar su semilla sobre la tierra”, lo que acarrea un castigo divino instantáneo. Otra de las razones esgrimidas por los detractores de la gran M es la creencia de que cada eyaculación está destinada a crear “un protoser humano que posee espíritu”. Esta teoría, formulada en los tiempos clásicos, persistió hasta el siglo XIX y dice, en resumen, que cada acto masturbatorio puede verse como un aborto en sí mismo. De este enorme grupo en contra, están también los que la consideran como la primordial causa de fatiga. Los taoístas chinos, por ejemplo, afirmaban que cada vez que un varón se autosatisfacía su energía yang menguaba. Pero, para hacerlo aún peor, hasta hace bastante poco muchos médicos le achacaban daños físicos y psíquicos que incluían: palmas de las manos velludas, babeo, cansancio, depresión, pérdida de la memoria, disminución de la agudeza visual y hasta locura, cosa que dificultaba la tarea a los pro M, que buscaban mirar para el otro lado, popularizar la razón de su alegría y dedicarse a la faena en cuestión.



Las caras de la disuasión
Fueron muchas las formas que tomó la cuadrilla anti M. Un entrenador de los antiguos Juegos Olímpicos, por ejemplo, obligó a los atletas que estaban bajo su guía estricta a usar una funda peneana para evitar erecciones. Mientras que durante la época victoriana muchos evitaban los alimentos picantes por considerarlos fuente afrodisíaca, y por ende razón casi segura de que los comensales correrían a su casa a cascársela sin ton ni son. Se decía también que los alimentos muy especiados “propiciaban comportamientos lúbricos y que la masturbación femenina se veía favorecida por el consumo de mostaza, especias y vinagre” y aquí viene una gran sorpresa para todos aquellos que alguna vez creyeron en la frase “Sacá el tigre que hay en vos, campeón”. El doctor Kellogg fue ni más ni menos que uno de los grandes precursores en medidas drásticas para la erradicación del “mal de la mano”. No sólo inventó los populares cereales sumamente suaves con la intención clara de combatir las otras comidas que podían traer “aquél conocido problema”, sino que también recomendó el anillo de plata que se utilizaba como cierre de prepucio y las infames gotas de fenol (utilizado actualmente en la industria química, farmacéutica y clínica como un potente fungicida, bactericida, antiséptico y desinfectante) en el clítoris de las muchachas que experimentaban deseos de autosatisfacerse. Imagen devastadora a la hora de pararse en la góndola para elegir cereales…

Durante el período eduardiano se idearon además “los anillos para dormir, provistos de púas para desalentar las erecciones; los timbres eléctricos que sonaban apenas se esbozaba una erección, y los cinturones de castidad que se usaron hasta la década de 1930”.



Solita, sola
Mangos de escoba, dedales, tubos de cristal, botellas de perfume y de vino, cepillos para el pelo, velas, pepinos, zanahorias, salchichas, bananas, y hasta batatas eran objetos comunes que se podían encontrar dentro de las mujeres antes de la llegada de la tecnología. Muchos médicos dejaron de horrorizarse y empezaron a llevar sus propios cuadernos de bitácora para luego compararlos con sus colegas en la búsqueda del objeto más extraño. Las apuestas eran bien vistas y hoy continúan siendo parte de los mitos urbanos que constituyen nuestras salas de emergencia.

Pero, incluso antes de los enchufes y las pilas, las mujeres siempre contaron con el chorro de la ducha y del videt, el frotamiento con la propia mano, el uso menos ingenuo de la almohada y los peluches, y el famoso procedimiento conocido como “cabalgar la costura” que consiste ni más ni menos que en ejercer presión sobre la vagina con las nalgas y frotar la vulva contra la costura de los jeans… una de otras tantas artes “sin manos” adquiridas luego de mucha práctica y error.



No me voy sin mi dildo
El uso de los famosos consoladores se remonta a tiempos prehistóricos. Con la ayuda de arqueólogos y suertudos, se ha podido confeccionar un mapa de objetos que van desde bastones de hueso o madera hasta artefactos de cuero, confeccionados por los mismos zapateros que calzaban los pies. Había también de marfil, o en forma de máscara japonesa provista de una gran nariz. Ya en la Europa renacentista los italianos se hicieron muy famosos por sus productos, lo que lleva a pensar que una de las posibles procedencias de la palabra dildo es diletto, que significa deleite.

Y así, luego de todo este recorrido por la historia de la autosatisfacción, llegamos al vibrador, aliado calladito que usualmente habita la mesita de luz, que siempre precisa que se esté al tanto de las pilas recargables, y que proviene de hace tiempo y a lo lejos. Tal vez todo comenzó con el famoso recipiente lleno de abejas que guardaba Cleopatra al lado de su cama, o con el osado acto de untarse la vagina con miel y llamar a una pequeña horda de moscas a fin de que los insectos con sus patitas produzcan el efecto deseado… pero lo que sí es seguro es que el vibrador moderno se inventó sencillamente como un implemento sanitario.

A finales del siglo XIX muchos médicos trataban a mujeres “histéricas”, “con pesadez pélvica”, o “lubricación excesiva” masajeando manualmente las partes íntimas de las susodichas hasta llevarlas al orgasmo (conocido entonces como el paroxismo histérico). Como accesorio de este método se utilizaban vibradores provistos de una bomba de vapor. Uno de los primeros fue bautizado el Manipulador, obtenía su energía del carbón y fue inventado por el doctor George Taylor en 1869. En 1883, Mortimer Granville ideó el primer modelo eléctrico y el resto fue historia… Décadas más tarde estos implementos podían adquirirse por correo y se publicitaban en revistas femeninas sin ningún pudor (incrédulos ver capítulo de Mad Men). Aunque la mayoría de los aparatos estaban destinados a un público femenino, también se diseñaron algunos para uso masculino, incluyendo modelos en forma de cinturón, que se decía ayudaban a estimular la circulación, y otros internos para dar masaje y “descargar” la próstata.

Los vibros sólo comenzaron a ser repudiados por los “buenos miembros de la sociedad” a partir de su aparición en la literatura erótica y en las películas del mismo género, hasta entonces, en todos los departamentos de lujo se escuchaba el zumbido de las abejas de Cleopatra.

