LAS COSAS POR SU NOMBRE

“La Raja, La Grieta, La Chichi, La Argolla, La Anilla, La Libidinosa, La Menusha, La Primitiva, La Chata, La Suertuda, La Taciturna, La Glotona, La Húmeda, La Duelista, La Mordedora, El Pasillo, El Yoni, La Crestada, La Vasija, El Oasis, Las aguas termales, La Boquita, El Erizo, El Santo Grial, El Cáliz, La Exprimidora, La Batidora, La Regadera, La Campesina, La Ansiosa, La Infladora, La Inflamada, La Arrogante, La Dilatable, La Dilatada, La Araña, La Rosada, La Meca, La Baticueva, La Acomodadora, La Auxiliadora, La Amazona, La Codiciada, La Comestible, El Arco, El Aro, El Abismo, El Volcán, El Bebedero, El Bacalao, La Evasiva, La Deliciosa, La Suculenta, La Esponjosa, La Avispa, El pozo sin fondo, El pozo ciego, El Tajo, La Bilabial, El Coño, La Raja, El Chocho, El Conejo, La Almeja, El Higo, El Papo, El Pepe, El Potorro, El Bollo, La Castaña, La Seta, La Amapola, La Alcancía, La Cuca, La Cajeta, La Chucha, La Panocha, La Papaya, El Calcetín de Serpiente, La Foca Desdentada, La Trampa de Hombres, El Túnel del amor, La Sabrosa, La Sonrisa vertical, La Cara de Dios.”

Hay en Buenos Aires, al igual que en todas las capitales del mundo, un hombre que es famoso en el círculo femenino por ser el gran cunnilinguista. Esto que hemos visto en series norteamericanas, y que parecía un mito o una simple leyenda urbana, es en suelo porteño una atracción turística que ya cumplió más de diez años en actividad. La que lo probó lo quiso retener por siempre, y los que saben de él suelen invitarle tragos para poder escuchar algún sabio consejo o el relato de una noche a “lengua suelta”. Para encontrarlo, hombres y mujeres conocen su lista de bares preferidos, ya que además de ser bueno con la boca, es también bueno con el taco: Los 36 billares, La Academia, El Tortoni, Doctor Mazón y Jobs; nunca cambia de recorrido... como buena criatura de hábito. Se lo conoce simplemente por el nombre de Julián, y hace un par de días tuve la suerte de interceptarlo mientras salía del baño de un bar acompañado por una popular señorita del ámbito televisivo.

Según el gran experto, para realizar un innovador cunnilingus se puede utilizar un fizz, aquel inolvidable caramelo que solíamos disfrutar de chicos, y luego, “para después de una labor bien realizada”, recompensarse con un infaltable alkazelzer. “Lo demás es práctica, ritmo y algún que otro condimento personal, cómo en cualquier oficio...” me dijo mientras salía del bar acosado por su usual barra de seguidoras (se sabe que no disfruta hablando de esto con mujeres ya que opina que sus “beneficiarias” no deben conocer sus secretos). Su remera, que aceptó intercambiar por una botella del mejor whisky del lugar, tenía inscripta la lista de encantadores eufemismos que copié arriba, y que él dijo son lo primero que lee en la mañana, “para comenzar el día concentrándome en lo verdaderamente importante”. A su catálogo de cortos consejos (que se parecen más a una lista de compras) también agregó “un caramelo de menta (previamente humedecido), pastillas para la tos, una barrita de azúcar cande, miel y crema mentolada”, me pidió que no le saque fotos y me dijo que no se va a retirar hasta cumplir los sesenta, pero que de allí en adelante pretende dedicarse a enseñar. Quise indagar más pero arguyó que tenía “trabajo”. (Cabe aclarar que El Gran Maestro no cobra, sino que lo hace por pura diversión, y que nadie sabe cómo se mantiene económicamente, ya que al parecer le dedica el día entero a su arte).

Se dice del cunnilingus que es la exploración de la vagina (en latín cunnuns) con la lengua. Los pasos básicos a seguir para ser un buen lamedor (según libros versados en el asunto) son: utilizar la boca completa, manejar la lengua, concentrarse en el clítoris, entrar en ritmo, no innovar en caso de que lo que uno esté haciendo esté dando resultado, no detenerse alegando lengua fatigada, y jamás interrumpirse al comienzo de un orgasmo sino seguir hasta que la mujer en cuestión lo indique. Pero, aunque estos siete preceptos prometen ayudar a los tímidos a no congelarse en el escenario, en caso de necesitar verdadero consejo práctico y especializado, se recomienda buscar al ya mencionado “Don”, padrino de la mafia lenguera, hacedor de milagros, maestro indiscutido de la música bucal...

Fanático de otra corriente pero no por eso menos merecedor de nuestra atención, es el famoso héroe porno Ron Dick, que dice que para “lamer el tallo del loto con elegancia y eficiencia” hay al menos tres técnicas populares. La primera es la que recomienda evitar intencionalmente el clítoris por los primeros minutos, para lograr que éste se vuelva más sensitivo al ser estimulado directamente. La segunda, un poco excéntrica pero altamente eficaz, postula la innovadora “lamida abecedario”, que comienza trazando con la lengua una A, luego una B, y así hasta llegar a la letra necesaria. (El secreto de ésta destreza radica en mantener un ritmo regular y en caso de cansancio no entrar en pánico ni abandonar, sino recurrir al uso de los labios). Por ultimo, está la clásica técnica mixta que se basa en emplear la lengua mientras se estimula digitalmente el Punto G. Dick recomienda que para mejores resultados se introduzca un vibrador o consolador, y anticipa para los seguidores de éstos métodos, aplausos, vitoreos, reciprocidades, y tal vez hasta una exquisita comida casera.

Seguramente la lista de técnicas y sabios consejos irá incrementándose con el nacimiento de nuevos pussywise (así se le llama en Inglaterra a los expertos en el tema) y el devenir de la tecnología. Hoy, miles de aparatos refinados se venden para el uso personal de mujeres independientes, que no temen suplantar a sus compañeros por elementos de uso diario, sin horarios, restricciones, ni abultadas agendas emocionales; pero eso sí, no importa cuanta dedicación científica se le imprima a estos productos, nada superará al perfecto Julián en el que se pueden convertir todos con un poco de dedicación, estudio, y por qué no una larga tira de fizz.

POLIGAMIA Y OTRAS YERBAS

Hubo un tiempo en que fue hermoso. Los miembros de las tribus copulaban de manera azarosa, los caledonios y etruscos compartían a sus mujeres por ley, las chicas fornicaban al aire libre con los mejores guerreros y los sultanes competían por quién tenía el harén más populoso. Eran las épocas en las que era posible tener la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos y “hacer una torta y comérsela también”.

Dulce harén mío
Los mayores exponentes de la poliginia (un hombre con muchas mujeres que no son sus esposas) fueron los famosos harenes de los sultanes otomanos, que se convirtieron en una institución oficial en 1454 por orden de Mohammed II, y sobrevivieron hasta 1909. En ellos, las mujeres no retozaban envueltas en ropas de seda, peinándose el cabello las unas a las otras bajo cataratas de agua mineral, sino que transcurrían sus vidas de manera similar a como lo hubieran hecho en un internado de señoritas: cociendo, bordando, preparando café y siendo controladas por severas matronas que daban cuenta de su buen comportamiento. Eso sí, en el momento en el que el sultán aparecía con voluntad de ligue, todas se sumían en una furiosa competencia bailando, cantando y realizando actos lascivos para conseguir la atención y ser seleccionadas. (Se rumorea que en más de una ocasión varias de las más talentosas mujeres se frotaron sexualmente contra caballos para lograr que éstos se excitasen frente al sultán, y así él comprendiese lo eficaces que eran las caricias de esa doncella en particular). A la elegida se la depilaba, bañaba, perfumaba con cuidado y se la conducía a los fastuosos aposentos, donde luego de una noche de pasión, se le permitía llevarse todas las alhajas y oro que encontrase en los bolsillos del monarca. Generalmente éstos lugares de fantasía contaban con entre trescientas y mil doscientas señoritas, algunas de las cuales jamás experimentarían el honor de acostarse con el patrón. Varios libros están de acuerdo en que el sultán más infame fue Ibrahim, recordado especialmente por ordenar en pleno siglo XVII que todas las mujeres que componían su harén, aproximadamente tres mil, fueran ahogadas en el Bósforo.

Los serrallos también eran una conocida costumbre de los emperadores chinos. A las mujeres que habían dormido con el emperador se les estampaba una marca indeleble para evitar que retornasen a la fila. Se sabe que el surtido ideal para ellos era de una reina, tres consortes, nueve esposas de segunda categoría, veintiséis esposas de tercera categoría y ochenta y un concubinas. Con la reina se mantenían relaciones sexuales una sola vez al mes con el propósito exclusivo de procrear.

No sólo en Oriente...
En el siglo XIX el líder mormón Brigham Young tenía treinta y siete compañeras y cada noche, sin excepción, anunciaba a alguna de ellas su inminente visita trazando un signo con tiza en el marco de su ventana...

La historia nos enseña que hay razones y razones para que la poligamia esté en vigencia. En la Edad Media los gobiernos se vieron urgidos a recomendarla cuando las guerras constantes dejaron a una extensa población femenina en manos de un escaso ramillete de hidalgos. Así fue como en Alemania, en el siglo XVII, se decretó que todo soltero, menor de sesenta años, debía casarse con dos mujeres a la vez.

Por otra parte, muchos ingleses que se hicieron al mundo volvieron de oriente con la idea de reproducir los harenes en suelo británico. En el siglo XVIII, Lord Baltimore se instalo en su mansión del oeste de Londres, y sintiendo nostalgia por su serrallo oriental, lo reprodujo en detalle.

De cualquier manera, el ejemplo más famoso de poliginia en occidente es la que practicaban los mormones. Por más que ahora esta costumbre esté condenada, en el siglo XIX tuvo un periodo de auge en donde a cada familia mormona le correspondía una media de dos mujeres y dieciséis hijos. Todavía hoy se sabe de la existencia de varios intransigentes que no hacen caso a la condena de la iglesia mormona y que continúan con sus antiguas prácticas.

Las mujeres también lo hacen
Casi todas las reinas y emperatrices tuvieron harenes masculinos. Sin ir más lejos Cleopatra era famosa por su insólito apetito sexual que saciaba noche tras noche con miembros de su séquito. Se dice que varias veces mandaba matar a sus partenaires, luego de realizado el acto, para demostrarles que después de ella no había otra amante posible.

Cuando una chica toma por esposo a varios varones se lo llama poliandria. Los textos hindúes mencionan a hombres, comúnmente hermanos, que estaban casados con la misma joven. Ejemplo famoso de esto es el caso de Virkshi, la hija de un santo hindú, que se juntó con más de diez hermanos. Las prestaciones sexuales estaban regidas por una jerarquía de edad, tocándole a los mayores poseer a la novia primero y dejando a los más jóvenes a la espera de aquellos anhelados placeres. Cualquier hijo que naciera de esta unión, u otra similar, se la adjudicaba siempre al hermano mayor.

Actualmente la poliandria sigue estando en boga en la India y el Tíbet. A mediados de los años noventa apareció una nota en un periódico chino que registraba, que en una aldea tibetana, el ocho por ciento de la población vivía en matrimonios poliándricos. Se observó también una variante de poliandria en la tribu Nayar de la India en donde las mujeres tienen la costumbre de tomar por esposo a más de un hombre. Como resultado, los varones buscan vivir en compañía de sus cuñadas para asegurarse un número contundente de “sobrinos”.

A la salud de Etelredo
Lejos de Etelredo II, el indeciso, que a fines del novecientos pasó su noche de bodas con su esposa y suegra, hoy la poligamia, la poliandria y la poliginia aparecen de nuevo como la nueva droga de moda capaz de generar debate y de llevarnos aún más lejos que “Propuesta Indecente”, la popular película con Demi Moore y Robert Redford. Esta vez la cuestión no es qué dejarías que le hagan a tu mujer por un millón de dólares, sino qué estarías dispuesto a hacer, para dormir con una mujer distinta cada noche de la semana, sin decir una sola mentira y conservando la honorable institución del matrimonio.

