DIARIOS DE MILONGA: TAXI DANCERS


Si estás harto de ir a la Milonga a sentarte, si no sos ducho en el arte del cabeceo o la miradita, si bailás poco y sos ignorado por los habitués, si sos extranjero y no manejas el lenguaje mudo del ambiente, si estás envejecido y ya no te sacan cómo antes...entonces: ¡Llamá ya! Por tango, por tanda o por noche, el Taxi dancer, con su sapiencia arrabalera, cobra al cliente por sus servicios de milonga.
¿Acaso nunca te preguntase cómo hacía esa viejita para alternar entre dos jóvenes bailarines, mientras vos, joven, arreglada y talentosa eras ignorada por ambos sistemáticamente? Al que recuerde a Patrick Swayze en Dirty Dancing sabrá perfectamente de lo que hablo. ¿Quién no quiso alguna vez dejarse llevar por las manos de un experto a cambio de una suma razonable?
Primo lejano del famoso “jinetero” cubano (aquel que escolta al turista a cambio de tragos y entrada al club salsero) el Taxi dancer porteño maneja un negocio honesto y recatado. Incluso cuando algún que otro anuncio lo mancille publicitando frases del estilo de Nobody to dance with? mientras abajo ilumina el titular con una imagen de chongo arrabalero sin camisa pero con saco abotonado y funche. En sus variantes femeninas y masculinas, el “escort tanguero” no es censurado ni mucho menos condenado en esta parte del mundo y viene en, al menos, dos formatos clásicos de contratación: 1) la in situ y 2) la festivalera
La primera tiene, como mínimo, dos variantes, la que incluye que el contratado (o la contratada) se siente con el patrón en la mesa (y lo vaya sacando a la pista a lo largo de la noche) y la que permite que éste deambule por los alrededores, sacándolo a bailar solamente la cantidad de tangos o tandas que se hayan acordado de antemano.
La segunda es la que fomentan los festivales internacionales, en donde, por lo general, insisten en que los asistentes de las clases sean también “acompañantes milongueros”, invitándolos a que se ocupen de que los grupos de extranjeros que acaban de aprender nuestro “baile ciudadano” tengan con quien bailar en las tanguerías y asegurándose, de esta manera, de que todos se vayan con ganas de volver.
Si todavía no compraste tus primeros tacones de ocho centímetros o no aprendiste las marcas básicas para poder sacar a bailar a una mujer más que en alguna “práctica” no pierdas las esperanzas: siempre habrá algún gavión o alguna grela que, por unos pocos morlacos, te conceda, por una noche, toda su atención. Aunque más no sea en la pista de baile. Ya que al fin y al cabo, ¿quién no hubiera querido pagar para que Patrick Swayze dejase a la poco agraciada Jennifer Grey y nos tomase entre sus brazos para hacer el tango?

No hay comentarios: