LOS CULTORES DEL CAPITÁN ESCARLATA


Los muchachos de 30 no usan gomina. Ni se cortan los pelos de la nariz, ni se limpian el sobaco con paños fríos y mucho menos mojan sus brazos y manos en el mar antes de zambullirse. Los muchachos de treinta son hombres valientes, pioneros, provocadores, visionarios, demasiado viejos para el cortejo de signos del zodíaco pero demasiado jóvenes para sobreponerse a la generación que los parió.
¿Ustedes le han preguntado alguna vez a un grupo heterogéneo de hombres que hoy andan en sus treinta qué piensan acerca del matrimonio?
A los de veintipico les parece algo simple, a los de cuarenta algo que ya no tiene misterio. Pero para esta generación de treinta, la que fue víctima del apogeo del divorcio, la que creció con un chupete en cada departamento (y no guardó ninguno para Carlitos Balá), el casamiento es sinónimo de "papel para armar". "Me lo fumo y me arde la garganta", me dijo más de uno.
Y yo me pregunto ¿Cuánto papel de cáñamo hace falta para que uno de estos compadritos se ponga frente al juez y diga " Sí quiero"?
He aquí algunos datos recogidos:
De 100 hombres de entre 30 y 39 años:
22 me dijeron que no se casarían ni siquiera en el caso de que el gobierno legalizase la marihuana (me imagino que siguen preguntándose cuál es la relación entre la droga y los hombres de treinta...).
16 comentaron que nunca habían siquiera pensado en ello ni tan solo en aquellas noches de servicio militar obligatorio en donde todo lo que tenían para hacer era esperar la salida higiénica mientras se rascaban las pelotas.
15 Contestaron que serían capaces de hacerlo siempre y cuando la mujer fuese conciente de que le estaban realizando un favor, el famoso "sí es tan pero tan importante para vos..."
13 Quisieron escupirme.
11 Me dijeron que ése era un tema que “vade retro”.
9 Me pidieron que les muestre la bombacha.
7 Se alegraron de haberme conocido y me rogaron pronta evangelización del resto de las mujeres que no escriben una columna titulada "Séxodo".
6 Alegaron locura.
Y 1 se me declaró (dije que no, por cierto).
Entonces: ¿Qué es lo que una chica tiene que hacer en el caso de que quiera llevar al altar a uno de esos marineros borrachos que pueden prescindir del dramamine?
Aletear, mover las pestañas, hacer temblar el labio inferior, realizar diversos trucos contorsionistas para aplicar la boca a distintas zonas erógenas (que siempre son una y la misma) y pedirle ayuda a la virgencita de Alcalé. Ésa que hace tiempo y a lo lejos se subió a un barco en llamas y salvó a 22 marineritos de morir hacinados, solita, sin ayuda de nadie. Este milagro le dio a la virgencita el poder de "socorrer" y ella lo utilizó haciéndole de Celestina a cada uno de los marineros, a los que se dice que casó con sus tantas primas y hermanas. Nótese que todos los marineros andaban en sus 30.
En conclusión: muchachas y muchachos (no suena tremendo), búsquense un buen sillón en la punta de un cine porno y mientras puedan mantenerse al borde de la atareada muchedumbre háganse una sola pregunta: ¿Vale la pena molestar a la virgencita de Alcalé por este espécimen que tengo a mi lado? Si la respuesta llegara a ser sí, pues entonces envíenme una corta misiva que yo me encargo de que la virgencita escuche a todos. Porque francamente ella trabaja de maneras misteriosas, cuando trabaja.

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