BLACKOUT

Anoche, en la despedida de una amiga que no se va a vivir afuera, la charla giró alrededor de un tema espinoso. ¿En el caso de sufrir un verdadero blackout de alcohol u otra substancia y mantener algún tipo de relación sexual con terceros (estando uno en una pareja estable), se considera o no infidelidad?...

A la mañana siguiente de mi fiesta de cumpleaños número 18, allá a lo lejos y hace tiempo, me desperté con llamados de diversos amigos y amigas felicitándome porque finalmente había “estado” con el chico que me gustaba. “Cómo gritaban” me decían todos, “se ve que la pasaron bárbaro”. Yo no sólo no recordaba detalles de aquél evento sino que no recordaba la mitad de la fiesta, que por cierto para esas épocas había sido bastante alocada. Gente de a tres o cuatro en la bañadera pequeña de mi cuarto, gente tiñéndose el pelo de colores con tintura permanente, gente en la pileta con botellas de todos colores, con ropa, sin ropa, en los cuartos, en los baños y haciendo todo tipo de piruetas. En conclusión, me levanté a la mañana con un pilón de ropa de hombre y mujer, y la mitad de mi guardarropas en falta: la muchedumbre de amigos y conocidos había dejado su atuendo de guerra y se había vestido con “ropa libre de pecado”.

Miré los estantes vacios en donde alguna vez habían descansado mis jeans y remeras, y sonreí, pero no pasó lo mismo cuando miré mi colección de CDs: faltaba más de uno… y no creo que nadie se haya ido a su casa vestido con un CD limpio. En fin, todo esto es para describir la magnitud de la debacle fiestera, pero, volviendo al tema en cuestión, después de los maravillosos relatos sobre mi noche fogosa en el baño (a puerta cerrada) me quedé con la única opción, la última opción de una dama, la de llamar por teléfono al chico en cuestión para preguntarle sin rodeos: ¿lo hicimos?

La respuesta de mi amigo fue que no, que por cierto algo había sucedido pero que él jamás se aprovecharía de mí en aquél estado (“lamentable”, agregaría yo). En ese período no me encontraba involucrada en ninguna relación amorosa así que el tema de la infidelidad no surgió, sin embargo anoche, charlando con solteros y parejas, cada uno tenía su versión, no sólo acerca de si se sentiría traicionado o no, sino de lo que realmente había acontecido en aquella fiesta adolescente de la que ninguno de ellos fue parte. Como resultado de apuestas (imposibles de confirmar, aviso) la mayoría concluyó que aquella noche tuve sexo, y que mi amigo, borracho, pero no en estado de blackout, había sentido vergüenza de confesarlo. Fuera de si esto fue así o no, rápidamente el debate se encendió en torno a las parejas. ¿Puede uno ser responsable de sus actos cuando no recuerda nada, cuando no hubo intención y ni siquiera registro de placer o disgusto?

En las películas estadounidenses nos cansamos del mismo guión acerca de la chica que despierta un día de un coma (causado por algún accidente ridículo) amnésica y convertida en una página en blanco. Pronto nos enteramos de que ella solía ser horrible con su familia, una engreída, maltratadora, infiel, etc. Sin embargo ahora, llevada de nuevo a su casa (en algunas versiones choza, en otras mansión), se convierte en un ser humano entrañable, se enamora de su marido y deja atrás aquella vida de Cruella de Vil.

Es verdad también, que en algunas versiones de ese mismo film, la pérdida de memoria resulta ser falsa y con eso se desmorona la posibilidad de evaluar este tema del blackout de manera verdaderamente científica (malditas esas versiones para TV). Pero, hagamos eso a un lado en nuestro debate, y demos por sentado, al menos por hoy, que la gente no miente. (Ruego logren la abstracción seguidores de Dr. House).

Entonces, uno/a vuelve a su hogar luego de una noche de ingesta bruta y se levanta a la mañana siguiente sintiéndose sólo nauseabundo/a y adolorido/a para luego leer en un mensaje de texto, twitter, mail o Facebook que fulanita o fulanito le agradece por la noche de placer. Ahí aparece la figura del blackout (definido en general como “apagón eléctrico”), con imágenes fugaces y borrosas de cosas absurdas, y largas lagunas negras que la acompañan.

Primero, como aquella mañana cuando tenía 18, aparece la risa, la posibilidad de que todo sea una broma de los amigos o del fulano. Después el chequeo físico: ¿siento algo que indique que mantuve relaciones sexuales? En tercer lugar la desesperación: ¿por qué razón mentirían mis amigos o el susodicho?; y por último la aceptación de que la cosa sucedió (o no, como en mi caso en donde le sigo creyendo a la persona que estaba puertas adentro conmigo). Ahora, si estás en pareja, ¿es o no es infidelidad?

Tomando como analogía los casos criminales en donde se juzga el grado de homicidio teniendo en cuenta de si hubo o no intención (“propósito o voluntad de hacer algo”), algunos podrían inclinarse a decir que hubo un quebrantamiento no deliberado del pacto de pareja y entonces… ¿Prisión? ¿Libertad condicional? ¿Absolución? Que cada uno decida y me avise. Voy a agregar los resultados de esta encuesta una vez que se expida el jurado. Ahora, a deliberar.