SEXATHLÓN

Son las dos de la mañana. La pista está llena de personas bailando y tomando bebidas alcohólicas que se venden en la barra. Hasta acá todo parece normal, gente divirtiéndose un sábado a la noche en un boliche de barrio. Sin embargo, y mirando más de cerca, podemos ver que la remera de una de las chicas de la pista es arrancada de un manotazo, y que un señor, con pinta de presidente de multinacional, se baja el cierre del pantalón.
Existe en la zona oeste un lugar sin dirección, nombre ni dueño que contiene todas las bondades del mundo. Allí, y por un precio similar al de treinta litros de nafta, una persona como nosotros puede disfrutar de los auténticos placeres griegos: experimentación y variedad en una orgía que no tiene más límite que el respeto y la profilaxis.
Llegué ahí por coincidencia una noche, como en esas fiestas de los noventa en donde te daban un huevo, y terminabas en un sótano de Constitución bailando al ritmo del trance junto a una tribu de adoradores de la magia negra y una pastilla de MDMA en cada mano. En este caso, fue la providencia, o simplemente las ganas de la ciudad por demostrar que todavía tiene con qué sorprendernos, la que me llevó hasta las puertas del nuevo Edén con sede limpia, bonita y voluptuosa.
La fachada no da pista alguna (podríamos imaginarnos que allí se celebra una fiesta de quince o una reunión de amigos para festejar el inminente fin de año) pero, una vez adentro, divisaremos las famosas escaleritas que nos conducirán a un oscuro pasadizo lleno de miembros franeleros, ojos atentos y sonrisas fáciles. Para participar de la “acción” sólo tenés que acercar la mano. Si la gente que ya está involucrada gusta de tenerte como invitado todo fluirá, y si no, simplemente te alejarán con movimiento leve y efectivo. Eso es todo, a veces ponés la mano y te sumás, a vecés ponés la mano y te la sacan. Mientras tanto sabés que contás con total anonimato, ya que todo lo que se ve en este asombroso lugar se olvida antes de pisar la puerta de salida.
A las tres de la mañana parece mentira que el presidente de la multinacional no haya roto una botella sobre la cabeza del hombre de bigotes que está toqueteando a su esposa, pero nada de eso pasa, y el recinto se sigue llenando de parejas que caminan relajadas y tan naturales como en las góndolas de un supermercado. En la pista bailan, se miran, se tocan un poquito, y por último intercambian invitaciones para subir juntos a los cuartos de arriba. Una vez allí, y cobijados por la penumbra, construirán sus propias reglas para el encuentro. (Ej.: no valen los manotazos en la cara pero sí del cinturón para abajo; está prohibido golpear pero no arañar, tirar del pelo ni gritar “yuhuuu”).
A las cuatro empieza un show de striptease con dos chicas que verdaderamente saben lo que hacen. Arriba, en un silencio de susurros y palabras cortitas, un montón de gente acostada aprovecha para concretar la lista de fantasías que saca del bolsillo del pantalón: chicos jóvenes con mujeres maduras, famosos con desconocidos, jovencitas que se entregan a los brazos de hombres mayores, tríos, cuartetos, quintetos, sextetos, septetos, octetos y toda la gama de ensambles posibles. Varias parejas se separan y se encuentran en la oscuridad sin una palabra de celos ni miradas de reproche, inspiradas por la premisa “esta noche vale todo”.
A las cinco, la gente del lugar ya se conoce. Algunos repiten partenaire y se animan a intercambiar teléfonos para intentar una reunión similar en casa. Otros, exhaustos por la odisea nocturna, se quedan simplemente a observar. Una fila de chicas se arrodilla frente a un fila de chicos (en espontánea escena porno) y una pareja de habitués se manifiesta dudosa sin saber si unírseles o no. El lugar ya muestra signos de cansancio, y la puerta de entrada exhibe sus primeros desertores.
Al amanecer, en algún lugar de Buenos Aires, vos caminás a tu casa de vuelta de la disco. Mirás las baldosas y escuchás ese canto tan característico del pájaro matutino pensando que tuviste una noche de suerte (porque la chica que atendía la barra del lugar te pasó su teléfono en una servilleta desteñida y casi indescifrable). A diez cuadras, el presidente de la multinacional y su esposa estrenan una sonrisa swinger que no se parece en nada a la tuya, que no se parece en nada a ninguna otra…salvo a la del resto de los adeptos a este ámbito, reducto hétero por excelencia, ubicado en…alguna calle del Oeste.

DIVINO TESORO

Pescar salmones con las manos, sujetar la cola engrasada de un toro, no ser molestada por las abejas, agarrar a una serpiente y no sufrir sus picaduras, atravesar el fuego sin quemarse y cargar un colador lleno de agua sin derramar ni una gota, éstas son sólo algunas de las cosas que podían hacer las vírgenes de antes. Hoy, las vírgenes no tienen superpoderes. Si las tirás de un décimo piso no vuelan, si les das de comer muchos dulces engordan y si las hacés cargar un colador lleno de agua lo más probable es que tengas que ir secando el piso detrás de ellas. El único superpoder de una virgen contemporánea es mantenerse virgen.

De chicos devorábamos los cuentos de los hermanos Grimm, y otros autores por el estilo, y nos pasábamos horas recostados en sabanas de autitos o colores de princesa, mimando las palabras leídas por nuestros padres, reviviendo una y otra vez el momento en el que el caballero rompía las puertas del tenebroso castillo, y besaba a la joven recostada sobre la cama. Siempre recubierta por telas transparentes, siempre perfectamente vestida y pintada. Hoy, esa escena se reconstruye en nuestra cabeza cobrando nuevo sentido: la cama de una plaza es un diván, la chica sumida en un sueño profundo es una neurótica, y el hombre derribando la puerta de hierro para estamparle un beso seco es ni más ni menos que su psicoanalista. Pero eso sí, si nos atrevemos a levantar su hermoso vestido, al menos imaginariamente, no podremos encontrar ni una gota de sangre...

En tiempos cercanos, las tácticas para decretar la virginidad incluían toda clase de métodos poco científicos. Según el Talmud, por ejemplo, para comprobar la virtud de una mujer se la debía colocar cerca de una botella de vino abierta. Si el aroma del vino contagiaba el aliento de la muchacha, ésta ya no era virgen. En la antigua China en cambio, las jóvenes debían someterse a la prueba del “huevo de paloma”. Si éste, empujado hacia adentro por el orificio vaginal, se resistía a entrar, la susodicha era “virtuosa”, si en cambio entraba, era indudable que ya había sido estropeada.

En la cultura actual existen dos definiciones de mujer pura: “aquella que no tuvo relaciones sexuales” y “la que tiene el himen intacto”. Usualmente, la definición popular de relación sexual se limita al coito vaginal y según este parámetro, no importa cuanta experiencia tenga una mujer (cuanto sexo oral, anal o de otro tipo haya tenido), hasta que no sea visitada por un pene, que a fuerza de dedicación y destreza logre romperle el himen, seguirá siendo tan nívea como el día en que nació. De allí que tantas lesbianas sean consideradas “vírgenes”, y que tantas chicas que se rompieron el himen “montando a caballo”, “andando en bicicleta” o “saltando una cerca” no. Pero cómo si esto fuera poco, y para agregar a la confusión, hay mujeres que nacen sin himen, y otras que lo tienen tan elástico que puede estirarse durante la penetración sin romperse nunca. Por tanto la que nació sin himen jamás será considerada doncella, y la feliz poseedora de la membrana elástica será ni más ni menos que la mítica virgen eterna, el santo grial del sexo.
Pero no siempre la virginidad fue un atributo apreciado. En algunas culturas incluso, el desfloramiento se consideraba un tema bastante penoso, ya que la sangre de las vírgenes era vista como cosa peligrosa que traía impotencia y conllevaba los mismos tabúes que la sangre menstrual. Para prevenir que el pene del prometido entrara en contacto con la sangre dudosa, se tomaban medidas drásticas que incluían que el sirviente desflorara a la novia antes de la boda, que los sacerdotes le introdujeran un miembro artificial hecho de marfil, que ellas mismas se sentaran sobre el sexo de una portentosa estatua, que los futuros maridos les introdujeran dos dedos en la vagina en una ceremonia publica, que se rompiera la telilla con un diente de tiburón y hasta incluso que se dejara el desvirgamiento en manos de la madre de la novia, de otra parienta cercana o del mismísimo padre.

Hoy en día millones de jovencitas se inician a una edad en la que antes se jugaba al Lego, a las Barbies o al mismísimo Twister. Películas cómo “Kids” de Larry Clark y “Thirteen” de Catherine Hardwicke, iluminaron un poco la actualidad del tema, preparándonos para llenar las piñatas con preservativos de colores en lugar de chupetines. Es por esto que en el siglo veintiuno ver una virgen puede dejarte ciego. Se sabe de algunos que no pudieron caminar nunca más y de otros que perdieron las facultades del habla. Se conocen casos de hombres forzudos que se largaron a llorar como bebés y de grandes comerciantes que reglaron sus fortunas. No hay nadie que no se conmueva ante tan sublime espectáculo.

La doncella moderna vive entonces en un castillo hecho de piedra y se peina el cabello con un cepillo de cerdas suaves. La doncella moderna usa ropa interior de encaje, huele a rosas y se pasea distraída por jardines geométricos, la doncella moderna es cómo un personaje de un cuento de hadas, no existe fuera de tu imaginación.

LAS FELATRICES

En tiempos pasados las mujeres exploraban el arte de la felación con la ayuda de libros “de almohada” y clases magistrales dictadas por comadronas y familiares. Hoy, en los programas documentales de TV, podemos ver grupos de ayuda en donde jóvenes y maduras se reúnen alrededor de una mesa redonda para chupar una banana sin cáscara, un consolador multirracial o un pepino previamente pelado, quitándole así el amargor característico que curiosamente nos recuerda al objeto en cuestión.

No es una leyenda urbana la que cuenta que en casa de amigas porteñas, cuando se pone la noche, los vasos están vacíos, todas visten diminutos camisones de seda transparente, y acaba de terminar la última guerra de almohadas de pluma, se instalan las preguntas de siempre: ¿Te gusta hacerlo? ¿Sos buena? ¿Cómo sabes? Y si las respuestas de alguna de las participantes llegaran a ser: “sí”, “sí” y “me lo dijeron varias veces”, una corajuda, con afán superador, se animará a preguntar lo impreguntable: “Decime, ¿cuál es el secreto de la mamada perfecta?”.

“Tocar la flauta de jade”, “batir con la boca”, “chupar el mango”, hacer un “Shirley Temple” o realizar una perfecta “garganta profunda” no es tarea fácil, de hecho no hay todavía solución alguna al interrogante postulado por las chicas, ya que cómo advierte el dicho irlandés “No hay mamada perfecta sino perfecta mamadora”...

Shirley Temple mon amour

La técnica Shirley Temple, que consta de lamer el pene como si éste fuera un chupetín, es un punto ideal de partida para jóvenes o inexpertas debido a que es casi imposible producir daño por equivocación o vivir alguna situación penosa del estilo de mordidas, arcadas, raspaduras u otras contra indicaciones. La “Garganta profunda” en cambio, no es para novatas, ya que el ideal requiere que el genital masculino y la garganta se alineen para realizar una penetración completa que puede resultar compleja y hasta agotadora. Esto pude lograrse con verdadero éxito si la parte receptora descansa en la cama fuera del borde del colchón, y es aún más placentero si la que lo practica realiza ejercicios de deglución al mismo tiempo. Pero cuidado, la protagonista de la película que da nombre a ésta destreza, llegaba a éstos extremos sólo porqué aseguraba tener un clítoris en la garganta, para todas aquellas que no lo tengan se ruega moderación y entrenamiento. Algunos recomiendan ejercitarse introduciendo un dedo o el mango del cepillo de dientes, otros postulan la importancia de “pensar pensamientos alegres” justo en el momento de la última estocada, pero eso sí, todas las recomendaciones apuntan a lograr el manejo del desdichado reflejo de vomito, y así evitarse caras de “estoy chupando un limón” justo el día en el que finalmente habían decidido filmar la primera película casera...

