SOBRE POCIONES Y EMBRUJOS


“Un antiguo sortilegio hindú para prolongar la erección consistía en fabricar una vela con grasa de rana. Una vez encendida, se suponía que la erección duraría lo mismo que la vela en consumirse....”

Tiempo atrás, miles de hombres desesperados comparecieron ante tribunales de toda Europa. Debían bajarse los pantalones ante público juicioso y si no lograban producir una erección, podían ser abandonados por sus esposas con todas las de la ley. Desde ese momento en adelante la importancia de los afrodisíacos se hizo cada vez más substancial, y el pequeño juego de laboratorio de decenas de niños se convirtió en “cosa seria”...

El afrodisíaco más famoso del mundo es la mosca española, un insecto que anda suelto por el sur de Europa, y que ya era muy popular entre los antiguos romanos. Sin embargo, cayó en el olvido por muchísimos años hasta que se redescubrió en el sigo dieciocho convirtiéndose en explosiva moda. Mas para que no salgamos corriendo a buscar al insecto, y a continuación intentemos diluirlo en eficiente tónico, es pertinente saber que la mosca española es una sustancia muy tóxica que ingerida en una dosis de 1,6 gramos puede resultar mortal. En 1758 un francés murió horas después de que su mujer se la hubiera administrado para calmar una simple fiebre. Según los informes médicos, el hombre tuvo una erección permanente e intento copular con su esposa 40 veces en una misma noche. Finalmente, murió luego de ser envuelto en sabanas llenas de vinagre, utilizadas para tratar de aplacar su ansiedad. Otro registro de tragedia afrodisíaca surge en el siglo diecinueve, cuando un grupo de soldados franceses adolecieron de erección permanente luego de alimentarse de unas ranas que habían a su vez ingerido al insecto del que se elabora el afrodisíaco, un escarabajo urticante conocido como cantárida. Este animal contiene una sustancia llamada cantaridina que es a menudo utilizada para eliminar verrugas...pero que cualquier hijo de vecino no dudaría en ingerir dos veces en caso de necesitarlo en la cama.

En la antigua Roma el polvo de huesos era considerado un gran “ayudante”, al igual que llevar el testículo derecho de un burro en un brazalete. Mientras que en China se mezclaba sangre de ciervo, semen humano y excremento de halcón. En java era costumbre colgar dos genitales de cocodrilo en la cabecera de la cama cuando un hombre maduro se casaba con una jovencita, y a comienzos del siglo diecinueve era bastante normal que las campesinas francesas conservaran la placenta de su hija para luego utilizarla como poción para el amor.

Por suerte para los habitantes del siglo veintiuno todos estos dudosos encantamientos dejaron paso a un preciado fármaco que modificó la sexualidad de generaciones enteras: el “adorado por los hombres de todas las edades”, venerado por señoritas de buenas y malas intenciones, y siempre listo, Viagra. En un principio este maravilloso medicamento fue fabricado simplemente para aumentar el riego sanguíneo del corazón, pero pronto se hicieron manifiestas sus propiedades “extras” y fanáticos de todo el globo corrieron a pedir recetas a sus médicos de cabecera. Se sabe que actúa relajando algunos tejidos del pene gracias a un mayor flujo sanguíneo, y que como entra más sangre de la que sale el miembro responde inmediatamente. Se ha demostrado también, aunque aún no se ha popularizado lo suficiente, el gran efecto que tiene sobre la sexualidad femenina. Y así, sin ollas, cucharas de madera ni brujas con lunares en la nariz, parejas de todas las edades han reduciendo a una simple ingesta, años de tradiciones escatológicas.

Pero así como existen los afrodisíacos, coexisten los anafrodisíacos, utilizados desde el principio de los tiempos para refrenar el “censurable” deseo sexual. En el antiguo Egipto una de las maldiciones más temidas de los adivinos era que a un hombre se le transformase su virilidad en rocío cuando estuviera en presencia de la persona amada. Mientras que un encantamiento europeo rezaba que si se colocaba un pedacito de verbena bajo la almohada de un varón, a éste le sería imposible tener una erección por el período de una semana. Una historia escocesa del siglo diecisiete cuenta que “un hombre descubrió un día que su pene se había ido de forma mágica, y preguntó a la bruja local que debía hacer para recuperarlo. Ésta lo instó a que se subiera a un árbol en el que le aseguró que había encontrado un nido lleno de ellos; el hombre podía elegir el que quisiera, salvo el más grueso, que pertenecía al párroco de la localidad”.

En el siglo trece el médico del papa Juan XXI dictaminó que una excesiva apetencia de placer podía curarse atando, con un tallo de cicuta, los testículos de un hombre o bañándolo en aceite de alcanfor; y algunas otras curas de la época consistían en comer raíces de lirio... remedio muy común entre frailes y monjas. Además, aunque parezca producto de una imaginación morbosa, se sabe que toda la industria de cereales se basó en la intención de moderar el impulso sexual. El doctor Kellogg (hermano del fundador de la compañía) concibió los cereales como una opción suave y vegetariana que se opusiera “a los más excitantes huevos con jamón”. El doctor estaba tan orgulloso de los cereales que llegó a recomendar que se administrasen enemas, en caso de no poder ingerirse.

Si pensamos que la historia es cíclica, no podremos evitar una mueca de desagrado al imaginar todo lo que todavía nos tocará sufrir para poder tener una vida sexual plena, pero como reza el dicho: “todo es valido en el amor y la guerra” y así, sin más, anticipamos la mezcla del caldero y empezamos a pensar en dónde se pueden conseguir alas de murciélago, huevos de ave prehistórica y dientes de león...

1 comentario:

Mina dijo...

quisiera que me cuentes historias de este tipo... siempre...