LOS CAZADORES DE INFIELES

Tal parece que la nueva tendencia mundial es contratar servicios de taxi para pescar in fraganti a los cónyuges. No disimule, atrás, media cuadra a la derecha, puede llegar a estar su mujer o su marido en el coche negro y amarillo; el cartelito rojo estará apagado, y adentro, acurrucado en el asiento trasero, irá ese sujeto al que usted alguna vez le dijo: “sí, quiero”.

En el manual Adúlteros, y cómo pescarlos en taxi (traducción bastante libre del título original en inglés: “Cheaters, wheels and my wife”) se desarrolla la estrategia actualmente conocida como “cab hunting” (cazando en taxi). Aplicándola de manera rigurosa, esta práctica asegura resultados casi instantáneos: “dos cucharaditas de traidor y un litro de voluntad detectivesca sobre ruedas, dan como resultado una cabeza disecada colgada en tu pared”, o al menos eso dice el prólogo, que cuenta las razones de su autor para dedicarle cuatro años de su vida a este volumen.

“Una cálida mañana de primavera caminaba por Central Park junto a Sony, mi fiel San Bernardo, cuando vi un llamativo auto deportivo con una dama al estilo Audrey Hepburn, usando pañuelo para proteger su peinado del viento. En el semáforo, ella y el conductor de besaron fogosamente y después de que él arrancó acelerando con un chillido, el pañuelo de ella vino a parar al piso delante mío. El trapo había sido herencia de mi madre búlgara... la mujer del auto no podía ser otra que mi esposa. Desesperado paré un taxi. No tuve que pedirle que me dejara sentar al perro, el taxista, conmovido por mi complexión, apretó el acelerador sin decir una sola palabra. (Había visto la escena desde su ventana, y no era la primera vez que levantaba a un marido desesperado....)”

Evidentemente, y por lo minucioso del libro, el autor desarrolló una obsesión por el “cab hunting”, nombre que el mismo le dio al método luego de descubrir a su mujer en pleno acto sexual en un teatro de off Broadway, ayudado, incansablemente, por el amable conductor del vehículo. Se rumorea que desde entonces, al menos en la ciudad de Nueva York, el uso de taxis ha subido misteriosamente en un ocho por ciento...

El libro (que también trae los mapas de las principales ciudades del mundo) tiene 320 hojas, una tapa que rinde homenaje a los colores de los autos protagonistas, y entre sus centenares de consejos recomienda lo siguiente:

1- Usarás peluca y anteojos. Si sos mujer optarás por un modelo de lentes María Calla, si sos varón, elegirás unos Ray-Van con dejo setentista.
2- Vestirás ropa que no sea de tu propio guardarropas o piloto de color oscuro, al estilo de las películas norteamericanas de la Guerra Fría.
3- Pagarás por el día entero, por adelantado, no importa si toma una o diez horas.
4- Te asegurarás de que el chofer sea el adecuado, premisa que se confirmará si él:
a. Es capaz de cubrirte con una manta cuando, en un rapto de locura, decidís arrancarte la camisa y mostrarle tus pechos, jóvenes y turgentes, a la amante madura de tu esposo. (Al ritmo que le gritas “¡contra esto tenés que competir, perra inmunda!”)
b. En caso de que saque un rollo de cinta embaladora y tape la boca de tu mujer justo cuando ésta esté por balbucear frases del estilo de “te juro que no es lo que parece” mientras yace desnuda junto a todos tus compañeros del “picadito del domingo”.
c. Si está dispuesto a atestiguar que vos, princesita dolida o esposo cariñoso, decís la verdad con respecto a lo visto y merecés percibir el cien por ciento de los bienes comunes.
d. Si no acepta el fajo de billetes que le tirás al asiento de atrás cuando, terminado el recorrido, te bajás del auto en un estado deplorable.
5- Llevarás una foto de cuerpo entero de tu cónyuge, que será muy aprovechada en caso de que el chofer tenga que entrar en algún lugar a dónde vos, por tu presencia delatora, no tengas acceso. (Como por ejemplo un club de tenis exclusivo en donde los socios se aseguran de que sus esposas sean interceptadas por los de seguridad).
6- No portarás en tu bolsillo o cartera demasiado dinero. (En casos cómo éstos uno tiende a revolear la billetera llena de dólares, ahorrados durante toda la vida, para coimear al conserje de un motel anhelando que éste nos de el número de habitación de la/el infame, cuando el conserje lo hubiese hecho por escuetos cuarenta pesos).
7- En caso de cumplir con la misión, y atrapar al otro en indeseada compañía, restringirse de cualquier tipo de violencia y recurrir inmediatamente a
A- El abogado. En caso de desear venganza económica.
B- La casa de algún antiguo objeto de deseo. En caso de buscar venganza emocional.
C- El hogar de alguna amiga o amigo cercano. En caso de buscar contención eficaz.

Siguiendo estos puntos del manual, ahora best seller en todo Estados Unidos y traducido ya al Alemán, Francés, Italiano, y esperemos que pronto a nuestra lengua materna, se garantiza la correcta persecución del tramposo. Y aunque nadie quiere ser el que necesite comprarlo, no está de más echarle una ojeada al resumen del primer capitulo. Para eso, sáquelo del anaquel de cualquier librería, cubra la tapa apoyándolo en una de las mesas de lectura, y memorice la premisa que da comienzo al libro, en parte robada del mismísimo Proust, en parte articulada por el escritor del volumen: Sucede que en la vida uno encuentra inocente el desear y atroz el hecho de que otro desee... pero cuando mi mujer es la que desea, ¡no me queda otra que parar un taxi!

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