Arte Egipcio

Según cuenta la leyenda, el primer “trabajo bucal” tuvo lugar en el Antiguo Egipto. El dios Osiris fue despedazado por su hermano, quien arrojó sus pedazos al río. Su hermana Isis recuperó su cuerpo y pacientemente lo ensambló, pero por más que buscó y buscó, no logró encontrar el pene de su querido hermano y se vio obligada a reemplazarlo por uno de arcilla. Por último, y sin duda o vergüenza, Isis le devolvió la vida chupándole el miembro hecho de tierra...

El Kama Sutra dedica un capitulo entero a este arte que recibe el nombre de auparishtaka o “reunión bocal”. De acuerdo con éste tratado absolutamente todos gozaban entregándose a ésta práctica, los sirvientes la ofrecían a sus amos y hasta las barberías tenían eunucos que se dedicaban en forma exclusiva a ello.

En la Antigua Roma la felación estaba considerada como una multa en caso de ofensas menores, como por ejemplo los pequeños hurtos. Así, el culpable estaba obligado a ponerse de rodillas y esperar a que el romano de pie le introdujese el miembro en la boca. Este acto se conocía como irrumatio.

En una tribu de Nueva Guinea un ritual de iniciación exigía que los varones practicasen una felación a los guerreros de la tribu. Así, la virilidad y la potencia de los mayores era transmitida a los más jóvenes a través del semen.

La historia del pingüino

Uno de los secretos mejor guardados por las expertas en el rubro es el de las cremas mentoladas, cuyo “frescor” aumenta considerablemente la sensibilidad del pene. Al parecer el efecto “halls mentholiptus” vuelve tan locos a algunos hombres, que varios hoteles europeos han tenido que prohibir su uso dentro de las inmediaciones por “dificultar la convivencia entre huéspedes”. Aquí, en la Argentina, ésta técnica no a sido todavía popularizada, pero se espera que sea furor en el otoño que viene.

Por lo pronto, un grupo de interesadas porteñas, autodenominadas “las del montón”, ya han encargado a Estados Unidos un container lleno de la mejor crema mentolada que existe en ese mercado...

Los mandamientos

Algunos dicen que lo esencial es mirar a los ojos, otros que la práctica hace al maestro, pero he aquí las reglas de oro para el sexo oral según Paul Toole, profesor de sexología del instituto Middland, de Montreal, Canadá, resumidas en una frase simplista al final de su exitoso ultimo libro “Blow Job, a real job”: “No innovarás demasiado, encontrarás lo que más le gusta, mantendrás el ritmo y por sobre todas las cosa, y, pase lo que pase, jamás abandonarás la labor hasta no haberla terminado”.

En la antigüedad se decía que quien gobernara el acto de la felación, gobernaría el cosmos. Hoy se rumorea que las mejores felatrices del mundo se reúnen una vez al año en las principales capitales, y desde sótanos ocultos, planean la conquista de la humanidad...

LOS TRAPITOS AL SOL


Si estás harto de la ropa. Si los pantalones de verano te pican y no le encontrás sentido al uso de la musculosa. Si estuviste todas las vacaciones de verano en Buenos Aires y ya te acostumbraste a respirar a cuarenta grados, no te preocupes más: sacate las medias, los zapatos, y el traje y dejalos delicadamente en un bollito al lado tuyo. Ahora, ya estás listo para convertirte en un ser nudista.

A fines del siglo diecinueve se presentó en Francia Le coucher d`Yvette (La Cama de Yvette) obra teatral en que una jovencita se sacaba la ropa lentamente con la intención de encontrar una pulga que se había escabullido entre sus prendas. En 1912 apareció la primera mujer totalmente desnuda en un escenario, era una corista de la compañía parisiense Folies-Bergére que causo un escándalo gigantesco... pero desde ese día en adelante ya nunca nadie pudo detener el poder del desnudo. Se especula entonces que en ese mismo momento nació el arte del striptease, y se empezó a asociar al cuerpo despojado de vestimentas con algo exclusivamente vinculado al mundo pornográfico... pero en su rescate vino el nudismo.

El nudismo porteño está lejos de ser una utopía. Varios lugares implementaron esta filosofía con el objetivo principal de promover el naturismo en todas su expresiones: respeto por el medio ambiente, tanto visual como sonoro; una convivencia más democrática en donde la vestimenta no imprima diferenciaciones sociales; la noción evidente de que estar desnudo es más cómodo que estar vestido; el desarrollo del concepto del cuerpo como un todo (en vez de separar algunas partes como indeseables y vergonzosas); y por sobre todo el ansiado efecto de libertad. Estar desnudo es una experiencia liberadora, y si no, preguntale a los cientos de argentinos que se animaron a sacarse el traje...


Según el crítico de arte James Laver una campesina árabe, encontrada en los campos sin su velo, pondrá su falda sobre su cabeza, exponiendo de este modo, lo que para la mente occidental, es una mucho más avergonzante parte de la anatomía. En la Francia del siglo dieciocho, mientras cavados escotes eran frecuentes, era inadecuado exponer la punta del hombro. En la China pre-revolucionaria era vergonzoso para una mujer mostrar sus pies, y en Japón, la parte trasera del cuello. Pero como dice la Federación Naturista de Quebec: La naturaleza no es sólo árboles, también es nuestros cuerpos. En los 205 Argumentos en favor del Naturismo los puntos 93 y 94 dicen lo siguiente:

-Desnudo uno se siente parte de un lugar natural, vestido es un observador.

-El nudista es más sensualmente consciente, porque la desnudez aumenta su sensibilidad, y su experiencia sensorial.

En Argentina hay diversos lugares que adoptaron la interesante modalidad naturista, pero están divididos por estrictas reglas de convivencia que los separan básicamente en dos grupos: los que fomentan más que nada la relación de los individuos con sigo mismos y su medioambiente, y los que además permiten la actividad sexual dentro de los predios.
Ejemplo de los primeros son lugares del estilo del Eden en La Reja y Yatan Rumi en Córdoba, ambos de nudismo familiar; y Paraíso Escondido en Ing. Maschwitz, Natural-Mente en Moreno y Águila Blanca en Villa Ciudad América, los tres exclusivamente para adulto. Todos estos sitios respetan las normas del Nudismo Naturista y sus reglas de convivencia dicen algo así como Toda actividad o acto de tipo erótico, practicado o insinuado, es ajeno a los propósitos del naturismo. Los invitados que incurran en ello serán sancionados o incluso dados de baja del grupo. Lugares como estos incitan a todos los estresados del país a tratar de encontrar la paz y la armonía en hermosos sitios rodeados de naturaleza, sin presiones ni pretensiones sexuales.
En cambio, para los que estén buscando otro tipo de experiencias, un lugar que permite que sus huéspedes interactúen sexualmente es el Campo Nudista Palos Verdes, en Moreno. Una comarca con un enorme lago artificial con forma de río denominado “Río de los Sueños”, y vegetación sumamente cuidada que ofrece servicio de buffet y bebidas, a donde van liberales de todo el país a divertirse tras las grandes matas de arbustos, y que está abierto los siete días de la semana. Las márgenes del lago se encuentran totalmente pobladas de lirios amarillos que florecen de septiembre a noviembre y dentro de él se pueden encontrar peces laguneros como tarariras, morenitas, bagres y anguilas. También cohabitan, aunque muy escurridizas a la vista de los visitantes, tortugas de agua, nutrias y algunos carpinchos, convirtiendo este fabuloso predio en un salvaje hábitat sensual en dónde cumplir las más ecológicas fantasías.

Si ninguna de estas opciones es para vos (porque estás no solamente estresado sino que tu cuello se quedó duro de un día para otro, agotaste todas las opciones de la pagina SerNudista.com.ar, y más que nada necesitas conectarte con tu propio cuerpo) no te desesperes, siempre está la posibilidad de practicar Yoga Desnudo. Podés elegir entre clases sólo para hombres, mixtas o en pareja. Y así, de un día para otro, vas a estar haciendo el saludo al sol como Dios te trajo al mundo...

LOS CAZADORES DE INFIELES

Tal parece que la nueva tendencia mundial es contratar servicios de taxi para pescar in fraganti a los cónyuges. No disimule, atrás, media cuadra a la derecha, puede llegar a estar su mujer o su marido en el coche negro y amarillo; el cartelito rojo estará apagado, y adentro, acurrucado en el asiento trasero, irá ese sujeto al que usted alguna vez le dijo: “sí, quiero”.

En el manual Adúlteros, y cómo pescarlos en taxi (traducción bastante libre del título original en inglés: “Cheaters, wheels and my wife”) se desarrolla la estrategia actualmente conocida como “cab hunting” (cazando en taxi). Aplicándola de manera rigurosa, esta práctica asegura resultados casi instantáneos: “dos cucharaditas de traidor y un litro de voluntad detectivesca sobre ruedas, dan como resultado una cabeza disecada colgada en tu pared”, o al menos eso dice el prólogo, que cuenta las razones de su autor para dedicarle cuatro años de su vida a este volumen.

“Una cálida mañana de primavera caminaba por Central Park junto a Sony, mi fiel San Bernardo, cuando vi un llamativo auto deportivo con una dama al estilo Audrey Hepburn, usando pañuelo para proteger su peinado del viento. En el semáforo, ella y el conductor de besaron fogosamente y después de que él arrancó acelerando con un chillido, el pañuelo de ella vino a parar al piso delante mío. El trapo había sido herencia de mi madre búlgara... la mujer del auto no podía ser otra que mi esposa. Desesperado paré un taxi. No tuve que pedirle que me dejara sentar al perro, el taxista, conmovido por mi complexión, apretó el acelerador sin decir una sola palabra. (Había visto la escena desde su ventana, y no era la primera vez que levantaba a un marido desesperado....)”

Evidentemente, y por lo minucioso del libro, el autor desarrolló una obsesión por el “cab hunting”, nombre que el mismo le dio al método luego de descubrir a su mujer en pleno acto sexual en un teatro de off Broadway, ayudado, incansablemente, por el amable conductor del vehículo. Se rumorea que desde entonces, al menos en la ciudad de Nueva York, el uso de taxis ha subido misteriosamente en un ocho por ciento...

El libro (que también trae los mapas de las principales ciudades del mundo) tiene 320 hojas, una tapa que rinde homenaje a los colores de los autos protagonistas, y entre sus centenares de consejos recomienda lo siguiente:

1- Usarás peluca y anteojos. Si sos mujer optarás por un modelo de lentes María Calla, si sos varón, elegirás unos Ray-Van con dejo setentista.
2- Vestirás ropa que no sea de tu propio guardarropas o piloto de color oscuro, al estilo de las películas norteamericanas de la Guerra Fría.
3- Pagarás por el día entero, por adelantado, no importa si toma una o diez horas.
4- Te asegurarás de que el chofer sea el adecuado, premisa que se confirmará si él:
a. Es capaz de cubrirte con una manta cuando, en un rapto de locura, decidís arrancarte la camisa y mostrarle tus pechos, jóvenes y turgentes, a la amante madura de tu esposo. (Al ritmo que le gritas “¡contra esto tenés que competir, perra inmunda!”)
b. En caso de que saque un rollo de cinta embaladora y tape la boca de tu mujer justo cuando ésta esté por balbucear frases del estilo de “te juro que no es lo que parece” mientras yace desnuda junto a todos tus compañeros del “picadito del domingo”.
c. Si está dispuesto a atestiguar que vos, princesita dolida o esposo cariñoso, decís la verdad con respecto a lo visto y merecés percibir el cien por ciento de los bienes comunes.
d. Si no acepta el fajo de billetes que le tirás al asiento de atrás cuando, terminado el recorrido, te bajás del auto en un estado deplorable.
5- Llevarás una foto de cuerpo entero de tu cónyuge, que será muy aprovechada en caso de que el chofer tenga que entrar en algún lugar a dónde vos, por tu presencia delatora, no tengas acceso. (Como por ejemplo un club de tenis exclusivo en donde los socios se aseguran de que sus esposas sean interceptadas por los de seguridad).
6- No portarás en tu bolsillo o cartera demasiado dinero. (En casos cómo éstos uno tiende a revolear la billetera llena de dólares, ahorrados durante toda la vida, para coimear al conserje de un motel anhelando que éste nos de el número de habitación de la/el infame, cuando el conserje lo hubiese hecho por escuetos cuarenta pesos).
7- En caso de cumplir con la misión, y atrapar al otro en indeseada compañía, restringirse de cualquier tipo de violencia y recurrir inmediatamente a
A- El abogado. En caso de desear venganza económica.
B- La casa de algún antiguo objeto de deseo. En caso de buscar venganza emocional.
C- El hogar de alguna amiga o amigo cercano. En caso de buscar contención eficaz.