Hoy, no hay más que entrar a un Sex Shop para marearse a la hora de seleccionar el más indicado. Las estadísticas dicen que una de cada cinco mujeres tiene al menos uno. Sin embargo, para los hombres y mujeres que no son chicheros, siempre estarán los lavarropas automáticos con programa de centrifugado, un viejo recurso que nunca dejará de estar en boga…



© Tatiana Goransky

LAS COSAS POR SU NOMBRE

“La Raja, La Grieta, La Chichi, La Argolla, La Anilla, La Libidinosa, La Menusha, La Primitiva, La Chata, La Suertuda, La Taciturna, La Glotona, La Húmeda, La Duelista, La Mordedora, El Pasillo, El Yoni, La Crestada, La Vasija, El Oasis, Las aguas termales, La Boquita, El Erizo, El Santo Grial, El Cáliz, La Exprimidora, La Batidora, La Regadera, La Campesina, La Ansiosa, La Infladora, La Inflamada, La Arrogante, La Dilatable, La Dilatada, La Araña, La Rosada, La Meca, La Baticueva, La Acomodadora, La Auxiliadora, La Amazona, La Codiciada, La Comestible, El Arco, El Aro, El Abismo, El Volcán, El Bebedero, El Bacalao, La Evasiva, La Deliciosa, La Suculenta, La Esponjosa, La Avispa, El pozo sin fondo, El pozo ciego, El Tajo, La Bilabial, El Coño, La Raja, El Chocho, El Conejo, La Almeja, El Higo, El Papo, El Pepe, El Potorro, El Bollo, La Castaña, La Seta, La Amapola, La Alcancía, La Cuca, La Cajeta, La Chucha, La Panocha, La Papaya, El Calcetín de Serpiente, La Foca Desdentada, La Trampa de Hombres, El Túnel del amor, La Sabrosa, La Sonrisa vertical, La Cara de Dios.”

Hay en Buenos Aires, al igual que en todas las capitales del mundo, un hombre que es famoso en el círculo femenino por ser el gran cunnilinguista. Esto que hemos visto en series norteamericanas, y que parecía un mito o una simple leyenda urbana, es en suelo porteño una atracción turística que ya cumplió más de diez años en actividad. La que lo probó lo quiso retener por siempre, y los que saben de él suelen invitarle tragos para poder escuchar algún sabio consejo o el relato de una noche a “lengua suelta”. Para encontrarlo, hombres y mujeres conocen su lista de bares preferidos, ya que además de ser bueno con la boca, es también bueno con el taco: Los 36 billares, La Academia, El Tortoni, Doctor Mazón y Jobs; nunca cambia de recorrido... como buena criatura de hábito. Se lo conoce simplemente por el nombre de Julián, y hace un par de días tuve la suerte de interceptarlo mientras salía del baño de un bar acompañado por una popular señorita del ámbito televisivo.

Según el gran experto, para realizar un innovador cunnilingus se puede utilizar un fizz, aquel inolvidable caramelo que solíamos disfrutar de chicos, y luego, “para después de una labor bien realizada”, recompensarse con un infaltable alkazelzer. “Lo demás es práctica, ritmo y algún que otro condimento personal, cómo en cualquier oficio...” me dijo mientras salía del bar acosado por su usual barra de seguidoras (se sabe que no disfruta hablando de esto con mujeres ya que opina que sus “beneficiarias” no deben conocer sus secretos). Su remera, que aceptó intercambiar por una botella del mejor whisky del lugar, tenía inscripta la lista de encantadores eufemismos que copié arriba, y que él dijo son lo primero que lee en la mañana, “para comenzar el día concentrándome en lo verdaderamente importante”. A su catálogo de cortos consejos (que se parecen más a una lista de compras) también agregó “un caramelo de menta (previamente humedecido), pastillas para la tos, una barrita de azúcar cande, miel y crema mentolada”, me pidió que no le saque fotos y me dijo que no se va a retirar hasta cumplir los sesenta, pero que de allí en adelante pretende dedicarse a enseñar. Quise indagar más pero arguyó que tenía “trabajo”. (Cabe aclarar que El Gran Maestro no cobra, sino que lo hace por pura diversión, y que nadie sabe cómo se mantiene económicamente, ya que al parecer le dedica el día entero a su arte).

Se dice del cunnilingus que es la exploración de la vagina (en latín cunnuns) con la lengua. Los pasos básicos a seguir para ser un buen lamedor (según libros versados en el asunto) son: utilizar la boca completa, manejar la lengua, concentrarse en el clítoris, entrar en ritmo, no innovar en caso de que lo que uno esté haciendo esté dando resultado, no detenerse alegando lengua fatigada, y jamás interrumpirse al comienzo de un orgasmo sino seguir hasta que la mujer en cuestión lo indique. Pero, aunque estos siete preceptos prometen ayudar a los tímidos a no congelarse en el escenario, en caso de necesitar verdadero consejo práctico y especializado, se recomienda buscar al ya mencionado “Don”, padrino de la mafia lenguera, hacedor de milagros, maestro indiscutido de la música bucal...

Fanático de otra corriente pero no por eso menos merecedor de nuestra atención, es el famoso héroe porno Ron Dick, que dice que para “lamer el tallo del loto con elegancia y eficiencia” hay al menos tres técnicas populares. La primera es la que recomienda evitar intencionalmente el clítoris por los primeros minutos, para lograr que éste se vuelva más sensitivo al ser estimulado directamente. La segunda, un poco excéntrica pero altamente eficaz, postula la innovadora “lamida abecedario”, que comienza trazando con la lengua una A, luego una B, y así hasta llegar a la letra necesaria. (El secreto de ésta destreza radica en mantener un ritmo regular y en caso de cansancio no entrar en pánico ni abandonar, sino recurrir al uso de los labios). Por ultimo, está la clásica técnica mixta que se basa en emplear la lengua mientras se estimula digitalmente el Punto G. Dick recomienda que para mejores resultados se introduzca un vibrador o consolador, y anticipa para los seguidores de éstos métodos, aplausos, vitoreos, reciprocidades, y tal vez hasta una exquisita comida casera.

Seguramente la lista de técnicas y sabios consejos irá incrementándose con el nacimiento de nuevos pussywise (así se le llama en Inglaterra a los expertos en el tema) y el devenir de la tecnología. Hoy, miles de aparatos refinados se venden para el uso personal de mujeres independientes, que no temen suplantar a sus compañeros por elementos de uso diario, sin horarios, restricciones, ni abultadas agendas emocionales; pero eso sí, no importa cuanta dedicación científica se le imprima a estos productos, nada superará al perfecto Julián en el que se pueden convertir todos con un poco de dedicación, estudio, y por qué no una larga tira de fizz.

POLIGAMIA Y OTRAS YERBAS

Hubo un tiempo en que fue hermoso. Los miembros de las tribus copulaban de manera azarosa, los caledonios y etruscos compartían a sus mujeres por ley, las chicas fornicaban al aire libre con los mejores guerreros y los sultanes competían por quién tenía el harén más populoso. Eran las épocas en las que era posible tener la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos y “hacer una torta y comérsela también”.

