GAY FOR A DAY


Ni monja, ni fraile, ni estudiante de internado, ni miembro de la marina, ni romano, ni griego, el 7 de noviembre del año pasado fui gay, y además me abrí la camisa, me saqué el corpiño y me pinte: “Familia para todos”… y al menos acá, en Buenos Aires, casi funcionó… 

Admito que esta parece una columna de una chica a punto de cumplir sus veinte, y no la de alguien que hace más de una década que se la pasa “noche ambulando”. Sin embargo, es verdad que cada nuevo año en el día de la Marcha tengo compromisos ineludibles: mi mejor amiga finalmente decide separarse y viene a instalarse en casa sin ningún ánimo de fiesta, me agarra una neumonitis que después dura seis meses enteros, hago un intento con tintura de color azul y se me cae todo el pelo (TODO EL PELO), muere un pariente lejano (que está en otro país, pero se hace la ceremonia on line ¿?), me llaman amenazándome de muerte (no es joda) y otros reveses verdaderamente inevitables.

Una semana antes de la marcha del 2009, me desperté esperando una fatalidad, pero no, no pasó nada. Las palomas ensuciaron la vereda, el teléfono no sonó ni una sola vez, la nota que tenía que entregar el lunes estaba terminada, mi pelo intacto, y mi salud perfecta, verdaderamente perfecta, casi como burlándose de todos los que vivían en el hemisferio Norte y estaban, no olvidemos, atravesando el pánico de la gripe A.

Llamé a mis tres amigas que están en pareja con mujeres y las exhorté a la edición número dieciocho de la Marcha del Orgullo Gay Lésbico Trans Bisexual… pero recibí tres respuestas desalentadoras: 

-“Si fuera el gay pride de Australia, pero el de acá es un bajón…” (Aunque aclaro, ella nunca fue a ninguna de las dos).
-“Ya tenemos entradas para ver This is it (sí, era esa época en la que todos decían “HAY que verla en el cine”), empieza a las 20:20 en el Village Cinema; y no, no se pueden cambiar, las sacamos por internet”.
-“Está lleno de cámaras”.

Entonces partí sola. Cuando estaba a tres cuadras de Plaza de Mayo me deleité con cantitos pegadizos “hay maricones en estos balcones; en estas ventanas, hay lesbianas”, mientras esperaba encontrarme con mi amigo, ese que todos los años se acuerda de avisarme con una semana de anticipación, pero justo este… se olvidó por completo. Los celulares, endemoniados por los sonidos de las carrozas, transmitían un popurrí de música y hacían que encontrarse fuera una verdadera odisea, pero sorteando obstáculos, hombres engalanados en purpurina, disfraces extraordinarios, mujeres y nuevas mujeres sin remera, y chupones desenfadados que le darían envidia a cualquiera (incluyéndome, por supuesto), llegué hasta una de las fuentes de la Plaza, nuestro punto de reunión y locación extraordinaria. Desde allí partían las veinte carrozas, mezcla de colectivos políticos y discotecas sobre ruedas que marcharon bajo la bandera del arco iris hasta el Congreso. 

En cada cuadra disminuía el paso al llegar a la esquina, y espiaba las calles que cortaban la Avenida, viendo fotograma a fotograma una especie de película alternativa a la que estábamos protagonizando: y sí, había gente que lograba pasarla incluso mejor en aquellos callejones oscuros, pero eso lo dejo a la imaginación…no creo que deba arruinárselos para la próxima.
Esta marcha se realizó durante la Semana del Orgullo 2009, que coincidió con el tratamiento legislativo del proyecto para modificar el Código Civil en pos de que se permitieran los casamientos entre dos personas, sin condicionamientos de sexo. Los fiesteros manifestantes, además, pidieron por el derecho a la identidad de género, y la derogación de los códigos de faltas provinciales que criminalizan a la homosexualidad (término utilizado por primera vez por el investigador húngaro Bonkert en 1869). Y así continuó el bailongo…

Durante once cuadras, nos sacudimos entre todo de tipo camiones con DJ´s o músicos en vivo que nos hicieron saltar y mover la cadera, mientras la avenida estallaba de gente. Estaba por ejemplo la “Policía de Córdoba” con trajes diminutos que marchaba adelante del desfile “en cumplimiento de la ley”; las “Fantastic Cake”, que contrataron el trencito de la alegría (admito que lo detesto, pero en el contexto parecía una locomotora inglesa llevando sangre nueva a un poblado arruinado); la escuela de percusión Tumba Lata, que arrastraba a la mayoría de los participantes con su percusión y sus poderosos vientos que sonaban desde arriba del vehículo en movimiento; la agrupación de Los Osos, siempre enormes, hermosos, peludos y orgullosos; las tres gigantescas Risitos de Oro; la geisha corpulenta; el ángel en auto; la hippie sin remera y empapada de body painting; los Sados con sus masoquistas; La Novia; las madres con sus cochecitos cargados de bebés; y hasta el mismísimo Waldo (o Wally) con su remera blanca y roja y su gorro característico. Una vez que encontré a Waldo consideré que, al menos para mí, la marcha había terminado… 

De cualquier manera, impulsada por las ansias de llegar al famoso beso colectivo, me quedé en la plaza escuchando música, discursos, y abucheos políticos, pero sobre todo deleitándome con los abrazos y las manos entrelazadas que cubrían al congreso de un hermoso color local, y que al menos, por algunas horas, le dio a la ciudad de Buenos Aires un verdadero aire de paz y amor.
Hoy, 4 de noviembre del 2010, se puede afirmar lo siguiente: La ley 26.618 del Código Civil dice que el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o diferente sexo. Razón por la cual los casamientos entre hombre/hombre, y mujer/mujer ya son un hecho. La ley de identidad de género es una por la que aún se está peleando (siguen apareciendo titulares tales como “ Reclamo de una trans porque la obligan a cambiar de fisionomía… Para el DNI venite de nene”); y la derogación de los códigos de faltas provinciales, que criminalizan a la homosexualidad, todavía no ha podido ser completada. Este año, la decimonovena marcha del orgullo LGBT convoca para la Ley de Identidad de Género y para celebrar la Ley de la Igualdad.

Por mi parte soñé con el evento toda la semana, que pasó relativamente tranquila: no me agarré la conjuntivitis infecciosa que anda dando vueltas, no se cayó la pared del baño pese a la voluntad de obra de los vecinos, mi libro nuevo llegó sano y salvo a imprenta, y mi higiene personal no se vio afectada por la falta de agua corriente (no entro en detalles). Pero eso sí: hoy, a la una del mediodía, sonó mi celular (con música de cuna) avisándome que era hora de vestirme, tomarme otro café, agarrar el auto y partir para la Clínica Anchorena, mi hermana (por elección), con la que hice todo el curso de pre parto, está a punto de tener a su primer bebé… 

Es desde mi netbook, en el piso más pulcro y lleno de Lysoform que vi en mi vida, que escribo estas últimas líneas, preguntándome si hoy, en algún momento, tendré la suerte de festejar al recién nacido persiguiendo alguna carroza, o si verdaderamente el destino quiso que sólo fuera gay por un día…

© Tatiana Goransky