SOY PORNO

Una completa y veraz relación del horrendo fuego que se desencadenó en los pantalones del Papa, es probablemente el título más excéntrico de la literatura pornográfica de todos los tiempos. Escrita en 1713, esta obra no es la única que ostenta un nombre memorable. En los siglos XVII y XVIII se pusieron de moda los encabezamientos compuestos, entre ellos: De cómo descubrió recientemente el jardinero de un caballero una virginidad embrollada (digna construcción de Les Luthiers); La dulce adolescente: verdadera historia de la tremenda paliza a una hija y sus deliciosas aunque terribles consecuencias; y la obra oriental El océano de las iniquidades de monjes y monjas, uno que al cruzarlo enfría los pies de manera atonal (aunque todavía se debate si es exacto o no). Junto con estos libros hubo otros con nomenclaturas tal vez no tan notables, pero no por eso menos marketineras, como por ejemplo: La pequeña cueva de Merlín, Los secretos de la monja negra, Callejeo de medianoche, El turco libidinoso, Los placeres de un bastón y otros tantos que hoy podrían adornar los anaqueles de los ya fallecidos Blockbuster o simplemente los portales virtuales de descarga de películas pornográficas que no anunciaré aquí para no recibir cheques desde el extranjero (¿o debería?).

Sin embargo, la pornografía no nació con la literatura. Originalmente la palabra significaba “escribir sobre las prostitutas”, pero hoy lo “pornográfico” se utiliza para describir todo aquello que produce excitación sexual. Éste término es tan amplio e inabarcable, que hace que casi cualquier cosa pueda pertenecer al grupo, por ende pareciera más interesante rastrear sus orígenes y luego, caprichosamente, elegir una fecha para catalogar al mundo de porno y punto.

En la antigua Roma, aunque la pornografía estaba muy difundida, se circunscribía más que nada a las clases privilegiadas. En muchas casas las paredes estaban adornadas con frisos sensuales que exponían escenas orgiásticas; pero eran pocos los romanos que podían costear verdaderos frescos para decorar por completo sus moradas con retratos que hoy tu mamá te cubriría con pintura al primer vistazo. Para imaginarlos, hay que tener en cuenta que al lado de ellos, el famoso poster ochentoso de la tenista de espaldas (el que no lo recuerde o lo conozca, que por favor lo googlée de inmediato), es como una foto familiar en un álbum que descansa sobre la mesa del living para que ojeen los invitados. Los frescos manifestaban todo tipo de actividades sexuales explicitas y múltiples, con algunas posturas que aún se están intentando copiar en el “Instituto Alemán de mejoramiento del Kama Sutra, lugar que lamentablemente hasta hoy no he podido visitar (tal vez por eso debería nombrar los portales explícitos y esperar esos cheques en euros). “En los burdeles de Pompeya, las imágenes estaban pintadas en el exterior, a modo de reclamo y anuncio de lo que se ofrecía dentro; en las calles, a su vez, unos falos dibujados indicaban dónde encontrar la siguiente casa de mala nota”.

La semi democratización pornográfica vino recién en el siglo XVI con la invención de la imprenta en Europa. Sin embargo tuvo que esperar dos siglos más para poder alcanzar al hombre común, ya que en un principio era casi imposible crear imágenes detalladas utilizando planchas de madera. Según “Una breve historia de la pornografía”, en el siglo XVI la obra más famosa del género era los Sonetos lujuriosos de Pietro Aretino, ilustrados por Giulio Romano, que celebraban 16 posturas sexuales. Cuenta la historia que los dibujos fueron encargados por el mismísimo Papa León X, y que el libro tuvo tanto éxito que luego de peripecias de todo orden llegó a Francia adonde se agregaron 20 posturas más. Finalmente, en 1674 desembarcó en Oxford, lugar en el que los estudiantes de All Souls iniciaron su impresión en serie.

De allí en adelante la mayor parte del material del rubro pasó a ser literatura erótica, hasta la aparición de las ilustraciones coloreadas y de las revistas. Una de las más famosas fue la inglesa The Pearl, publicación de lecturas picarescas y voluptuosas. Una entrega mensual que entretuvo a lectores desde 1879 hasta 1886. Sin embargo, la verdadera democratización pornográfica tuvo que esperar a la aparición de la fotografía, que desató el estallido de las postales obscenas: baratas de conseguir, fáciles de esconder, y difíciles de olvidar. (¿En que película de época no encontramos a un adolescente con una caja de éstas tarjetas bajo su cama?)

Y entonces apareció el “mutoscopio”, conocido simpáticamente como “la “máquina de lo que vio el mayordomo”. Este aparato comprendía un tambor con 850 fotos que giraban alrededor de una bujía. Entre los títulos más divulgados estaban Cómo se desnuda la chica, La muchacha que trepa el manzano y Bridget desnuda sirve la ensalada. Unos años después, con el desarrollo de las películas, muchos clásicos del mutoscopio se convirtieron en los primeros filmes pornográficos.

Después de la Primera Guerra Mundial aparecieron libritos de pésima calidad que imitaban las publicaciones que tenían los franceses. A lo largo de la Segunda Guerra Mundial, las pin-up se exhibieron desnudas en las revistas conocidas como de “tetas y culos” y de allí en adelante, con la aparición de Playboy y su inolvidable número de Marilyn Monroe en 1953, todo ya es historia más o menos conocida... hasta tal vez el año 2010 en dónde apareció la primera revista pornográfica para ciegos. La publicación Tactile Minds cuesta 170 euros y fue inventada por una canadiense de nombre Lisa Murphy. Entre las 17 imágenes esculpidas, se encuentra la de una mujer con los pechos perfectos y la de un hombre denominado robot del amor. (Playboy tiene una edición en braille, pero las fotos no están en relieve por lo cual los no videntes nunca habían tenido la posibilidad de disfrutar del paquete entero).

Tal vez la verdadera democracia visual porno nos haya alcanzado recién hace un año, ¿pero quién la circunscribió sólo a lo visual? Desde los teléfonos 0800 hasta el espacio virtual, pasando por todo lo que te “produzca excitación sexual” la verdad es que hace tiempo y a lo lejos que habitamos un mundo porno... fuera de que te guste o no.