Dulce harén mío
Los mayores exponentes de la poliginia (un hombre con muchas mujeres que no son sus esposas) fueron los famosos harenes de los sultanes otomanos, que se convirtieron en una institución oficial en 1454 por orden de Mohammed II, y sobrevivieron hasta 1909. En ellos, las mujeres no retozaban envueltas en ropas de seda, peinándose el cabello las unas a las otras bajo cataratas de agua mineral, sino que transcurrían sus vidas de manera similar a como lo hubieran hecho en un internado de señoritas: cociendo, bordando, preparando café y siendo controladas por severas matronas que daban cuenta de su buen comportamiento. Eso sí, en el momento en el que el sultán aparecía con voluntad de ligue, todas se sumían en una furiosa competencia bailando, cantando y realizando actos lascivos para conseguir la atención y ser seleccionadas. (Se rumorea que en más de una ocasión varias de las más talentosas mujeres se frotaron sexualmente contra caballos para lograr que éstos se excitasen frente al sultán, y así él comprendiese lo eficaces que eran las caricias de esa doncella en particular). A la elegida se la depilaba, bañaba, perfumaba con cuidado y se la conducía a los fastuosos aposentos, donde luego de una noche de pasión, se le permitía llevarse todas las alhajas y oro que encontrase en los bolsillos del monarca. Generalmente éstos lugares de fantasía contaban con entre trescientas y mil doscientas señoritas, algunas de las cuales jamás experimentarían el honor de acostarse con el patrón. Varios libros están de acuerdo en que el sultán más infame fue Ibrahim, recordado especialmente por ordenar en pleno siglo XVII que todas las mujeres que componían su harén, aproximadamente tres mil, fueran ahogadas en el Bósforo.

Los serrallos también eran una conocida costumbre de los emperadores chinos. A las mujeres que habían dormido con el emperador se les estampaba una marca indeleble para evitar que retornasen a la fila. Se sabe que el surtido ideal para ellos era de una reina, tres consortes, nueve esposas de segunda categoría, veintiséis esposas de tercera categoría y ochenta y un concubinas. Con la reina se mantenían relaciones sexuales una sola vez al mes con el propósito exclusivo de procrear.

No sólo en Oriente...
En el siglo XIX el líder mormón Brigham Young tenía treinta y siete compañeras y cada noche, sin excepción, anunciaba a alguna de ellas su inminente visita trazando un signo con tiza en el marco de su ventana...

La historia nos enseña que hay razones y razones para que la poligamia esté en vigencia. En la Edad Media los gobiernos se vieron urgidos a recomendarla cuando las guerras constantes dejaron a una extensa población femenina en manos de un escaso ramillete de hidalgos. Así fue como en Alemania, en el siglo XVII, se decretó que todo soltero, menor de sesenta años, debía casarse con dos mujeres a la vez.

Por otra parte, muchos ingleses que se hicieron al mundo volvieron de oriente con la idea de reproducir los harenes en suelo británico. En el siglo XVIII, Lord Baltimore se instalo en su mansión del oeste de Londres, y sintiendo nostalgia por su serrallo oriental, lo reprodujo en detalle.

De cualquier manera, el ejemplo más famoso de poliginia en occidente es la que practicaban los mormones. Por más que ahora esta costumbre esté condenada, en el siglo XIX tuvo un periodo de auge en donde a cada familia mormona le correspondía una media de dos mujeres y dieciséis hijos. Todavía hoy se sabe de la existencia de varios intransigentes que no hacen caso a la condena de la iglesia mormona y que continúan con sus antiguas prácticas.

Las mujeres también lo hacen
Casi todas las reinas y emperatrices tuvieron harenes masculinos. Sin ir más lejos Cleopatra era famosa por su insólito apetito sexual que saciaba noche tras noche con miembros de su séquito. Se dice que varias veces mandaba matar a sus partenaires, luego de realizado el acto, para demostrarles que después de ella no había otra amante posible.

Cuando una chica toma por esposo a varios varones se lo llama poliandria. Los textos hindúes mencionan a hombres, comúnmente hermanos, que estaban casados con la misma joven. Ejemplo famoso de esto es el caso de Virkshi, la hija de un santo hindú, que se juntó con más de diez hermanos. Las prestaciones sexuales estaban regidas por una jerarquía de edad, tocándole a los mayores poseer a la novia primero y dejando a los más jóvenes a la espera de aquellos anhelados placeres. Cualquier hijo que naciera de esta unión, u otra similar, se la adjudicaba siempre al hermano mayor.

Actualmente la poliandria sigue estando en boga en la India y el Tíbet. A mediados de los años noventa apareció una nota en un periódico chino que registraba, que en una aldea tibetana, el ocho por ciento de la población vivía en matrimonios poliándricos. Se observó también una variante de poliandria en la tribu Nayar de la India en donde las mujeres tienen la costumbre de tomar por esposo a más de un hombre. Como resultado, los varones buscan vivir en compañía de sus cuñadas para asegurarse un número contundente de “sobrinos”.

A la salud de Etelredo
Lejos de Etelredo II, el indeciso, que a fines del novecientos pasó su noche de bodas con su esposa y suegra, hoy la poligamia, la poliandria y la poliginia aparecen de nuevo como la nueva droga de moda capaz de generar debate y de llevarnos aún más lejos que “Propuesta Indecente”, la popular película con Demi Moore y Robert Redford. Esta vez la cuestión no es qué dejarías que le hagan a tu mujer por un millón de dólares, sino qué estarías dispuesto a hacer, para dormir con una mujer distinta cada noche de la semana, sin decir una sola mentira y conservando la honorable institución del matrimonio.