Siguiendo estos puntos del manual, ahora best seller en todo Estados Unidos y traducido ya al Alemán, Francés, Italiano, y esperemos que pronto a nuestra lengua materna, se garantiza la correcta persecución del tramposo. Y aunque nadie quiere ser el que necesite comprarlo, no está de más echarle una ojeada al resumen del primer capitulo. Para eso, sáquelo del anaquel de cualquier librería, cubra la tapa apoyándolo en una de las mesas de lectura, y memorice la premisa que da comienzo al libro, en parte robada del mismísimo Proust, en parte articulada por el escritor del volumen: Sucede que en la vida uno encuentra inocente el desear y atroz el hecho de que otro desee... pero cuando mi mujer es la que desea, ¡no me queda otra que parar un taxi!

SOBRE POCIONES Y EMBRUJOS


“Un antiguo sortilegio hindú para prolongar la erección consistía en fabricar una vela con grasa de rana. Una vez encendida, se suponía que la erección duraría lo mismo que la vela en consumirse....”

Tiempo atrás, miles de hombres desesperados comparecieron ante tribunales de toda Europa. Debían bajarse los pantalones ante público juicioso y si no lograban producir una erección, podían ser abandonados por sus esposas con todas las de la ley. Desde ese momento en adelante la importancia de los afrodisíacos se hizo cada vez más substancial, y el pequeño juego de laboratorio de decenas de niños se convirtió en “cosa seria”...

El afrodisíaco más famoso del mundo es la mosca española, un insecto que anda suelto por el sur de Europa, y que ya era muy popular entre los antiguos romanos. Sin embargo, cayó en el olvido por muchísimos años hasta que se redescubrió en el sigo dieciocho convirtiéndose en explosiva moda. Mas para que no salgamos corriendo a buscar al insecto, y a continuación intentemos diluirlo en eficiente tónico, es pertinente saber que la mosca española es una sustancia muy tóxica que ingerida en una dosis de 1,6 gramos puede resultar mortal. En 1758 un francés murió horas después de que su mujer se la hubiera administrado para calmar una simple fiebre. Según los informes médicos, el hombre tuvo una erección permanente e intento copular con su esposa 40 veces en una misma noche. Finalmente, murió luego de ser envuelto en sabanas llenas de vinagre, utilizadas para tratar de aplacar su ansiedad. Otro registro de tragedia afrodisíaca surge en el siglo diecinueve, cuando un grupo de soldados franceses adolecieron de erección permanente luego de alimentarse de unas ranas que habían a su vez ingerido al insecto del que se elabora el afrodisíaco, un escarabajo urticante conocido como cantárida. Este animal contiene una sustancia llamada cantaridina que es a menudo utilizada para eliminar verrugas...pero que cualquier hijo de vecino no dudaría en ingerir dos veces en caso de necesitarlo en la cama.

En la antigua Roma el polvo de huesos era considerado un gran “ayudante”, al igual que llevar el testículo derecho de un burro en un brazalete. Mientras que en China se mezclaba sangre de ciervo, semen humano y excremento de halcón. En java era costumbre colgar dos genitales de cocodrilo en la cabecera de la cama cuando un hombre maduro se casaba con una jovencita, y a comienzos del siglo diecinueve era bastante normal que las campesinas francesas conservaran la placenta de su hija para luego utilizarla como poción para el amor.

Por suerte para los habitantes del siglo veintiuno todos estos dudosos encantamientos dejaron paso a un preciado fármaco que modificó la sexualidad de generaciones enteras: el “adorado por los hombres de todas las edades”, venerado por señoritas de buenas y malas intenciones, y siempre listo, Viagra. En un principio este maravilloso medicamento fue fabricado simplemente para aumentar el riego sanguíneo del corazón, pero pronto se hicieron manifiestas sus propiedades “extras” y fanáticos de todo el globo corrieron a pedir recetas a sus médicos de cabecera. Se sabe que actúa relajando algunos tejidos del pene gracias a un mayor flujo sanguíneo, y que como entra más sangre de la que sale el miembro responde inmediatamente. Se ha demostrado también, aunque aún no se ha popularizado lo suficiente, el gran efecto que tiene sobre la sexualidad femenina. Y así, sin ollas, cucharas de madera ni brujas con lunares en la nariz, parejas de todas las edades han reduciendo a una simple ingesta, años de tradiciones escatológicas.

Pero así como existen los afrodisíacos, coexisten los anafrodisíacos, utilizados desde el principio de los tiempos para refrenar el “censurable” deseo sexual. En el antiguo Egipto una de las maldiciones más temidas de los adivinos era que a un hombre se le transformase su virilidad en rocío cuando estuviera en presencia de la persona amada. Mientras que un encantamiento europeo rezaba que si se colocaba un pedacito de verbena bajo la almohada de un varón, a éste le sería imposible tener una erección por el período de una semana. Una historia escocesa del siglo diecisiete cuenta que “un hombre descubrió un día que su pene se había ido de forma mágica, y preguntó a la bruja local que debía hacer para recuperarlo. Ésta lo instó a que se subiera a un árbol en el que le aseguró que había encontrado un nido lleno de ellos; el hombre podía elegir el que quisiera, salvo el más grueso, que pertenecía al párroco de la localidad”.

En el siglo trece el médico del papa Juan XXI dictaminó que una excesiva apetencia de placer podía curarse atando, con un tallo de cicuta, los testículos de un hombre o bañándolo en aceite de alcanfor; y algunas otras curas de la época consistían en comer raíces de lirio... remedio muy común entre frailes y monjas. Además, aunque parezca producto de una imaginación morbosa, se sabe que toda la industria de cereales se basó en la intención de moderar el impulso sexual. El doctor Kellogg (hermano del fundador de la compañía) concibió los cereales como una opción suave y vegetariana que se opusiera “a los más excitantes huevos con jamón”. El doctor estaba tan orgulloso de los cereales que llegó a recomendar que se administrasen enemas, en caso de no poder ingerirse.

Si pensamos que la historia es cíclica, no podremos evitar una mueca de desagrado al imaginar todo lo que todavía nos tocará sufrir para poder tener una vida sexual plena, pero como reza el dicho: “todo es valido en el amor y la guerra” y así, sin más, anticipamos la mezcla del caldero y empezamos a pensar en dónde se pueden conseguir alas de murciélago, huevos de ave prehistórica y dientes de león...

COMO UN MARINERO COREANO

Los cabarets de mar del Plata tienen un no sé que, pero sobre todo guardan una política muy clara: no se permiten mujeres a menos que éstas estén allí para trabajar, “no vaya a ser que sean esposas celosas buscando pruebas fehacientes”. Pero, escapando a las generalidades, y a las chicas que cada media hora bailan en los palos recogiendo billetes de dos pesos, hay un cabaret en especial que se toma las cosas aún más en serio. Un punto geográfico que como un faro atrae al marinero a casa sano y salvo, famoso por ocuparse de “nutrir y entretener” a un target bien específico: los marineros coreanos. Una fría noche de invierno, en medio de una sudestada digna de barco naufragando en película estadounidense, logré infiltrar a un espía. El siguiente, es sólo un fragmento de este mundo que existe fuera de la ficción...

El lugar es un espacio amplio iluminado por bombitas azules y rojas, con barra tradicional, mesas y sillas altas, señoritas que también bailan cada media hora en el palo por billetes de dos pesos, y mozos que se ocupan de que a nadie le falte un trago, mientras promocionan los atractivos de las jovencitas con frases del estilo de “es la piba más disciplinada que vas a conocer en tu vida”. Pero, yendo para el fondo, la cosa cambia...

Alineados unos al lado de los otros descansan cuartos secretos en donde acontece la verdadera acción. Al espía se le ocurren miles de ideas: ¿serán calabozos en donde hombres vestidos en látex lamen las botas negras de rubias voluptuosas? ¿Habrá cruces de madera en donde indefensos serán crucificados por placer SM? ¿Descansarán en fila decenas de cuarentones disfrazados de bebés con mujeres que juegan a ser sus niñeras, cambiando pañales una y otra vez y aplicando talco en las zonas sensibles? Sin embargo, las sospechas del infiltrado están lejos de coincidir con la cruda realidad. Atrás de las puertas, cobijado del ruido exterior, existe un universo paralelo en donde los cansados marineros pueden exorcizar sus demonios de altamar, entregándose noche tras noche al más moderno de los pecados: el karaoke.

Nunca nos hubiéramos imaginado, cuando surcábamos la noche marplatense en busca de primicias, que íbamos a dar con la famosa leyenda urbana del kabareoke. Lugar a donde los navegantes coreanos realizan sus salidas higiénicas cantando en pequeños cuartos mientras compañeras profesionales halagan sus tonadas una y otra vez. “A los orientales les va más que nada una mujer que los respete y que los haga sentir que cantan mejor que nadie, eso y que no sean demasiado voluptuosas...” repite el dueño con un trago de cortesía en la mano. Los cuartos están llenos de marineros ávidos, que bajo los efectos hipnóticos del alcohol, cantan temas que recorren la discografía de los ochenta: “The Power of Love” (“la de Volver al Futuro”, como decía a gritos un marinero con remera de la selección Argentina), Take my breath away (“la de Top Gun”, gritaba el mismo fanático desde una silla reclinable con una chica arrodillada a su pies adulando su buen gusto). Y después, una lluvia de clásicos intepretados con entusiasmo adolescente: Smooth operator, Wake me up before you Go Go, I Feel The Earth Move, Never Gonna Give You Up, Girls Just Want To Have Fun, I Wanna Dance With Somebody (Who Loves Me), Voyage voyage, Everybody Wants to rules the world, Do You Really want To hurt Me, Oh L'Amour y un final a todo trapo con un viejo lobo de mar, de pelo anaranjado y sin camisa, cantando en falsete Eternal Flame.

El espía sigue atento aunque en las últimas dos horas ha tenido que cantar con el grupo para no levantar aún más sospechas. ¿En qué barco trabajaba? ¿Por qué no era coreano? ¿Era la primera vez que venía? ¿Por que el organizador, que nunca introducía extraños en los cuartos, lo había designado a esa “cuevita”?, ¿Qué ruta marítima estaba siguiendo?, ¿Era casado o soltero? Al parecer, los habitués no eran tan callados como le había dejado entrever el dueño del lugar.

Tres horas y media más tarde, ronco por gritar estribillos en fonética, angustiado por presenciar todo tipo de aberraciones musicales, transpirado por copiar coreografías asiáticas, y deserotizado por observar como las muchachas se iban apagando bajo el resplandor de la verdadera luz del sol, el espía sale y confirma mis sospechas: de los siete marineros que había en el cuarto, sólo uno disfrutó de verdadera relación sexual, el resto, tal y cómo lo había adelantado el anfitrión, se conformó con recibir cumplidos musicales. ¿El más usado?, “¡Sos el dios del rock and roll!”...

PORN WEEK

Aburridos de los safaris por el África, las vacaciones en islas paradisíacas, los viajes-aventura escalando montañas y las escapadas de ski, ejecutivos, profesionales, parejas, fantasiosos, fans, solteros y solteras de alrededor del globo soñaron el sueño imposible: gozar de los privilegios de pertenecer a la elite más políticamente incorrecta del mundo. Y así, justo cuando todos pensábamos que la industria del cine para adultos ya no podía darnos mayores sorpresas, aparecieron los paquetes llamados Porn week, destino preferido de cientos de excursionista devenidos espectadores de una función continuada de triple X. Desde el 2002, y por un mínimo de dos mil seiscientos cincuenta dólares, una persona común puede convertirse, por el lapso de una semana, en un miembro de la Familia Real del porno.

