POLIGAMIA Y OTRAS YERBAS

Hubo un tiempo en que fue hermoso. Los miembros de las tribus copulaban de manera azarosa, los caledonios y etruscos compartían a sus mujeres por ley, las chicas fornicaban al aire libre con los mejores guerreros y los sultanes competían por quién tenía el harén más populoso. Eran las épocas en las que era posible tener la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos y “hacer una torta y comérsela también”.

Dulce harén mío
Los mayores exponentes de la poliginia (un hombre con muchas mujeres que no son sus esposas) fueron los famosos harenes de los sultanes otomanos, que se convirtieron en una institución oficial en 1454 por orden de Mohammed II, y sobrevivieron hasta 1909. En ellos, las mujeres no retozaban envueltas en ropas de seda, peinándose el cabello las unas a las otras bajo cataratas de agua mineral, sino que transcurrían sus vidas de manera similar a como lo hubieran hecho en un internado de señoritas: cociendo, bordando, preparando café y siendo controladas por severas matronas que daban cuenta de su buen comportamiento. Eso sí, en el momento en el que el sultán aparecía con voluntad de ligue, todas se sumían en una furiosa competencia bailando, cantando y realizando actos lascivos para conseguir la atención y ser seleccionadas. (Se rumorea que en más de una ocasión varias de las más talentosas mujeres se frotaron sexualmente contra caballos para lograr que éstos se excitasen frente al sultán, y así él comprendiese lo eficaces que eran las caricias de esa doncella en particular). A la elegida se la depilaba, bañaba, perfumaba con cuidado y se la conducía a los fastuosos aposentos, donde luego de una noche de pasión, se le permitía llevarse todas las alhajas y oro que encontrase en los bolsillos del monarca. Generalmente éstos lugares de fantasía contaban con entre trescientas y mil doscientas señoritas, algunas de las cuales jamás experimentarían el honor de acostarse con el patrón. Varios libros están de acuerdo en que el sultán más infame fue Ibrahim, recordado especialmente por ordenar en pleno siglo XVII que todas las mujeres que componían su harén, aproximadamente tres mil, fueran ahogadas en el Bósforo.

Los serrallos también eran una conocida costumbre de los emperadores chinos. A las mujeres que habían dormido con el emperador se les estampaba una marca indeleble para evitar que retornasen a la fila. Se sabe que el surtido ideal para ellos era de una reina, tres consortes, nueve esposas de segunda categoría, veintiséis esposas de tercera categoría y ochenta y un concubinas. Con la reina se mantenían relaciones sexuales una sola vez al mes con el propósito exclusivo de procrear.

No sólo en Oriente...
En el siglo XIX el líder mormón Brigham Young tenía treinta y siete compañeras y cada noche, sin excepción, anunciaba a alguna de ellas su inminente visita trazando un signo con tiza en el marco de su ventana...

La historia nos enseña que hay razones y razones para que la poligamia esté en vigencia. En la Edad Media los gobiernos se vieron urgidos a recomendarla cuando las guerras constantes dejaron a una extensa población femenina en manos de un escaso ramillete de hidalgos. Así fue como en Alemania, en el siglo XVII, se decretó que todo soltero, menor de sesenta años, debía casarse con dos mujeres a la vez.

Por otra parte, muchos ingleses que se hicieron al mundo volvieron de oriente con la idea de reproducir los harenes en suelo británico. En el siglo XVIII, Lord Baltimore se instalo en su mansión del oeste de Londres, y sintiendo nostalgia por su serrallo oriental, lo reprodujo en detalle.

De cualquier manera, el ejemplo más famoso de poliginia en occidente es la que practicaban los mormones. Por más que ahora esta costumbre esté condenada, en el siglo XIX tuvo un periodo de auge en donde a cada familia mormona le correspondía una media de dos mujeres y dieciséis hijos. Todavía hoy se sabe de la existencia de varios intransigentes que no hacen caso a la condena de la iglesia mormona y que continúan con sus antiguas prácticas.

Las mujeres también lo hacen
Casi todas las reinas y emperatrices tuvieron harenes masculinos. Sin ir más lejos Cleopatra era famosa por su insólito apetito sexual que saciaba noche tras noche con miembros de su séquito. Se dice que varias veces mandaba matar a sus partenaires, luego de realizado el acto, para demostrarles que después de ella no había otra amante posible.

Cuando una chica toma por esposo a varios varones se lo llama poliandria. Los textos hindúes mencionan a hombres, comúnmente hermanos, que estaban casados con la misma joven. Ejemplo famoso de esto es el caso de Virkshi, la hija de un santo hindú, que se juntó con más de diez hermanos. Las prestaciones sexuales estaban regidas por una jerarquía de edad, tocándole a los mayores poseer a la novia primero y dejando a los más jóvenes a la espera de aquellos anhelados placeres. Cualquier hijo que naciera de esta unión, u otra similar, se la adjudicaba siempre al hermano mayor.

Actualmente la poliandria sigue estando en boga en la India y el Tíbet. A mediados de los años noventa apareció una nota en un periódico chino que registraba, que en una aldea tibetana, el ocho por ciento de la población vivía en matrimonios poliándricos. Se observó también una variante de poliandria en la tribu Nayar de la India en donde las mujeres tienen la costumbre de tomar por esposo a más de un hombre. Como resultado, los varones buscan vivir en compañía de sus cuñadas para asegurarse un número contundente de “sobrinos”.

A la salud de Etelredo
Lejos de Etelredo II, el indeciso, que a fines del novecientos pasó su noche de bodas con su esposa y suegra, hoy la poligamia, la poliandria y la poliginia aparecen de nuevo como la nueva droga de moda capaz de generar debate y de llevarnos aún más lejos que “Propuesta Indecente”, la popular película con Demi Moore y Robert Redford. Esta vez la cuestión no es qué dejarías que le hagan a tu mujer por un millón de dólares, sino qué estarías dispuesto a hacer, para dormir con una mujer distinta cada noche de la semana, sin decir una sola mentira y conservando la honorable institución del matrimonio.

2 comentarios:

Rodrigo Peiretti dijo...

natura manda

Alejandro dijo...

Hay algo que siempre me llamó la atención en este tema: se suele evocar o ensalzar las costumbres de las sociedades o culturas poligámicas con un espíritu de liberalidad y de admiración ante planteos supuestamente menos rígidos y conservadores. Esto es un error tan grosero que no sé cómo calificarlo. Las sociedades y las culturas poligámicas siempre fueron y, actualmente, son, las más machistas y conservadoras de la historia. Remarco lo de machistas, ya que en estos casos, excepto excepciones que confirman las reglas, la poligamia siempre es un hombre, sultán, jeque, rey, que tiene varias mujeres de las cuales dispone como si fueran cosas de su propiedad. En las sociedades poligámicas las mujeres suelen carecer de todo derecho. Yo visité algún que otro país que profesa esta cultura, como Egipto, en donde te quieren comprar a tu hija por algunos camellos, para hacerla parte del harén de un déspota. De modo que, sobre todo si se trata de ser progresivo y liberal, me parece un absoluto despropósito hacer el elogio de sociedades conservadoras, religiosas, despóticas y machistas por el mero hecho de que, gracias a considerar a las mujeres como mercancías, aceptan sin más el que un propietario tenga muchos pares de zapatos con sus pares de piernas abiertas incluidas en el producto.