SEXATHLÓN

Son las dos de la mañana. La pista está llena de personas bailando y tomando bebidas alcohólicas que se venden en la barra. Hasta acá todo parece normal, gente divirtiéndose un sábado a la noche en un boliche de barrio. Sin embargo, y mirando más de cerca, podemos ver que la remera de una de las chicas de la pista es arrancada de un manotazo, y que un señor, con pinta de presidente de multinacional, se baja el cierre del pantalón.
Existe en la zona oeste un lugar sin dirección, nombre ni dueño que contiene todas las bondades del mundo. Allí, y por un precio similar al de treinta litros de nafta, una persona como nosotros puede disfrutar de los auténticos placeres griegos: experimentación y variedad en una orgía que no tiene más límite que el respeto y la profilaxis.
Llegué ahí por coincidencia una noche, como en esas fiestas de los noventa en donde te daban un huevo, y terminabas en un sótano de Constitución bailando al ritmo del trance junto a una tribu de adoradores de la magia negra y una pastilla de MDMA en cada mano. En este caso, fue la providencia, o simplemente las ganas de la ciudad por demostrar que todavía tiene con qué sorprendernos, la que me llevó hasta las puertas del nuevo Edén con sede limpia, bonita y voluptuosa.
La fachada no da pista alguna (podríamos imaginarnos que allí se celebra una fiesta de quince o una reunión de amigos para festejar el inminente fin de año) pero, una vez adentro, divisaremos las famosas escaleritas que nos conducirán a un oscuro pasadizo lleno de miembros franeleros, ojos atentos y sonrisas fáciles. Para participar de la “acción” sólo tenés que acercar la mano. Si la gente que ya está involucrada gusta de tenerte como invitado todo fluirá, y si no, simplemente te alejarán con movimiento leve y efectivo. Eso es todo, a veces ponés la mano y te sumás, a vecés ponés la mano y te la sacan. Mientras tanto sabés que contás con total anonimato, ya que todo lo que se ve en este asombroso lugar se olvida antes de pisar la puerta de salida.
A las tres de la mañana parece mentira que el presidente de la multinacional no haya roto una botella sobre la cabeza del hombre de bigotes que está toqueteando a su esposa, pero nada de eso pasa, y el recinto se sigue llenando de parejas que caminan relajadas y tan naturales como en las góndolas de un supermercado. En la pista bailan, se miran, se tocan un poquito, y por último intercambian invitaciones para subir juntos a los cuartos de arriba. Una vez allí, y cobijados por la penumbra, construirán sus propias reglas para el encuentro. (Ej.: no valen los manotazos en la cara pero sí del cinturón para abajo; está prohibido golpear pero no arañar, tirar del pelo ni gritar “yuhuuu”).
A las cuatro empieza un show de striptease con dos chicas que verdaderamente saben lo que hacen. Arriba, en un silencio de susurros y palabras cortitas, un montón de gente acostada aprovecha para concretar la lista de fantasías que saca del bolsillo del pantalón: chicos jóvenes con mujeres maduras, famosos con desconocidos, jovencitas que se entregan a los brazos de hombres mayores, tríos, cuartetos, quintetos, sextetos, septetos, octetos y toda la gama de ensambles posibles. Varias parejas se separan y se encuentran en la oscuridad sin una palabra de celos ni miradas de reproche, inspiradas por la premisa “esta noche vale todo”.
A las cinco, la gente del lugar ya se conoce. Algunos repiten partenaire y se animan a intercambiar teléfonos para intentar una reunión similar en casa. Otros, exhaustos por la odisea nocturna, se quedan simplemente a observar. Una fila de chicas se arrodilla frente a un fila de chicos (en espontánea escena porno) y una pareja de habitués se manifiesta dudosa sin saber si unírseles o no. El lugar ya muestra signos de cansancio, y la puerta de entrada exhibe sus primeros desertores.
Al amanecer, en algún lugar de Buenos Aires, vos caminás a tu casa de vuelta de la disco. Mirás las baldosas y escuchás ese canto tan característico del pájaro matutino pensando que tuviste una noche de suerte (porque la chica que atendía la barra del lugar te pasó su teléfono en una servilleta desteñida y casi indescifrable). A diez cuadras, el presidente de la multinacional y su esposa estrenan una sonrisa swinger que no se parece en nada a la tuya, que no se parece en nada a ninguna otra…salvo a la del resto de los adeptos a este ámbito, reducto hétero por excelencia, ubicado en…alguna calle del Oeste.

DIVINO TESORO

Pescar salmones con las manos, sujetar la cola engrasada de un toro, no ser molestada por las abejas, agarrar a una serpiente y no sufrir sus picaduras, atravesar el fuego sin quemarse y cargar un colador lleno de agua sin derramar ni una gota, éstas son sólo algunas de las cosas que podían hacer las vírgenes de antes. Hoy, las vírgenes no tienen superpoderes. Si las tirás de un décimo piso no vuelan, si les das de comer muchos dulces engordan y si las hacés cargar un colador lleno de agua lo más probable es que tengas que ir secando el piso detrás de ellas. El único superpoder de una virgen contemporánea es mantenerse virgen.

De chicos devorábamos los cuentos de los hermanos Grimm, y otros autores por el estilo, y nos pasábamos horas recostados en sabanas de autitos o colores de princesa, mimando las palabras leídas por nuestros padres, reviviendo una y otra vez el momento en el que el caballero rompía las puertas del tenebroso castillo, y besaba a la joven recostada sobre la cama. Siempre recubierta por telas transparentes, siempre perfectamente vestida y pintada. Hoy, esa escena se reconstruye en nuestra cabeza cobrando nuevo sentido: la cama de una plaza es un diván, la chica sumida en un sueño profundo es una neurótica, y el hombre derribando la puerta de hierro para estamparle un beso seco es ni más ni menos que su psicoanalista. Pero eso sí, si nos atrevemos a levantar su hermoso vestido, al menos imaginariamente, no podremos encontrar ni una gota de sangre...

En tiempos cercanos, las tácticas para decretar la virginidad incluían toda clase de métodos poco científicos. Según el Talmud, por ejemplo, para comprobar la virtud de una mujer se la debía colocar cerca de una botella de vino abierta. Si el aroma del vino contagiaba el aliento de la muchacha, ésta ya no era virgen. En la antigua China en cambio, las jóvenes debían someterse a la prueba del “huevo de paloma”. Si éste, empujado hacia adentro por el orificio vaginal, se resistía a entrar, la susodicha era “virtuosa”, si en cambio entraba, era indudable que ya había sido estropeada.

En la cultura actual existen dos definiciones de mujer pura: “aquella que no tuvo relaciones sexuales” y “la que tiene el himen intacto”. Usualmente, la definición popular de relación sexual se limita al coito vaginal y según este parámetro, no importa cuanta experiencia tenga una mujer (cuanto sexo oral, anal o de otro tipo haya tenido), hasta que no sea visitada por un pene, que a fuerza de dedicación y destreza logre romperle el himen, seguirá siendo tan nívea como el día en que nació. De allí que tantas lesbianas sean consideradas “vírgenes”, y que tantas chicas que se rompieron el himen “montando a caballo”, “andando en bicicleta” o “saltando una cerca” no. Pero cómo si esto fuera poco, y para agregar a la confusión, hay mujeres que nacen sin himen, y otras que lo tienen tan elástico que puede estirarse durante la penetración sin romperse nunca. Por tanto la que nació sin himen jamás será considerada doncella, y la feliz poseedora de la membrana elástica será ni más ni menos que la mítica virgen eterna, el santo grial del sexo.
Pero no siempre la virginidad fue un atributo apreciado. En algunas culturas incluso, el desfloramiento se consideraba un tema bastante penoso, ya que la sangre de las vírgenes era vista como cosa peligrosa que traía impotencia y conllevaba los mismos tabúes que la sangre menstrual. Para prevenir que el pene del prometido entrara en contacto con la sangre dudosa, se tomaban medidas drásticas que incluían que el sirviente desflorara a la novia antes de la boda, que los sacerdotes le introdujeran un miembro artificial hecho de marfil, que ellas mismas se sentaran sobre el sexo de una portentosa estatua, que los futuros maridos les introdujeran dos dedos en la vagina en una ceremonia publica, que se rompiera la telilla con un diente de tiburón y hasta incluso que se dejara el desvirgamiento en manos de la madre de la novia, de otra parienta cercana o del mismísimo padre.