Majestuosas locaciones, decenas de estrellas y la filmación de una verdadera película Hard Core, son sólo algunos de los highlights del folleto de viaje. Folleto que también incluye “todo el voyeurismo que uno pueda realizar” y la actuación, en calidad de extra, en alguna de las escenas grupales de la película en cuestión. Allí, protegidos por toda la parafernalia “oculta identidad”, únicamente nuestros viajeros sabrán que fueron “el enmascarado número dos que sostuvo la nalga izquierda de la actriz rubia que se subió encima de aquél monstruo dotado”, “el campeón que vestido en túnica larga y capucha del mismo color grito cien veces cuando el protagonista decidió girar a la actriz para aprovecharla por detrás”, “el suertudo al que le tocó vestirse de sacerdote para la escena del confesionario en dónde todas las mujeres de un pueblo ruso deciden confesarse cómo dios las trajo al mundo”...

Lo que sí puede resultar desalentador, para algunos fans del gendre, es la excesiva transparencia de los procedimientos. Ya que todos, absolutamente todos, pueden ver exactamente cómo se hace para filmar una verdadera escena sexual de veinte minutos. Y vaya sorpresa que algunos se llevan, al darse cuenta de que para ello hicieron falta: cuatro horas de película, cientos de tomas, numerosos descansos, mediciones de luz en inoportunos momentos en dónde uno preferiría cortarse un dedo de la mano, revulsivos enemas, mujeres especialmente contratadas para ayudar a los protagonistas masculinos con sus erecciones (que los persiguen por todo el plató tocando una flauta de madera y esperando que los miembros se yergan cómo culebras obedientes para luego ser desterradas por siempre jamás), vestuaristas y maquilladoras vestidas en joggin que se acercan a retocar a los actores y actrices en el medio de la mejor parte, miles de gritos del director en un “idioma porno” incomprensible para el oído humano, hombres que no logran ponerse duros y hacen que se posponga la escena por tiempo indefinido (hasta que finalmente la talentosa estrella femenina decide dejar de esperarlo en cuatro, se pone los pantalones babucha y la remera de bambula y se va a su cuarto a leer Proust), barberos de “interiores”, barberos de “exteriores”, manicuras, peinadoras, iluminadores, eléctricos y decenas de empleados de otros rubros que dificultan la limpia visual del devoto mirón. En resumen: una catarata de impedimentos que no son suficiente razón para dejar de pagar el porn ticket y subirse a esta experiencia sumamente enriquecedora que una vez finalizada dejará al turista satisfecho, colorado y flaco por el deporte... casi como unas buenas vacaciones en el Club Med de Itaparíca.

Se rumorea por estos pagos que una de las semanas del porno más exitosas del mundo se llevó a cabo en un castillo de Inglaterra de características similares al de la famosa novela erótica “Historia de O”. Dentro de la fortaleza un grupo de vacacionistas se deleitaron con la cercanía que había entre ellos y las bellas intérpretes, que hora tras hora no mezquinaban garganta entonando fielmente su canción: “dámela de nuevo”, “dámela ahí”, “dámela ahora” (pero en inglés). Se sabe también que aunque la ambientación era digna de la última película de Stanley Kubrick, “Eyes Wide Shut”, no se tejían intrigas ni se temía a la muerte sino que en cada cuarto se reproducían las orgías más elegantes e indisciplinadas que la campiña inglesa pudo conseguir. Al mismo tiempo, y siguiendo el rito del viajero Japonés, los visitantes se plantaron en el set de filmación para sacar una torrencial lluvia de fotografías, tratando de disimular el irrebatible color rojo que asomaba en sus mejillas cada vez que el director gritaba “acción”.

Nunca está demás comentar que, aunque está prohibida la interacción en cámara entre pasajeros y staff, no hay letra chiquita en los contratos que restrinja lo que se puede hacer cuando la jornada de rodaje llega a su fin...

LA GUERRA DE LOS TRAPITOS


El fenómeno de las muñecas inflables, amantes respetuosas, calladas, complacientes y siempre listas, ha generado cierto revuelo entre las mujeres de carne y hueso. ¿Cómo hacer para competir con estas chicas sin edad que están dispuestas, a toda hora, a dar el sí mudo sin peros ni reclamos? Su textura, libre de detalles toscos y costuras evidentes, es tan parecida a la piel humana que amerita el precio desopilante que hay que pagar por comprarlas y entonces, tarde o temprano, a alguien se le iba a ocurrir un negocio mejor…
Ahora, en Japón, facturando millones y millones de yenes, está el boom del doll-rental, alquiler de muñecas por hora, día o semana por una suma similar a la que cobran las prostitutas en burdeles y calles. Con el plus del vestuario a elección, como las míticas Barbies que siempre quedan bien en cualquier trapito, las “trabajadoras” de diversas empresas son capaces de hacer cualquier cosa por facturar para sus dueños.
Pagando el transporte que te las acerca hasta hotel, departamento u otro lugar a elección, podés inclusive optar por hacer un Ménage à trois, ya que empresas tales como Color Doll, pueden enviarte el “juguete” acompañado por una verdadera señorita, para que entre las dos concreten tu postergada fantasía de tener a dos chicas en la cama. Liberando así, a millones de adolescentes japoneses, que ahora pueden tachar de su lista de quehaceres universitarios el renglón que decía: “hacerlo con dos muchachas a la vez antes de cumplir los veintiuno”.
Tanto se expandió la industria “muñequera” que en Tokio ya existe el burdel especializado. Habitaciones con baño y amantes de látex pueden ser tuyas por menos de cien euros el turno. Esto suscita una larga lista de preguntas tales como: ¿estoy engañando a mi esposa si lo hago con una muñeca? ¿Puedo seguir diciéndole muñeca a mi mujer o me puede acusar de equivocar su nombre con el de “la otra”? ¿Puede una muñeca quedar embarazada de otra muñeca? ¿Puedo enamorarme de una muñeca? ¿Está bien que algo que tiene cómo sinónimo muñequilla, monigote, juguete, muñeco, marioneta o figurita pueda provocarme tanto placer?
No cobran sueldo, no se quejan, no faltan a trabajar, no tienen vacaciones ni contraen enfermedades, jamás son lastimadas por los practicantes del sexo fuerte, no tienen “días difíciles”, no quedan embarazadas, no piden el derecho de elegir a sus clientes, nunca se ven cansadas, desarregladas, ni hablan de más. Para algunos son la mujer perfecta, para otros son sólo otro paso hacia la realidad sexual representada en El Dormilón de Woody Allen, pero eso sí, para los empresarios del mundo son la promesa de billones y billones por venir.

LUB ME BABY


A la hora de elegir un método anticonceptivo, la población del siglo XXI se extraña y se lamenta por tener las mismas opciones que la del siglo pasado. ¿O es que acaso ya se ha inventado el método hipnótico anti-bebé que salvará al mundo de la rabieta de los que "se cuidan"?
Demasiados métodos hormonales traen como contraindicación la sequedad del área privilegiada femenina y es por esto por lo que se debe recurrir a la embadurnación de la zona para evitar penosos forcejeos y resultados irritantes. La crema Acrea, como tantas otras de su misma línea, pretende dejar a la mujer lista y humectada para recibir al interesado. Sin embargo su efecto se acerca demasiado al del vic vaporub, despidiendo un olor similar y produciendo una sensación equiparable a la del Halls mentholiptus (casi como si una se hubiera restregado la pomada china del tigre en el lugar equivocado). Así, la mujer primeriza, nota con cierta pavura que su propio genital se siente más "refrescado" que optimizado para el acto sexual. Pero a veces, simplemente, no hay más escapatoria.
Contrario al pensamiento popular (que suele asociar los lubricantes con la penetración anal) el gel íntimo puede ser una respuesta rápida y efectiva en diversas instancias. Ej.: en caso de "momento lija" rompa el sobrecito y aplique una cantidad razonable de lub en:
- Dos dedos (y esparza suavemente en el área femenina)
- El preservativo (con un movimiento rítmico de arriba hacia abajo) justo antes de la introducción del pene. ¡Admire los resultados con gesto de satisfacción y recuerde que mimarse es todo!
Pero en caso de que no esté satisfecho y opte por cambiar de método anticonceptivo (para dejar de comprar el lub en la única farmacia de turno que está abierta los jueves a las cinco de la mañana), no lo haga antes de repasar por décima vez la lista actualizada que dice así:
- El famoso “de los días” que dejó a más de uno corriendo al ver el calendario después de acabar, sacando cuentas matemáticas inverosímiles para apoyar su hipótesis de que “estamos salvados”.
- El de Billings, o del moco cervical, que precisa que todos estemos pendientes de la consistencia del flujo estilo “clara de huevo” de la mujer. Promoviendo que llevemos, en nuestro bolso de mano, elementos similares a espátulas de cocina o guantes de látex para testear el flujo en el recreo del almuerzo, justo antes de comernos un sándwich de queso y tomate.
- El método “de la temperatura”, que nadie sabe ni sabrá usar jamás. Salvo en las películas norteamericanas, cuando una mujer que quiere quedar embarazada está esperando a su marido con el termómetro en la cama mientras él está atorado en un puente de Manhattan peleándose con un taxista pero por suerte pasa un policía y luego de un breve “mi mujer está con la temperatura correcta señor oficial” tres motos escoltan al protagonista a los brazos de su mujer y entonces hacen el amor y conciben al bebé más estresado del mundo.
- Y por último el “De Interrupción” o Coitus interruptus, más conocido como “¡Te dije que la saques ya, maldita sea!”.
(Después de repasar estos cuatro métodos no estará desquiciado si piensa que deberían ser agrupados bajo el título “a la buena del señor”.)
Por otra parte, tenemos los instrumentales: aquellos que el hombre supo conseguir:
- El Condón masculino: con olor a chicle, con gusto a banana, a chocolate, a frutilla, a manzana, a durazno, con lubricante, que brilla en la oscuridad, que tiene tachas, que usa espermicida, que es extra fino (cómo si alguien quisiera comprar alguna vez el extra grueso), transparente, que tiene lados paralelos, que viene lubricado con un gel especial que retarda la eyaculación precoz, extra pleasure: lubricados con silicona para los que prefieren “acción natural” (¿vs. los que quieren que el acto sea como sacarse un sweater de lana después de ser sorprendido por una tormenta?) y todo el resto de las opciones que ya conocemos.
- El Condón femenino (o femidón) y El Diafragma con espermicida.
- El Dispositivo Intrauterino, DIU o espiral. (Sólo propongo que levante la mano el que no es hijo de uno de esos).
- Espermicidas en forma de gel, crema, espuma, supositorios vaginales y esponja. (Se sabe que el contrabando de esponjas desde Estados Unidos fue famoso en la época menemista).
- Inyección hormonal (la ultra poderosa) y el implante subdérmico (que cuando no está evitando el embarazo lanza telas de araña).
- El parche color piel que nunca se puede poner dos semanas en el mismo lugar, que hace lucir a todas las mujeres como adictas al tabaco en recuperación, que al igual que la pastilla suele ser íntimo amigo del lub y que es imposible de esconder durante el verano.
- Y por último la solución final: La Vasectomía y La ligadura de trompas.
Después de ver de nuevo esta lista aberrante de productos que usamos para evitar la concepción es natural que necesitemos la ayuda de lubricantes para soportar, estoicamente, nuestro destino trágico de años y años de sexo seguro por venir. Entonces, no queda más remedio que acostumbrarse a oler rico, “y me refiero ahí abajo”, cómo dice una afroamericana entusiasta en el capítulo de Los Simpsons en el que Homero es invitado a un talk show.

EVERYBODY WANTS YOU WHEN YOU´RE BI



Identidad sexual: es el más alto nivel, el que combina a todos los otros, el más complejo y por ello el que más posibilidades tiene de reflejar la realidad sexual de la vida de los individuos.
Sexualidad: es un concepto que atañe a la vida concreta y a la historia de la vida: es una colección de hábitos y conductas que se expresan en fantasías y acciones manifiestas.
Orientación sexual: Es la relación establecida entre el sexo del objeto del deseo y el sexo de quien desea.

