A LA MANERA DE MICK JAGGER


Cada tanto, cada tal vez una o dos generaciones, irrumpe en la extra escena mundial algún personaje masculino que llama la atención por su “habilidad extrema”. Esta destreza (castigada por el capitalismo por su carácter no- dependiente) dota al personaje en cuestión de:
1- La iluminación que acompaña a todos los dones.2- La responsabilidad que obliga a utilizarlos adecuadamente.3- La opción. Esa que (por nombrar un ejemplo) tiene tan conflictuado a Peter Parker en la secuela del Hombre Araña. Esa que atormenta porque crea la ilusión de que existe el libre albedrío. Esa que somete a continuo debate la misma pregunta:¿Quiero o no quiero ser un superhéroe?... Y si quiero, ¿qué precio estoy dispuesto a pagar?
¿Estoy dispuesto a sufrir lesiones severas por utilizar mi don? ¿Estoy preparado para ser discriminado por una porción del mundo que no entiende que debo hacer uso de lo que se me ha dado? ¿Me resigno a prescindir, si fuera necesario, de la compañía de otra gente? ¿Soy capaz de fingir que necesito a otra persona para sentirme saciado, cuando estoy realmente satisfecho por el continuo ejercicio del bien que se me otorgó?
Estas preguntas (y tantas otras) atormentan a nuestro superhéroe que ya desde niño descubre que puede hacer eso que ningún otro consigue, puede, si se estira concienzudamente, alcanzar con la boca su propio miembro erecto. Puede, sin que esto resulte demasiado doloroso, auto- practicarse una fellatio y saborear su propio semen. Ese que por tantas generaciones ha sido descrito como “esa cosa agria que me hace poner la cara como después de chupar un limón”.
El primer “automamón” (pésima traducción del inglés “self-server”) fue un escuálido fakir conocido como Naveed Yasmir que en el siglo XI logró curvarse de manera tal de acceder a sus propios genitales. Se sabe que Yasmir era conocido como “Naveed el horrible” y ninguna mujer se había dignado nunca a practicarle mamada alguna. Pero el primero en ser famoso fue “El hombre de goma”, que recién en el siglo XX ilustró las páginas de su propia historieta, insinuando sutilmente el “satisfactorio plus” al que lo habilitaban sus conocidos poderes.
Y muy pronto aparecieron varios más, que en la soledad de sus propios hogares, descubrieron las recompensas de la autofellatio. Así, cuando sus compañeritos de grado jugaban a ver quien “escupía” la leche a mayor distancia, mientras miraban aquella re edición de lujo de “garganta profunda”, Mick, (llamémosle así en honor al señor bocón) notó que esos juegos eran aburridos, ya que “de nada satisfacía la mano cuando la boca estaba de turno”. Pero después de mencionarlo en voz alta, y sufrir con terror las burlas de sus compañeritos que lo llamaban “puto autocomilón”, nuestro joven héroe pactó consigo mismo eterno silencio acerca de sus destrezas, sin intuir siquiera que los comentarios de sus compañeros albergaban, secretamente, los más destructivos celos, y callando así (por siempre) las preguntas que lo mantenían despierto durante la noche: ¿es mejor aplicar la lengua sólo en el frenillo? ¿Destruiré el glande si le pego un mordiscón? ¿Será esto hereditario y por consiguiente mi padre será un automamón? ¿Existirá sobre la tierra alguna mujer que pueda hacer esto mejor que yo? ¿Es esto obra de la naturaleza o del demonio? ¿Si me trago mi propio semen podré quedarme embarazado?
Y así, la existencia del “automamón” pasó a ser parte de las leyendas urbanas, un simple mito sin capa ni antifaz que recorrió las mesas de bares, colegios, oficinas y clubes masculinos, atormentando a los hombres con la incertidumbre de su dudosa existencia.
Hasta que felizmente la pornografía vino una vez más a nuestro rescate. Haciendo circular en el mercado algunos ingeniosos videos que tenían como protagonistas a varios de nuestros superhombres. En ellos pudimos observar que las particularidades físicas de estas estrellas varían de individuo en individuo, aunque generalmente combinan la plasticidad de los cuerpos con el tamaño descomunal de los atributos. Sin embargo estas imágenes demuestran que a veces una sola de estas dos características resulta más que suficiente.
Recientemente, en una convención under de “automamones” realizada en Ámsterdam (la ciudad con mayor cantidad de “hombres habilidosos”), se aprobó por unanimidad un nuevo proyecto de ley que autoriza a todo super-mamón a practicar su técnica de forma privada sin ser castigado por la ley, que en algunos ridículos países, condena todavía las prácticas homosexuales. Descartando por completo la grotesca hipótesis que rotulaba al “hombre habilidoso” como homosexual indiscutido, por gustar del sabor de su miembro y por practicarse la automamada. Según el punto primero de esta nueva ley: “La búsqueda del propio placer es sin duda la ocupación más humana que existe, y toda persona que se guíe por este precepto sin dañar a otros ni a sí mismo, es un ejemplo digno para esta sociedad tan marcadamente perseguidora que precisa que todo ser humano esté condenado a la dependencia y al consumo. Por esto los denominados automamones son una valiosa contribución a esta sociedad, y deben de ser tratados con el máximo respeto...”
Hay automamones de todo credo, color, y orientación sexual. Hay automamones profesionales, amos de casa, amateurs, felices, miserables, resentidos, optimistas, llorones, voyeurs, atléticos, silenciosos, públicos, privados, orgullosos y castigados. Pero eso sí, no hay automamón que no lleve en su cara la marca perceptible del que solito todo lo puede...

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