Hoy en día millones de jovencitas se inician a una edad en la que antes se jugaba al Lego, a las Barbies o al mismísimo Twister. Películas cómo “Kids” de Larry Clark y “Thirteen” de Catherine Hardwicke, iluminaron un poco la actualidad del tema, preparándonos para llenar las piñatas con preservativos de colores en lugar de chupetines. Es por esto que en el siglo veintiuno ver una virgen puede dejarte ciego. Se sabe de algunos que no pudieron caminar nunca más y de otros que perdieron las facultades del habla. Se conocen casos de hombres forzudos que se largaron a llorar como bebés y de grandes comerciantes que reglaron sus fortunas. No hay nadie que no se conmueva ante tan sublime espectáculo.

La doncella moderna vive entonces en un castillo hecho de piedra y se peina el cabello con un cepillo de cerdas suaves. La doncella moderna usa ropa interior de encaje, huele a rosas y se pasea distraída por jardines geométricos, la doncella moderna es cómo un personaje de un cuento de hadas, no existe fuera de tu imaginación.

LAS FELATRICES

En tiempos pasados las mujeres exploraban el arte de la felación con la ayuda de libros “de almohada” y clases magistrales dictadas por comadronas y familiares. Hoy, en los programas documentales de TV, podemos ver grupos de ayuda en donde jóvenes y maduras se reúnen alrededor de una mesa redonda para chupar una banana sin cáscara, un consolador multirracial o un pepino previamente pelado, quitándole así el amargor característico que curiosamente nos recuerda al objeto en cuestión.

No es una leyenda urbana la que cuenta que en casa de amigas porteñas, cuando se pone la noche, los vasos están vacíos, todas visten diminutos camisones de seda transparente, y acaba de terminar la última guerra de almohadas de pluma, se instalan las preguntas de siempre: ¿Te gusta hacerlo? ¿Sos buena? ¿Cómo sabes? Y si las respuestas de alguna de las participantes llegaran a ser: “sí”, “sí” y “me lo dijeron varias veces”, una corajuda, con afán superador, se animará a preguntar lo impreguntable: “Decime, ¿cuál es el secreto de la mamada perfecta?”.

“Tocar la flauta de jade”, “batir con la boca”, “chupar el mango”, hacer un “Shirley Temple” o realizar una perfecta “garganta profunda” no es tarea fácil, de hecho no hay todavía solución alguna al interrogante postulado por las chicas, ya que cómo advierte el dicho irlandés “No hay mamada perfecta sino perfecta mamadora”...

Shirley Temple mon amour

La técnica Shirley Temple, que consta de lamer el pene como si éste fuera un chupetín, es un punto ideal de partida para jóvenes o inexpertas debido a que es casi imposible producir daño por equivocación o vivir alguna situación penosa del estilo de mordidas, arcadas, raspaduras u otras contra indicaciones. La “Garganta profunda” en cambio, no es para novatas, ya que el ideal requiere que el genital masculino y la garganta se alineen para realizar una penetración completa que puede resultar compleja y hasta agotadora. Esto pude lograrse con verdadero éxito si la parte receptora descansa en la cama fuera del borde del colchón, y es aún más placentero si la que lo practica realiza ejercicios de deglución al mismo tiempo. Pero cuidado, la protagonista de la película que da nombre a ésta destreza, llegaba a éstos extremos sólo porqué aseguraba tener un clítoris en la garganta, para todas aquellas que no lo tengan se ruega moderación y entrenamiento. Algunos recomiendan ejercitarse introduciendo un dedo o el mango del cepillo de dientes, otros postulan la importancia de “pensar pensamientos alegres” justo en el momento de la última estocada, pero eso sí, todas las recomendaciones apuntan a lograr el manejo del desdichado reflejo de vomito, y así evitarse caras de “estoy chupando un limón” justo el día en el que finalmente habían decidido filmar la primera película casera...

Arte Egipcio

Según cuenta la leyenda, el primer “trabajo bucal” tuvo lugar en el Antiguo Egipto. El dios Osiris fue despedazado por su hermano, quien arrojó sus pedazos al río. Su hermana Isis recuperó su cuerpo y pacientemente lo ensambló, pero por más que buscó y buscó, no logró encontrar el pene de su querido hermano y se vio obligada a reemplazarlo por uno de arcilla. Por último, y sin duda o vergüenza, Isis le devolvió la vida chupándole el miembro hecho de tierra...

El Kama Sutra dedica un capitulo entero a este arte que recibe el nombre de auparishtaka o “reunión bocal”. De acuerdo con éste tratado absolutamente todos gozaban entregándose a ésta práctica, los sirvientes la ofrecían a sus amos y hasta las barberías tenían eunucos que se dedicaban en forma exclusiva a ello.

En la Antigua Roma la felación estaba considerada como una multa en caso de ofensas menores, como por ejemplo los pequeños hurtos. Así, el culpable estaba obligado a ponerse de rodillas y esperar a que el romano de pie le introdujese el miembro en la boca. Este acto se conocía como irrumatio.

En una tribu de Nueva Guinea un ritual de iniciación exigía que los varones practicasen una felación a los guerreros de la tribu. Así, la virilidad y la potencia de los mayores era transmitida a los más jóvenes a través del semen.

La historia del pingüino

Uno de los secretos mejor guardados por las expertas en el rubro es el de las cremas mentoladas, cuyo “frescor” aumenta considerablemente la sensibilidad del pene. Al parecer el efecto “halls mentholiptus” vuelve tan locos a algunos hombres, que varios hoteles europeos han tenido que prohibir su uso dentro de las inmediaciones por “dificultar la convivencia entre huéspedes”. Aquí, en la Argentina, ésta técnica no a sido todavía popularizada, pero se espera que sea furor en el otoño que viene.

Por lo pronto, un grupo de interesadas porteñas, autodenominadas “las del montón”, ya han encargado a Estados Unidos un container lleno de la mejor crema mentolada que existe en ese mercado...

Los mandamientos

Algunos dicen que lo esencial es mirar a los ojos, otros que la práctica hace al maestro, pero he aquí las reglas de oro para el sexo oral según Paul Toole, profesor de sexología del instituto Middland, de Montreal, Canadá, resumidas en una frase simplista al final de su exitoso ultimo libro “Blow Job, a real job”: “No innovarás demasiado, encontrarás lo que más le gusta, mantendrás el ritmo y por sobre todas las cosa, y, pase lo que pase, jamás abandonarás la labor hasta no haberla terminado”.

En la antigüedad se decía que quien gobernara el acto de la felación, gobernaría el cosmos. Hoy se rumorea que las mejores felatrices del mundo se reúnen una vez al año en las principales capitales, y desde sótanos ocultos, planean la conquista de la humanidad...

LOS TRAPITOS AL SOL


Si estás harto de la ropa. Si los pantalones de verano te pican y no le encontrás sentido al uso de la musculosa. Si estuviste todas las vacaciones de verano en Buenos Aires y ya te acostumbraste a respirar a cuarenta grados, no te preocupes más: sacate las medias, los zapatos, y el traje y dejalos delicadamente en un bollito al lado tuyo. Ahora, ya estás listo para convertirte en un ser nudista.