Para la gente atenta, para aquella que gusta de observar por debajo de la mesa, la bisexualidad como moneda corriente no representa novedad alguna. Al igual que la metáfora que toma dos cosas que parecen irreconciliables y las aúna para nuestro deleite, las relaciones afectivas y sexuales, tienden a construirse a partir de elementos que uno no siempre sospecharía complementarios. El concepto de rotación existe, y aunque persiste la idea del “para siempre”, el “cómo” uno decida llegar a esa instancia se ha convertido, en el mayor de los casos, en una búsqueda que no discrimina a priori, sino que se deleita en el método empírico. Es por esto, por lo que un día encontramos a una mujer del brazo de un hombre robusto, para verla tiempo después tomada de la mano de una delicada rubia con tacones, para verla tiempo después del brazo del hombre robusto y de la mano con la rubia de tacones.
Lejos la mujer machona y el hombre afeminado, pegatinas obsoletas, la bisexualidad intenta, aunque muchas veces sin éxito, alejarse de los prototipos, mientras los que la practican se regodean de ser partícipes del placer sin límite de género. Pero para todos ellos, que saltan de un lado al otro flameando la bandera de la total apertura, la falta absoluta de prejuicios, el amor libre y la gran satisfacción, he aquí una piedrilla para el zapato: en su libro Hombres que hacen sexo con hombres, Rafael Freda destruye el halo misterioso alrededor de la bisexualidad convirtiéndonos, a casi todos, en meros heterosexuales que alguna vez tuvieron ansias de experimentación. Freda divide entre lo situacional (los heterosexuales pueden tener períodos y episodios de homosexualidad situacional, y no dejaremos de llamarlos heterosexuales porque tales experiencias no alteran su orientación sexual básica) y lo sustancial, y dice que apenas centramos nuestra definición en lo sustancial, y dice que apenas centramos nuestra definición en lo sustancial la enorme mayoría de los presuntos casos de bisexualidad se disuelve y sólo quedan las experiencias adolescentes, las situaciones de excepción, las conductas de crisis y la curiosidad.
Así que si el track de Living Colour “Bi” era tu manifiesto (porqué sos marinero mercante y te cansaste de esperar al próximo puerto o sos una chica que alguna vez pensó que acostarse con su compañera de cuarto en la universidad era más práctico y productivo que seguir viendo dvd´s los sábados por la noche) te recomiendo que lo repienses, ya que seguramente, y basándonos en estos parámetros, no sos bisexual: sos sencillamente un hétero experimentador, una persona en crisis o un simple adolescente.

CLUB DEL MILLAJE AÉREO


Imaginemos por un segundo un vuelo sobre la cordillera de los Andes. El avión se mece con brusquedad. Las azafatas y los comisarios de abordo lucen asustados y los carritos de comida se desplazan por el corredor. Los pasajeros de las primeras filas comparten valiums y lexotanils y los de las últimas brindan con mini botellitas de whisky importado, desobedeciendo las reglas de no fumar, mientras bailan tarareando temas de los 80´. Los de las filas del medio, en cambio, están inciertos: no queda más "pasta" y odian el whisky, pero por sobre todo temen que el bamboleo del baile retro contribuya a que el 747 se sacuda con más violencia.
En la fila veinticinco están sentados dos extraños que sólo interactuaron en el momento en el que él le subió a ella la pesada mochila al compartimiento de equipaje. Un nuevo pozo de aire hace que todos griten y se agarren el estómago. Entonces el 25A (que está tapado con la clásica manta de cortesía), reclina su asiento hasta el tope y agarra la mano de la 25B (desplazándola por debajo de su manta con gesto preciso), y así comienza todo…
Cómo director del Club del Millaje Aéreo de Argentina, Gonzalo Lunter nos aclara que no hace falta una escena tan extrema para que uno decida hacerse miembro del CDMA. El Club cuenta en este momento con doscientos ochenta socios, de entre dieciocho (hay que ser mayor de edad) y cincuenta y seis años, que militan fervorosamente cada vez que pueden. Pero me comenta que la fundación del club sí tuvo un comienzo de película:
"Todo empezó con un viaje que hice a Cuba en el año 90´. Estuvimos a punto de caer al mar y lo único que evitó que me diera un paro cardíaco fue la suerte de que me sentaran al lado de una gringa súper predispuesta con la que tuvimos sexo en el baño del avión. En esa línea aérea en especial (Copa Airlines) servían cerveza a lo loco, y cuando íbamos por la quinta o sexta, ella me agarró de la mano y me llevó derechito para el fondo. Ni siquiera trabamos la puerta, y aunque el baño tenía olor a vómito, ya que más del cuarenta por ciento del avión estaba descompuesto, lo hicimos sobre el asiento del inodoro con la tapa levantada. Yo tenía diecinueve años y ella parecía de treinta. Después, cuando terminamos, salimos rojos y desarreglados y vimos que afuera casi todo había vuelto a la normalidad. Me dio mucha vergüenza… Fue como la escena esa de Casi Famosos de Cameron Crowe…”
Gonzalo, que tiene ahora treinta y cinco años, y que nunca más volvió a viajar a Cuba, cuenta que una semana después de este incidente nació oficialmente el Club, cuando en un asado del trabajo (trabajaba en una agencia de publicidad), un compañero compartió con él una historia similar, y agrega que "Internet casi no existía, así que era más difícil conectarse con la gente, pero igual, para fines del 92´ ya éramos más de treinta.”
Le pido más información y me alcanza la lista plastificada de los preceptos y las recomendaciones que se les entrega a los socios del Club. Pero, antes de que la mire, se ofrece a leerme en voz alta el texto sobre el recomendado del mes. Ya que todos los meses sacan en su boletín electrónico oficial un recomendado que fue remitido por algún miembro del Club y que está redactado a partir de una plantilla básica, disponible en su página Web. Copio a continuación el texto de Cecilia Díaz, de veintidós años:

Viaje a Londres con escala en San Pablo. Empresa: British Airways, Tipo de Avión: Boing 747-400 Light Weight aircraft. Capacidad: 351 pasajeros Horario recomendado: Entre las dos y las cuatro de la mañana. Lugar: baño. Posición: ella parada con las piernas abiertas a cada lado del inodoro y las manos apoyadas contra la pared. Él parado detrás. Agregados especiales: hay crema para las manos en un recipiente de plástico transparente que se puede usar si hace falta lubricación por nervios o por apuro, y que también sirve para usarla después de hacerlo y así tapar un poco más el olor a sexo antes de volver al asiento. Hay dos papeles higiénicos y aparte hay dos rollos de papel de "tipo cocina" por si hace falta limpiar algo. El baño está casi siempre limpio, ya que lo cuidan mucho durante el viaje (cosa rara), y el tacho de basura está muy a mano para tirar el preservativo. El baño es muy espacioso. Extras: afuera, al salir, te encontrás con la grata sorpresa de que hay un dispenser de agua y vasos limpios en la puerta, del lado de afuera, para saciar la sed post sexo. Puntos negativos: el capitán y el resto de los tripulantes de a bordo se la pasan hablando por altavoz en castellano, inglés y portugués y eso despierta a alguna gente durante la noche, así que hay que cuidarse más que en otras aerolíneas. Puntos positivos: ¡Es el baño más cómodo en el que lo hice!

Después de leer en detalle el boletín para socios de este mes me llama la atención el manejo que deben tener los miembros del CDMA de los modelos de aviones. Ya que en un punto titulado “Mejores tipo de A” del mes de febrero (sorprendentemente parecido a aquellas cartas Tope & Quartet con las que jugábamos algunos de niños y que tenían sus versiones para autos, aviones, motos y animales y en donde escuché por primera vez la palabra “cilindrada") hay una lista que los singulariza por tipo y capacidad. Al parecer los mejores de British Airways (la aerolínea elegida de este mes), para aquellos de ustedes que estén interesados, son:

Airbus A321, capacidad: 194 pasajeros. El más “acogedor” de todos.Boeing 767-300, capacidad: 252 pasajeros. Mejor escala de asientos e iluminación individual.Boeing 747-400, capacidad: 351 pasajeros. Mejor cabina privada en primera clase, mejor “cama” en el Club World y mejor baño.Boeing 777, capacidad: 280 pasajeros. Mejores asientos reclinables y mejor iluminación nocturna.Boeing 757-200, capacidad: 180 pasajeros. Mejor sonido de timbre para azafata y mejor diseño de interiores.

Y me pregunto cómo hacen los miembros del Club del Millaje Aéreo para sacar pasajes para sus vacaciones. ¿Acaso consultan en las agencias de viaje los modelos de aviones para ver qué vuelo y qué aerolínea tomarse? Gonzalo me mira con una sonrisa, me dice que el resto de sus respuestas las guarda para los socios, y cambia de tema informándome sobre los nuevos CDMA que se acaban de abrir en España y Portugal. Ambos liderados, casualmente, por chicas que conoció "en viaje".

SER HÉTERO ESTÁ DE MODA


Durante años una tribu de heterosexuales iracundos miraron con envidia los mingitorios del baño para hombres del McDonald´s, mientras pensaban con rencor en la reserva ecológica, el túnel de América, los cines porno de Lavalle, los saunas, la estación de trenes de Retiro, los bosques de Palermo y la plaza San Martín. Preguntándose una y otra vez lo mismo: ¿cuándo será nuestro turno? ¿Cuándo tendremos derecho a practicar sexo grupal en otro lugar que no sea nuestra casa, nuestra cama, el telo o el auto?
Pancartas invisibles inundaban las calles con lemas parecidos a este: el sexo gay está en la calle, ¿el sexo hétero estará siempre detrás de la puerta? Mientras cientos de marchas mudas recorrían las calles del microcentro pidiendo a viva voz por los derechos no-gay, y flameando la bandera del orgullo paqui: gris y blanca con un pantalón pinzado color beige en el centro y una tortilla tachada en el vértice derecho.
Cientos de remeras se vendían en Florida con inscripciones del estilo de: “no me discriminen, yo también quiero que me la chupen en el subte”, “Soy hombre, amo a las mujeres, ¿y qué?” o la muy poética “la estación de retiro es de todos: déjenme ponerla tranquilo”.
Sin embargo, y para alegría de estos grupos tan políticos, los curtideros hétero no son una utopía. Y tal vez, su mayor exponente actual sea el reducto “mil cien” (altura de una calle céntrica que permanecerá anónima para no arruinar la fiesta de los habitués). En pleno corazón porteño, al lado de un cabaret, en frente de un hotel alojamiento y bajo la mirada distraída de cientos de transeúntes, está este “megatlón” porno de tres pisos. La regla es ir en pareja. El precio es elevado. El cover-up: swingers bar. Pero, aunque no escasean los verdaderos swingers, es más común encontrarse con grupos de amigos que van emparejados sólo hasta cruzar el umbral.
En el primer piso hay dos transexuales con show de calidad estilo café concert. En el segundo, cuartos para entrar solamente en pareja y habitaciones de solos y solas. En el tercero pileta, terraza y colchones gigantes. Y en los tres siempre la misma explicación del host: “Acá podes tomar tragos (dice señalando la barra del cuarto en cuestión) y acá… podes tener sexo” (dice apuntando con el dedo el resto del cuarto).
A la una de la mañana empieza a entrar la gente. Los nuevos deambulan buscando explicación en las actitudes de los eternos concurrentes pero éstos se muestran todavía tímidos y observadores.
A las dos ya hay gente en todos los cuartos, y los principiantes se sorprenden por lo fácil que es hacer nuevos amigos.
A las tres ya queda poca gente vestida, con excepción de algunas damas que prefieren conservar las polleras sin nada abajo para evitar riesgos de higiene. Decenas de cuerpos sin identidad se aglutinan desnudos en todos los cuartos, reconstruyendo una fantasía griega que hasta ahora parecía sólo privilegio de la comunidad gay.
En todos los cuartos tretas, trucos, tetas y trotes, y más envoltorios de preservativos vacíos. Y para los que no se cansan de mirar la última película de Don Stanley Kubrick existen también las noches de disfraces.
¿El público del lugar? Imposible de nomenclar… O tal vez sean los heterosexuales que ya no miran con envidia los mingitorios de hombres del baño del McDonald´s.