A fines del siglo diecinueve se presentó en Francia Le coucher d`Yvette (La Cama de Yvette) obra teatral en que una jovencita se sacaba la ropa lentamente con la intención de encontrar una pulga que se había escabullido entre sus prendas. En 1912 apareció la primera mujer totalmente desnuda en un escenario, era una corista de la compañía parisiense Folies-Bergére que causo un escándalo gigantesco... pero desde ese día en adelante ya nunca nadie pudo detener el poder del desnudo. Se especula entonces que en ese mismo momento nació el arte del striptease, y se empezó a asociar al cuerpo despojado de vestimentas con algo exclusivamente vinculado al mundo pornográfico... pero en su rescate vino el nudismo.

El nudismo porteño está lejos de ser una utopía. Varios lugares implementaron esta filosofía con el objetivo principal de promover el naturismo en todas su expresiones: respeto por el medio ambiente, tanto visual como sonoro; una convivencia más democrática en donde la vestimenta no imprima diferenciaciones sociales; la noción evidente de que estar desnudo es más cómodo que estar vestido; el desarrollo del concepto del cuerpo como un todo (en vez de separar algunas partes como indeseables y vergonzosas); y por sobre todo el ansiado efecto de libertad. Estar desnudo es una experiencia liberadora, y si no, preguntale a los cientos de argentinos que se animaron a sacarse el traje...


Según el crítico de arte James Laver una campesina árabe, encontrada en los campos sin su velo, pondrá su falda sobre su cabeza, exponiendo de este modo, lo que para la mente occidental, es una mucho más avergonzante parte de la anatomía. En la Francia del siglo dieciocho, mientras cavados escotes eran frecuentes, era inadecuado exponer la punta del hombro. En la China pre-revolucionaria era vergonzoso para una mujer mostrar sus pies, y en Japón, la parte trasera del cuello. Pero como dice la Federación Naturista de Quebec: La naturaleza no es sólo árboles, también es nuestros cuerpos. En los 205 Argumentos en favor del Naturismo los puntos 93 y 94 dicen lo siguiente:

-Desnudo uno se siente parte de un lugar natural, vestido es un observador.

-El nudista es más sensualmente consciente, porque la desnudez aumenta su sensibilidad, y su experiencia sensorial.

En Argentina hay diversos lugares que adoptaron la interesante modalidad naturista, pero están divididos por estrictas reglas de convivencia que los separan básicamente en dos grupos: los que fomentan más que nada la relación de los individuos con sigo mismos y su medioambiente, y los que además permiten la actividad sexual dentro de los predios.
Ejemplo de los primeros son lugares del estilo del Eden en La Reja y Yatan Rumi en Córdoba, ambos de nudismo familiar; y Paraíso Escondido en Ing. Maschwitz, Natural-Mente en Moreno y Águila Blanca en Villa Ciudad América, los tres exclusivamente para adulto. Todos estos sitios respetan las normas del Nudismo Naturista y sus reglas de convivencia dicen algo así como Toda actividad o acto de tipo erótico, practicado o insinuado, es ajeno a los propósitos del naturismo. Los invitados que incurran en ello serán sancionados o incluso dados de baja del grupo. Lugares como estos incitan a todos los estresados del país a tratar de encontrar la paz y la armonía en hermosos sitios rodeados de naturaleza, sin presiones ni pretensiones sexuales.
En cambio, para los que estén buscando otro tipo de experiencias, un lugar que permite que sus huéspedes interactúen sexualmente es el Campo Nudista Palos Verdes, en Moreno. Una comarca con un enorme lago artificial con forma de río denominado “Río de los Sueños”, y vegetación sumamente cuidada que ofrece servicio de buffet y bebidas, a donde van liberales de todo el país a divertirse tras las grandes matas de arbustos, y que está abierto los siete días de la semana. Las márgenes del lago se encuentran totalmente pobladas de lirios amarillos que florecen de septiembre a noviembre y dentro de él se pueden encontrar peces laguneros como tarariras, morenitas, bagres y anguilas. También cohabitan, aunque muy escurridizas a la vista de los visitantes, tortugas de agua, nutrias y algunos carpinchos, convirtiendo este fabuloso predio en un salvaje hábitat sensual en dónde cumplir las más ecológicas fantasías.

Si ninguna de estas opciones es para vos (porque estás no solamente estresado sino que tu cuello se quedó duro de un día para otro, agotaste todas las opciones de la pagina SerNudista.com.ar, y más que nada necesitas conectarte con tu propio cuerpo) no te desesperes, siempre está la posibilidad de practicar Yoga Desnudo. Podés elegir entre clases sólo para hombres, mixtas o en pareja. Y así, de un día para otro, vas a estar haciendo el saludo al sol como Dios te trajo al mundo...

LOS CAZADORES DE INFIELES

Tal parece que la nueva tendencia mundial es contratar servicios de taxi para pescar in fraganti a los cónyuges. No disimule, atrás, media cuadra a la derecha, puede llegar a estar su mujer o su marido en el coche negro y amarillo; el cartelito rojo estará apagado, y adentro, acurrucado en el asiento trasero, irá ese sujeto al que usted alguna vez le dijo: “sí, quiero”.

En el manual Adúlteros, y cómo pescarlos en taxi (traducción bastante libre del título original en inglés: “Cheaters, wheels and my wife”) se desarrolla la estrategia actualmente conocida como “cab hunting” (cazando en taxi). Aplicándola de manera rigurosa, esta práctica asegura resultados casi instantáneos: “dos cucharaditas de traidor y un litro de voluntad detectivesca sobre ruedas, dan como resultado una cabeza disecada colgada en tu pared”, o al menos eso dice el prólogo, que cuenta las razones de su autor para dedicarle cuatro años de su vida a este volumen.

“Una cálida mañana de primavera caminaba por Central Park junto a Sony, mi fiel San Bernardo, cuando vi un llamativo auto deportivo con una dama al estilo Audrey Hepburn, usando pañuelo para proteger su peinado del viento. En el semáforo, ella y el conductor de besaron fogosamente y después de que él arrancó acelerando con un chillido, el pañuelo de ella vino a parar al piso delante mío. El trapo había sido herencia de mi madre búlgara... la mujer del auto no podía ser otra que mi esposa. Desesperado paré un taxi. No tuve que pedirle que me dejara sentar al perro, el taxista, conmovido por mi complexión, apretó el acelerador sin decir una sola palabra. (Había visto la escena desde su ventana, y no era la primera vez que levantaba a un marido desesperado....)”

Evidentemente, y por lo minucioso del libro, el autor desarrolló una obsesión por el “cab hunting”, nombre que el mismo le dio al método luego de descubrir a su mujer en pleno acto sexual en un teatro de off Broadway, ayudado, incansablemente, por el amable conductor del vehículo. Se rumorea que desde entonces, al menos en la ciudad de Nueva York, el uso de taxis ha subido misteriosamente en un ocho por ciento...

El libro (que también trae los mapas de las principales ciudades del mundo) tiene 320 hojas, una tapa que rinde homenaje a los colores de los autos protagonistas, y entre sus centenares de consejos recomienda lo siguiente:

1- Usarás peluca y anteojos. Si sos mujer optarás por un modelo de lentes María Calla, si sos varón, elegirás unos Ray-Van con dejo setentista.
2- Vestirás ropa que no sea de tu propio guardarropas o piloto de color oscuro, al estilo de las películas norteamericanas de la Guerra Fría.
3- Pagarás por el día entero, por adelantado, no importa si toma una o diez horas.
4- Te asegurarás de que el chofer sea el adecuado, premisa que se confirmará si él:
a. Es capaz de cubrirte con una manta cuando, en un rapto de locura, decidís arrancarte la camisa y mostrarle tus pechos, jóvenes y turgentes, a la amante madura de tu esposo. (Al ritmo que le gritas “¡contra esto tenés que competir, perra inmunda!”)
b. En caso de que saque un rollo de cinta embaladora y tape la boca de tu mujer justo cuando ésta esté por balbucear frases del estilo de “te juro que no es lo que parece” mientras yace desnuda junto a todos tus compañeros del “picadito del domingo”.
c. Si está dispuesto a atestiguar que vos, princesita dolida o esposo cariñoso, decís la verdad con respecto a lo visto y merecés percibir el cien por ciento de los bienes comunes.
d. Si no acepta el fajo de billetes que le tirás al asiento de atrás cuando, terminado el recorrido, te bajás del auto en un estado deplorable.
5- Llevarás una foto de cuerpo entero de tu cónyuge, que será muy aprovechada en caso de que el chofer tenga que entrar en algún lugar a dónde vos, por tu presencia delatora, no tengas acceso. (Como por ejemplo un club de tenis exclusivo en donde los socios se aseguran de que sus esposas sean interceptadas por los de seguridad).
6- No portarás en tu bolsillo o cartera demasiado dinero. (En casos cómo éstos uno tiende a revolear la billetera llena de dólares, ahorrados durante toda la vida, para coimear al conserje de un motel anhelando que éste nos de el número de habitación de la/el infame, cuando el conserje lo hubiese hecho por escuetos cuarenta pesos).
7- En caso de cumplir con la misión, y atrapar al otro en indeseada compañía, restringirse de cualquier tipo de violencia y recurrir inmediatamente a
A- El abogado. En caso de desear venganza económica.
B- La casa de algún antiguo objeto de deseo. En caso de buscar venganza emocional.
C- El hogar de alguna amiga o amigo cercano. En caso de buscar contención eficaz.

Siguiendo estos puntos del manual, ahora best seller en todo Estados Unidos y traducido ya al Alemán, Francés, Italiano, y esperemos que pronto a nuestra lengua materna, se garantiza la correcta persecución del tramposo. Y aunque nadie quiere ser el que necesite comprarlo, no está de más echarle una ojeada al resumen del primer capitulo. Para eso, sáquelo del anaquel de cualquier librería, cubra la tapa apoyándolo en una de las mesas de lectura, y memorice la premisa que da comienzo al libro, en parte robada del mismísimo Proust, en parte articulada por el escritor del volumen: Sucede que en la vida uno encuentra inocente el desear y atroz el hecho de que otro desee... pero cuando mi mujer es la que desea, ¡no me queda otra que parar un taxi!

SOBRE POCIONES Y EMBRUJOS


“Un antiguo sortilegio hindú para prolongar la erección consistía en fabricar una vela con grasa de rana. Una vez encendida, se suponía que la erección duraría lo mismo que la vela en consumirse....”

Tiempo atrás, miles de hombres desesperados comparecieron ante tribunales de toda Europa. Debían bajarse los pantalones ante público juicioso y si no lograban producir una erección, podían ser abandonados por sus esposas con todas las de la ley. Desde ese momento en adelante la importancia de los afrodisíacos se hizo cada vez más substancial, y el pequeño juego de laboratorio de decenas de niños se convirtió en “cosa seria”...

El afrodisíaco más famoso del mundo es la mosca española, un insecto que anda suelto por el sur de Europa, y que ya era muy popular entre los antiguos romanos. Sin embargo, cayó en el olvido por muchísimos años hasta que se redescubrió en el sigo dieciocho convirtiéndose en explosiva moda. Mas para que no salgamos corriendo a buscar al insecto, y a continuación intentemos diluirlo en eficiente tónico, es pertinente saber que la mosca española es una sustancia muy tóxica que ingerida en una dosis de 1,6 gramos puede resultar mortal. En 1758 un francés murió horas después de que su mujer se la hubiera administrado para calmar una simple fiebre. Según los informes médicos, el hombre tuvo una erección permanente e intento copular con su esposa 40 veces en una misma noche. Finalmente, murió luego de ser envuelto en sabanas llenas de vinagre, utilizadas para tratar de aplacar su ansiedad. Otro registro de tragedia afrodisíaca surge en el siglo diecinueve, cuando un grupo de soldados franceses adolecieron de erección permanente luego de alimentarse de unas ranas que habían a su vez ingerido al insecto del que se elabora el afrodisíaco, un escarabajo urticante conocido como cantárida. Este animal contiene una sustancia llamada cantaridina que es a menudo utilizada para eliminar verrugas...pero que cualquier hijo de vecino no dudaría en ingerir dos veces en caso de necesitarlo en la cama.

En la antigua Roma el polvo de huesos era considerado un gran “ayudante”, al igual que llevar el testículo derecho de un burro en un brazalete. Mientras que en China se mezclaba sangre de ciervo, semen humano y excremento de halcón. En java era costumbre colgar dos genitales de cocodrilo en la cabecera de la cama cuando un hombre maduro se casaba con una jovencita, y a comienzos del siglo diecinueve era bastante normal que las campesinas francesas conservaran la placenta de su hija para luego utilizarla como poción para el amor.

Por suerte para los habitantes del siglo veintiuno todos estos dudosos encantamientos dejaron paso a un preciado fármaco que modificó la sexualidad de generaciones enteras: el “adorado por los hombres de todas las edades”, venerado por señoritas de buenas y malas intenciones, y siempre listo, Viagra. En un principio este maravilloso medicamento fue fabricado simplemente para aumentar el riego sanguíneo del corazón, pero pronto se hicieron manifiestas sus propiedades “extras” y fanáticos de todo el globo corrieron a pedir recetas a sus médicos de cabecera. Se sabe que actúa relajando algunos tejidos del pene gracias a un mayor flujo sanguíneo, y que como entra más sangre de la que sale el miembro responde inmediatamente. Se ha demostrado también, aunque aún no se ha popularizado lo suficiente, el gran efecto que tiene sobre la sexualidad femenina. Y así, sin ollas, cucharas de madera ni brujas con lunares en la nariz, parejas de todas las edades han reduciendo a una simple ingesta, años de tradiciones escatológicas.