EL RECURSO INFIEL


El recurso infiel no tiene garantía de uso ni de éxito. No viene en un paquete cerrado al vacío y por consecuencia no puede ser abierto sólo en casos de emergencia. El recurso infiel no puede devolverse si viene fallado, ni viene acompañado con un recibo que verifica que es sólo tuyo. El recurso infiel no es innato a la naturaleza ni femenina ni masculina sino que se trata más bien de un recurso de especie original, estilo único de cada uno de los individuos que deseen utilizarlo.
En el Kama Sutra, Vatsyayana, enumera varias razones aceptables para el adulterio, habilitado solamente en circunstancias especiales y no justificado por el mero deseo carnal.
Ej: “Uniéndome a esta mujer mataré a su marido y de esta forma obtendré sus vastas riquezas, que codicio”.
Sin embargo admite que un hombre puede recurrir a la mujer de otro “a fin de salvar su propia vida, cuando percibe que su amor por ella va aumentando gradualmente de intensidad”. Estos grados de intensidad son diez y se reconocen por los siguientes síntomas:
1- Amor de los ojos
2- Afecto espiritual3- Reflexión constante4- Falta de sueño5- Adelgazamiento del cuerpo6- Hastío de toda clase de diversiones7- Pérdida de pudor8- Demencia9- Desfallecimiento10- Muerte
Esto es bastante confuso ya que no especifica en qué “grado” hay que encontrarse para poder legalmente asaltar el lecho ajeno bajo la mirada buena de V. Y nos lleva a pensar ridiculeses tales como que cuando una amiga sufre “adelgazamiento del cuerpo” es síntoma de que está por meterse en la cama con nuestra pareja o que la demencia puede ser curada prestándole, al que la padece, a nuestra bella esposa por un cuarto de hora.
Hoy en día, lejos de estas afirmaciones ancestrales, el inconciente colectivo se hace preguntas:
¿Será el infiel juzgado más duramente si la prenda descubierta en la guantera de su auto es una bombacha roja cola less y no un culot color piel de proporciones aceptables?
¿Nos sentiremos peor si el hombre con quien nos engañó nuestra novia es entrenador físico, físico molecular, o astronauta de la NASA, y no Juan, el que arregla el cable?
¿Perdonaremos más fácilmente a nuestra pareja si ésta nos fue infiel bajo los efecto de estimulantes ingeridos sin su consentimiento? (“Mi amor te juro que durante la despedida de soltero de Tony un desconocido volcó una pastilla de éxtasis muy potente en mi vaso de agua”)
¿Será más apta para el perdón una mujer que fue infiel por razones meramente hormonales? (“Luego de ser inyectada varias veces con hormonas para la fertilidad Lucy sintió un fuego sexual que la desgarraba, y como su marido estaba lejos, en viaje de negocios, ella lo hizo con el portero”.)
Fuera de la idea de “Pacto” que circula entre algunas parejas jóvenes y maduras, y que no se regodea en el “kiss and tell” sino en el “Corazón que no ve…” decenas de lemas cubren de “prototipo” el tema de la infidelidad, otorgándole un carácter de saber popular:
- Sé infiel y no mires con quien.- Perro que ladra no muerde.- A caballo regalado no se le miran los dientes.- Lo que no se dice, mejor se hace.- No le hagas al otro lo que no querés que te hagan a vos.- Si es con más de uno, es como si fuera con ninguno.- Calavera no chilla- El que se quema con leche, cuando ve una vaca llora.- El que se acuesta con niños amanece mojado.Y el famoso y muy utilizado: culo veo culo quiero
Esta claro que la infidelidad no se detiene en el mero hecho del acto sexual, sino que no para hasta tratar de llenar de sentido varios sinsentidos, garantizándonos la supervivencia del entrañable bar porteño, que seguramente fue construido por un grupo de amigos que no tenía dónde hablar de este tema.

DIARIOS DE MILONGA: TAXI DANCERS


Si estás harto de ir a la Milonga a sentarte, si no sos ducho en el arte del cabeceo o la miradita, si bailás poco y sos ignorado por los habitués, si sos extranjero y no manejas el lenguaje mudo del ambiente, si estás envejecido y ya no te sacan cómo antes...entonces: ¡Llamá ya! Por tango, por tanda o por noche, el Taxi dancer, con su sapiencia arrabalera, cobra al cliente por sus servicios de milonga.
¿Acaso nunca te preguntase cómo hacía esa viejita para alternar entre dos jóvenes bailarines, mientras vos, joven, arreglada y talentosa eras ignorada por ambos sistemáticamente? Al que recuerde a Patrick Swayze en Dirty Dancing sabrá perfectamente de lo que hablo. ¿Quién no quiso alguna vez dejarse llevar por las manos de un experto a cambio de una suma razonable?
Primo lejano del famoso “jinetero” cubano (aquel que escolta al turista a cambio de tragos y entrada al club salsero) el Taxi dancer porteño maneja un negocio honesto y recatado. Incluso cuando algún que otro anuncio lo mancille publicitando frases del estilo de Nobody to dance with? mientras abajo ilumina el titular con una imagen de chongo arrabalero sin camisa pero con saco abotonado y funche. En sus variantes femeninas y masculinas, el “escort tanguero” no es censurado ni mucho menos condenado en esta parte del mundo y viene en, al menos, dos formatos clásicos de contratación: 1) la in situ y 2) la festivalera
La primera tiene, como mínimo, dos variantes, la que incluye que el contratado (o la contratada) se siente con el patrón en la mesa (y lo vaya sacando a la pista a lo largo de la noche) y la que permite que éste deambule por los alrededores, sacándolo a bailar solamente la cantidad de tangos o tandas que se hayan acordado de antemano.
La segunda es la que fomentan los festivales internacionales, en donde, por lo general, insisten en que los asistentes de las clases sean también “acompañantes milongueros”, invitándolos a que se ocupen de que los grupos de extranjeros que acaban de aprender nuestro “baile ciudadano” tengan con quien bailar en las tanguerías y asegurándose, de esta manera, de que todos se vayan con ganas de volver.
Si todavía no compraste tus primeros tacones de ocho centímetros o no aprendiste las marcas básicas para poder sacar a bailar a una mujer más que en alguna “práctica” no pierdas las esperanzas: siempre habrá algún gavión o alguna grela que, por unos pocos morlacos, te conceda, por una noche, toda su atención. Aunque más no sea en la pista de baile. Ya que al fin y al cabo, ¿quién no hubiera querido pagar para que Patrick Swayze dejase a la poco agraciada Jennifer Grey y nos tomase entre sus brazos para hacer el tango?

J´SUIS ROUGE


¿Qué pasaría en nuestra cultura occidental si en lugar de la imagen clásica de la mujer en posición fetal, con bolsa de agua caliente entre sus piernas y murmurando palabras de dolor e insultos al universo, estuviéramos acostumbrados a ver a las mujeres agasajadas hasta el exceso durante los días que dura su menstruación? Grandes fiestas y millones de “qué linda que estás” rodearían a las hembras del mundo mientras éstas salen de compras justo en “esos alegres días”, recibiendo comentarios del estilo de “qué bonitos y cálidamente hinchados que están tus pechos hoy” o “me encantaría acariciar tu cara que se puso más redonda y roja y está francamente preciosa”. Cientos de “noto que estás un poco más hambrienta de lo normal y me encantaría poder prepararte otra porción de esto que tanto te gustó, querida” recorrerían las calles de nuestra ciudad y cada tanto tendríamos, tal vez, el honor de escuchar dulces serenatas interpretadas bajo las ventanas de las protagonistas....
“Dulce mujer marinaTu est rouge et je suis perdu”
Según la película argentina “Je suis rouge” que documenta y ficcionaliza la relación entre las mujeres y su menstruación, al mayor porcentaje de las entrevistadas, todas entre los 18 y 30 años, nunca le han practicado sexo oral durante su período. Y aunque en un principio la mayoría de ellas acusa a los hombres de negarse a hacerlo, finalmente se comprueba que casi ninguna de ellas se lo permitiría; ya sea por vergüenza, por el asco que les provocaría ver a su compañero con la boca manchada (“boca de payasito”), por el olor submarino que a ellas mismas les disgusta, o simplemente porque ellas jamás lo harían de estar en esa misma posición.
Resultados como estos nos obligan a preguntarnos ¿cuán rojas están las mujeres cuando están rojas? y ¿cuán rojos están los hombres cuando las mujeres están rojas?
Es incuestionable que numerosos miembros del género masculino se niegan a sumergirse en el sexo de sus compañeras cuando éstas están “indispuestas”. Sin embargo, existe también un porcentaje que lo hace sin titubear, convencido de que el proceso natural en cuestión no tiene por qué despertarles sensaciones extravagantes. Pero eso sí, no hay nada como un poco de duda para alejar el deseo de la habitación. Para ser un auténtico profesional en el arte del sexo oral hay que regirse por una premisa esencial e inquebrantable:
“Después de que hayas empezado, no importa si estás aburrido, agotado, mareado, nauseabundo, acalambrado, dolorido por tu reciente extracción molar, resacoso, preocupado porque tu familia está por llegar para el asado de los domingos o simplemente arrepentido, nunca, bajo ninguna circunstancia... lo demuestres”. Y aquí, en esta ilustre frase, radica todo el secreto: llevar el emprendimiento hasta sus últimas consecuencias, cueste lo que cueste, sin que se note el esfuerzo, por nulo, pequeño o gigantesco que éste sea. Esta regla no varía dependiendo de los ciclos femeninos y se aplica a hombres y mujeres por igual, lo que la convierte en una regla reguladora, tiránica, básica e inapelable.
Pero retomando la pregunta inicial, ¿qué pasaría si la mujer menstruante fuera venerada? ¿Se la desearía más? ¿Sería, tal vez, en ese caso, un honor practicarle a la visitada un cunnilingus? Imaginemos que sí. Que la mujer sangrante es un ser cotizado. Que todos la llaman para salir justo en ese momento del mes, que los hombres (transportando diminutos calendarios marcados con crucecitas rojas en los bolsillos de sus pantalones) preguntan obsesivamente a sus novias y amigas sus fechas para no perderse de llevarlas a la cama los días 28. Que hay peleas entre amigos para ver quién usa el único cuarto del departamento cuando sus dos mujeres están en “esos maravillosos días”, que en lugar de las flores es común llevar a las citas un paquete de toallitas perfumadas o una cajita de tampones (previa consulta a la mujer por su tamaño preferido), que el mayor de los honores es llamarse Andrés... ¿Sería justo, entonces, decir que su sangre sabe y huele diferente? ¿Que ni a hombres ni a mujeres les preocupa verdaderamente el “payasito”? ¿Que, por festejada, la sangriza se convierte en el mayor condimento sexual para la pareja del siglo XXI?
Tal vez lo ideal sería ponerlo a prueba: este mes, el día 25, espero tarjetas de felicitación...