Pero así como existen los afrodisíacos, coexisten los anafrodisíacos, utilizados desde el principio de los tiempos para refrenar el “censurable” deseo sexual. En el antiguo Egipto una de las maldiciones más temidas de los adivinos era que a un hombre se le transformase su virilidad en rocío cuando estuviera en presencia de la persona amada. Mientras que un encantamiento europeo rezaba que si se colocaba un pedacito de verbena bajo la almohada de un varón, a éste le sería imposible tener una erección por el período de una semana. Una historia escocesa del siglo diecisiete cuenta que “un hombre descubrió un día que su pene se había ido de forma mágica, y preguntó a la bruja local que debía hacer para recuperarlo. Ésta lo instó a que se subiera a un árbol en el que le aseguró que había encontrado un nido lleno de ellos; el hombre podía elegir el que quisiera, salvo el más grueso, que pertenecía al párroco de la localidad”.

En el siglo trece el médico del papa Juan XXI dictaminó que una excesiva apetencia de placer podía curarse atando, con un tallo de cicuta, los testículos de un hombre o bañándolo en aceite de alcanfor; y algunas otras curas de la época consistían en comer raíces de lirio... remedio muy común entre frailes y monjas. Además, aunque parezca producto de una imaginación morbosa, se sabe que toda la industria de cereales se basó en la intención de moderar el impulso sexual. El doctor Kellogg (hermano del fundador de la compañía) concibió los cereales como una opción suave y vegetariana que se opusiera “a los más excitantes huevos con jamón”. El doctor estaba tan orgulloso de los cereales que llegó a recomendar que se administrasen enemas, en caso de no poder ingerirse.

Si pensamos que la historia es cíclica, no podremos evitar una mueca de desagrado al imaginar todo lo que todavía nos tocará sufrir para poder tener una vida sexual plena, pero como reza el dicho: “todo es valido en el amor y la guerra” y así, sin más, anticipamos la mezcla del caldero y empezamos a pensar en dónde se pueden conseguir alas de murciélago, huevos de ave prehistórica y dientes de león...

COMO UN MARINERO COREANO

Los cabarets de mar del Plata tienen un no sé que, pero sobre todo guardan una política muy clara: no se permiten mujeres a menos que éstas estén allí para trabajar, “no vaya a ser que sean esposas celosas buscando pruebas fehacientes”. Pero, escapando a las generalidades, y a las chicas que cada media hora bailan en los palos recogiendo billetes de dos pesos, hay un cabaret en especial que se toma las cosas aún más en serio. Un punto geográfico que como un faro atrae al marinero a casa sano y salvo, famoso por ocuparse de “nutrir y entretener” a un target bien específico: los marineros coreanos. Una fría noche de invierno, en medio de una sudestada digna de barco naufragando en película estadounidense, logré infiltrar a un espía. El siguiente, es sólo un fragmento de este mundo que existe fuera de la ficción...

El lugar es un espacio amplio iluminado por bombitas azules y rojas, con barra tradicional, mesas y sillas altas, señoritas que también bailan cada media hora en el palo por billetes de dos pesos, y mozos que se ocupan de que a nadie le falte un trago, mientras promocionan los atractivos de las jovencitas con frases del estilo de “es la piba más disciplinada que vas a conocer en tu vida”. Pero, yendo para el fondo, la cosa cambia...

Alineados unos al lado de los otros descansan cuartos secretos en donde acontece la verdadera acción. Al espía se le ocurren miles de ideas: ¿serán calabozos en donde hombres vestidos en látex lamen las botas negras de rubias voluptuosas? ¿Habrá cruces de madera en donde indefensos serán crucificados por placer SM? ¿Descansarán en fila decenas de cuarentones disfrazados de bebés con mujeres que juegan a ser sus niñeras, cambiando pañales una y otra vez y aplicando talco en las zonas sensibles? Sin embargo, las sospechas del infiltrado están lejos de coincidir con la cruda realidad. Atrás de las puertas, cobijado del ruido exterior, existe un universo paralelo en donde los cansados marineros pueden exorcizar sus demonios de altamar, entregándose noche tras noche al más moderno de los pecados: el karaoke.

Nunca nos hubiéramos imaginado, cuando surcábamos la noche marplatense en busca de primicias, que íbamos a dar con la famosa leyenda urbana del kabareoke. Lugar a donde los navegantes coreanos realizan sus salidas higiénicas cantando en pequeños cuartos mientras compañeras profesionales halagan sus tonadas una y otra vez. “A los orientales les va más que nada una mujer que los respete y que los haga sentir que cantan mejor que nadie, eso y que no sean demasiado voluptuosas...” repite el dueño con un trago de cortesía en la mano. Los cuartos están llenos de marineros ávidos, que bajo los efectos hipnóticos del alcohol, cantan temas que recorren la discografía de los ochenta: “The Power of Love” (“la de Volver al Futuro”, como decía a gritos un marinero con remera de la selección Argentina), Take my breath away (“la de Top Gun”, gritaba el mismo fanático desde una silla reclinable con una chica arrodillada a su pies adulando su buen gusto). Y después, una lluvia de clásicos intepretados con entusiasmo adolescente: Smooth operator, Wake me up before you Go Go, I Feel The Earth Move, Never Gonna Give You Up, Girls Just Want To Have Fun, I Wanna Dance With Somebody (Who Loves Me), Voyage voyage, Everybody Wants to rules the world, Do You Really want To hurt Me, Oh L'Amour y un final a todo trapo con un viejo lobo de mar, de pelo anaranjado y sin camisa, cantando en falsete Eternal Flame.

El espía sigue atento aunque en las últimas dos horas ha tenido que cantar con el grupo para no levantar aún más sospechas. ¿En qué barco trabajaba? ¿Por qué no era coreano? ¿Era la primera vez que venía? ¿Por que el organizador, que nunca introducía extraños en los cuartos, lo había designado a esa “cuevita”?, ¿Qué ruta marítima estaba siguiendo?, ¿Era casado o soltero? Al parecer, los habitués no eran tan callados como le había dejado entrever el dueño del lugar.

Tres horas y media más tarde, ronco por gritar estribillos en fonética, angustiado por presenciar todo tipo de aberraciones musicales, transpirado por copiar coreografías asiáticas, y deserotizado por observar como las muchachas se iban apagando bajo el resplandor de la verdadera luz del sol, el espía sale y confirma mis sospechas: de los siete marineros que había en el cuarto, sólo uno disfrutó de verdadera relación sexual, el resto, tal y cómo lo había adelantado el anfitrión, se conformó con recibir cumplidos musicales. ¿El más usado?, “¡Sos el dios del rock and roll!”...