A LA MANERA DE MICK JAGGER


Cada tanto, cada tal vez una o dos generaciones, irrumpe en la extra escena mundial algún personaje masculino que llama la atención por su “habilidad extrema”. Esta destreza (castigada por el capitalismo por su carácter no- dependiente) dota al personaje en cuestión de:
1- La iluminación que acompaña a todos los dones.2- La responsabilidad que obliga a utilizarlos adecuadamente.3- La opción. Esa que (por nombrar un ejemplo) tiene tan conflictuado a Peter Parker en la secuela del Hombre Araña. Esa que atormenta porque crea la ilusión de que existe el libre albedrío. Esa que somete a continuo debate la misma pregunta:¿Quiero o no quiero ser un superhéroe?... Y si quiero, ¿qué precio estoy dispuesto a pagar?
¿Estoy dispuesto a sufrir lesiones severas por utilizar mi don? ¿Estoy preparado para ser discriminado por una porción del mundo que no entiende que debo hacer uso de lo que se me ha dado? ¿Me resigno a prescindir, si fuera necesario, de la compañía de otra gente? ¿Soy capaz de fingir que necesito a otra persona para sentirme saciado, cuando estoy realmente satisfecho por el continuo ejercicio del bien que se me otorgó?
Estas preguntas (y tantas otras) atormentan a nuestro superhéroe que ya desde niño descubre que puede hacer eso que ningún otro consigue, puede, si se estira concienzudamente, alcanzar con la boca su propio miembro erecto. Puede, sin que esto resulte demasiado doloroso, auto- practicarse una fellatio y saborear su propio semen. Ese que por tantas generaciones ha sido descrito como “esa cosa agria que me hace poner la cara como después de chupar un limón”.
El primer “automamón” (pésima traducción del inglés “self-server”) fue un escuálido fakir conocido como Naveed Yasmir que en el siglo XI logró curvarse de manera tal de acceder a sus propios genitales. Se sabe que Yasmir era conocido como “Naveed el horrible” y ninguna mujer se había dignado nunca a practicarle mamada alguna. Pero el primero en ser famoso fue “El hombre de goma”, que recién en el siglo XX ilustró las páginas de su propia historieta, insinuando sutilmente el “satisfactorio plus” al que lo habilitaban sus conocidos poderes.
Y muy pronto aparecieron varios más, que en la soledad de sus propios hogares, descubrieron las recompensas de la autofellatio. Así, cuando sus compañeritos de grado jugaban a ver quien “escupía” la leche a mayor distancia, mientras miraban aquella re edición de lujo de “garganta profunda”, Mick, (llamémosle así en honor al señor bocón) notó que esos juegos eran aburridos, ya que “de nada satisfacía la mano cuando la boca estaba de turno”. Pero después de mencionarlo en voz alta, y sufrir con terror las burlas de sus compañeritos que lo llamaban “puto autocomilón”, nuestro joven héroe pactó consigo mismo eterno silencio acerca de sus destrezas, sin intuir siquiera que los comentarios de sus compañeros albergaban, secretamente, los más destructivos celos, y callando así (por siempre) las preguntas que lo mantenían despierto durante la noche: ¿es mejor aplicar la lengua sólo en el frenillo? ¿Destruiré el glande si le pego un mordiscón? ¿Será esto hereditario y por consiguiente mi padre será un automamón? ¿Existirá sobre la tierra alguna mujer que pueda hacer esto mejor que yo? ¿Es esto obra de la naturaleza o del demonio? ¿Si me trago mi propio semen podré quedarme embarazado?
Y así, la existencia del “automamón” pasó a ser parte de las leyendas urbanas, un simple mito sin capa ni antifaz que recorrió las mesas de bares, colegios, oficinas y clubes masculinos, atormentando a los hombres con la incertidumbre de su dudosa existencia.
Hasta que felizmente la pornografía vino una vez más a nuestro rescate. Haciendo circular en el mercado algunos ingeniosos videos que tenían como protagonistas a varios de nuestros superhombres. En ellos pudimos observar que las particularidades físicas de estas estrellas varían de individuo en individuo, aunque generalmente combinan la plasticidad de los cuerpos con el tamaño descomunal de los atributos. Sin embargo estas imágenes demuestran que a veces una sola de estas dos características resulta más que suficiente.
Recientemente, en una convención under de “automamones” realizada en Ámsterdam (la ciudad con mayor cantidad de “hombres habilidosos”), se aprobó por unanimidad un nuevo proyecto de ley que autoriza a todo super-mamón a practicar su técnica de forma privada sin ser castigado por la ley, que en algunos ridículos países, condena todavía las prácticas homosexuales. Descartando por completo la grotesca hipótesis que rotulaba al “hombre habilidoso” como homosexual indiscutido, por gustar del sabor de su miembro y por practicarse la automamada. Según el punto primero de esta nueva ley: “La búsqueda del propio placer es sin duda la ocupación más humana que existe, y toda persona que se guíe por este precepto sin dañar a otros ni a sí mismo, es un ejemplo digno para esta sociedad tan marcadamente perseguidora que precisa que todo ser humano esté condenado a la dependencia y al consumo. Por esto los denominados automamones son una valiosa contribución a esta sociedad, y deben de ser tratados con el máximo respeto...”
Hay automamones de todo credo, color, y orientación sexual. Hay automamones profesionales, amos de casa, amateurs, felices, miserables, resentidos, optimistas, llorones, voyeurs, atléticos, silenciosos, públicos, privados, orgullosos y castigados. Pero eso sí, no hay automamón que no lleve en su cara la marca perceptible del que solito todo lo puede...

LOS CULTORES DEL CAPITÁN ESCARLATA


Los muchachos de 30 no usan gomina. Ni se cortan los pelos de la nariz, ni se limpian el sobaco con paños fríos y mucho menos mojan sus brazos y manos en el mar antes de zambullirse. Los muchachos de treinta son hombres valientes, pioneros, provocadores, visionarios, demasiado viejos para el cortejo de signos del zodíaco pero demasiado jóvenes para sobreponerse a la generación que los parió.
¿Ustedes le han preguntado alguna vez a un grupo heterogéneo de hombres que hoy andan en sus treinta qué piensan acerca del matrimonio?
A los de veintipico les parece algo simple, a los de cuarenta algo que ya no tiene misterio. Pero para esta generación de treinta, la que fue víctima del apogeo del divorcio, la que creció con un chupete en cada departamento (y no guardó ninguno para Carlitos Balá), el casamiento es sinónimo de "papel para armar". "Me lo fumo y me arde la garganta", me dijo más de uno.
Y yo me pregunto ¿Cuánto papel de cáñamo hace falta para que uno de estos compadritos se ponga frente al juez y diga " Sí quiero"?
He aquí algunos datos recogidos:
De 100 hombres de entre 30 y 39 años:
22 me dijeron que no se casarían ni siquiera en el caso de que el gobierno legalizase la marihuana (me imagino que siguen preguntándose cuál es la relación entre la droga y los hombres de treinta...).
16 comentaron que nunca habían siquiera pensado en ello ni tan solo en aquellas noches de servicio militar obligatorio en donde todo lo que tenían para hacer era esperar la salida higiénica mientras se rascaban las pelotas.
15 Contestaron que serían capaces de hacerlo siempre y cuando la mujer fuese conciente de que le estaban realizando un favor, el famoso "sí es tan pero tan importante para vos..."
13 Quisieron escupirme.
11 Me dijeron que ése era un tema que “vade retro”.
9 Me pidieron que les muestre la bombacha.
7 Se alegraron de haberme conocido y me rogaron pronta evangelización del resto de las mujeres que no escriben una columna titulada "Séxodo".
6 Alegaron locura.
Y 1 se me declaró (dije que no, por cierto).
Entonces: ¿Qué es lo que una chica tiene que hacer en el caso de que quiera llevar al altar a uno de esos marineros borrachos que pueden prescindir del dramamine?
Aletear, mover las pestañas, hacer temblar el labio inferior, realizar diversos trucos contorsionistas para aplicar la boca a distintas zonas erógenas (que siempre son una y la misma) y pedirle ayuda a la virgencita de Alcalé. Ésa que hace tiempo y a lo lejos se subió a un barco en llamas y salvó a 22 marineritos de morir hacinados, solita, sin ayuda de nadie. Este milagro le dio a la virgencita el poder de "socorrer" y ella lo utilizó haciéndole de Celestina a cada uno de los marineros, a los que se dice que casó con sus tantas primas y hermanas. Nótese que todos los marineros andaban en sus 30.
En conclusión: muchachas y muchachos (no suena tremendo), búsquense un buen sillón en la punta de un cine porno y mientras puedan mantenerse al borde de la atareada muchedumbre háganse una sola pregunta: ¿Vale la pena molestar a la virgencita de Alcalé por este espécimen que tengo a mi lado? Si la respuesta llegara a ser sí, pues entonces envíenme una corta misiva que yo me encargo de que la virgencita escuche a todos. Porque francamente ella trabaja de maneras misteriosas, cuando trabaja.

HIJOS E HIJAS DEL Q.M.E.P


Se podría afirmar que varios de los jóvenes que hoy rondan sus treinta y pico son herederos legítimos del ¿Qué me está pasando?, libro que inscripto bajo la categoría de instrumento de ayuda para padres y educadores (y hermano del exitoso ¿De dónde venimos?), llegó a las manos de ansiosos púberes que corrieron a comparase con los famosos identikits que ilustraban cuerpos en crecimiento. Guiando así el ojo de niñas y niños del papel al espejo, y causando más de un berrinche al demostrar que no todos los hombrecillos de entre trece y catorce años tienen vello púbico, experimentan su primera polución nocturna y empiezan a cambiar su voz; ni todas las chicas al llegar a sus diecisiete ostentan un cuerpo tan armónico y generoso como la joven del dibujo.Esta guía para individuos de entre ocho y dieciocho años, se convirtió en un icono de los 80´ adhiriéndose a la delicada retina de muchachas y muchachos, extremadamente hormonales, que se lo tomaron, tal vez, demasiado en serio...
Luego de revisar las secciones "Todo el mundo pasa por esto pero nadie habla de ello", "¿Por qué cambias?", "¿Es contagiosa la pubertad?", "Guía para las chicas y para los chicos", "Unas palabras sobre tus hormonas", "¿Por qué me salen esos bultos en el pecho?", "¿Qué es una erección?", " ¿Qué es el período?", " ¿Por qué mi voz se comporta de modo tan extraño?", ¿"Por qué me salen granos?", "¿Qué es la masturbación?", "¿Por qué me sale vello?", "¿Qué es una polución nocturna?", "¿Por qué el mío no es como el suyo?" y "¿Qué ocurre después?"... un grupo de jóvenes extra-informados y absolutamente pre-adolescentes tomaron la Casa Rosada e informaron al resto de los púberes del país que la información extranjera sobre el crecimiento fisiológico era fidedigna. Este libro, cuyo título original es Whats happening to me?, aclaraba el famoso interrogante de si los cuerpos de diferentes nacionalidades eran o no equivalentes en sus trastornos evolutivos. Y una vez disipada esta duda, una caravana tan larga como lo era en ese momento la cola para el Space Mountain, en el mismísimo Disney World, se abalanzó sobre una flota de teléfonos de ENTEL y comunicando hijos con padres dio inicio a la nueva revolución sexual: la compra de jabones y cremas para el secado inmediato de las "espinillas".
Entonces: ¿Dónde están hoy los hijos e hijas del Qué me está pasando?
Luego de confundir la revolución sexual con el secado de una producción masiva de grasa, los hijos e hijas del texto de Peter Mayle, ocuparon sus lugares en la sociedad productiva del nuevo milenio. Interesados más por el origen epistemológico de "ménage a trois" o "fist fucking" que por su significado práctico. Atraídos por textos tales como Nación Prozac y apadrinados por el humor de dibujos animados como La pantera rosa (eslabón esencial para la comprensión del concepto de nube de lluvia personal) los nietos del Super agente 86 combatieron sus impulsos raciales de la mano de Blanco y negro y fueron derrotados musicalmente por el Simon mientras trataban de comprender donde meter la mano izquierda y el pie derecho en aquél juego de redondeles coloridos... Una generación que lejos de llamarse descarriada salió a toda velocidad del closet para encontrarse con que la revolución ya había sido discutida unos años atrás...
¿Pero qué pasó con esas tetas triangulares o esa ilustración del joven erecto en el trampolín de la pileta pública que cualquier lector detallista del Qué me está pasando jamás podrá olvidar? ¿Acaso tú, joven nacido entre el 75 y el 80, has acariciado pechos con formas extrañas? ¿O Has sucumbido ante tu propio enrojecimiento al notar que bajo el efecto del agua fría + objeto de deseo tu miembro se debate entre escandalizarte y avergonzarte? Si es así eres un típico joven Q.M.E.P y te invito a unirte al listado de chicas y chicos Q.M.E.P de todo el país que día tras día se despiertan con la misma pregunta: ¿He logrado comprender finalmente qué me está pasando? Y si la respuesta es afirmativa ¿He logrado hacer algo al respecto?